El número de beneficiados en el sistema de seguridad social
MI PRIMERA impresión sobre el tema que se anuncia en el título del presente artículo es que debíamos ser pragmáticos, antes de pretender avanzar políticas públicas disputadas o enfrascarnos en una batalla ideológica frontal, de la cual nunca saldríamos.
Mi primera opinión era considerar con pragmatismo que la República de Panamá, a diferencia de otros países con similares patrones socio-culturales, tiene índices de crecimiento demográfico muy bajos. Y que, por lo tanto, la variable demográfica no debiera ser una que incidiera profundamente sobre el re diseño del sistema de seguridad social panameño, pudiéndose aplicar la solidaridad del sistema a cuántos hijos tuvieren las familias (todos los beneficios para todos los beneficiados).
No obstante, noto en la propuesta que avanzo en el párrafo anterior, falta de solidez científica. En efecto, si aplicamos la solidaridad en el sentido laxo de ofrecer todos los beneficios del sistema a todos los hijos de los asegurados, sin consideración de las repercusiones económicas y actuariales y los costos que ello tendría sobre el equilibrio macro-económico del mismo, es muy probable que en pocos o más años, volvamos a tener déficit en alguno de los programas de la Caja de Seguro Social.
El otro extremo axiomático también es inaceptable. Todos conocemos la falta de desarrollo de adecuados sistemas de salud y educación entre la gente más pobre del país. Esa pobreza y falta de conocimiento son factores decisivos en el excesivo número de hijos entre los pobres. Establecer un límite draconiano de hijos que pudieran optar por el sistema de seguridad social y no proteger al resto de los hijos de la pareja, sería sencillamente penalizar la pobreza.
Caso distinto sería si viviéramos en un país con un sistema amplio de comunicaciones y sistemas de educación y salud realmente eficientes para quienes menos tienen. Mientras llegamos a esta meta, algo de solidario debe ser el sistema.
La consideración final que tenemos que abordar es que por años, en la República de Panamá, organizaciones no gubernamentales (ONG), como APLAFA y la propia Iglesia católica, vienen abordando el tema de la paternidad responsable con gran éxito, logrando hasta ahora, mantener neutral al Estado frente al tema ideológico de si debemos legislar para promover el control del crecimiento de la población.
Así es que la pregunta debe formularse desde la óptica de la sostenibilidad económica y actuarial del sistema y no desde la perspectiva de la promoción del control natal mediante la legislación del país. Pero, para evitar que el sistema de seguridad social se convierta en una herramienta ideológica del control de la natalidad, la pregunta no debe ser cuántos hijos deben ser aceptados como beneficiados razonablemente dentro del mismo. La pregunta que se impone es cómo concebimos al nuevo sistema de seguridad social panameño, desde las perspectivas económicas y actuariales, para que todos los hijos de los asegurados estén cubiertos por el sistema.
Determinar las cifras exactas en relación con la composición de las familias panameñas y el número de beneficiados que deben ser protegidos por el sistema, para que nadie se quede por fuera, debe ser labor de la Contraloría General de la República, de acuerdo con la nueva estructura económica y actuarial que se proponga para la Caja de Seguro Social.
Lo importante es determinar dónde la curva demográfica muestra un declive sustancial y tomar una decisión en concordancia con el nuevo modelo actuarial y económico de la Caja de Seguro Social. Y seguir constatando la disminución del problema demográfico en la medida en que ONG como APLAFA y la Iglesia católica mantengan su loable labor.
La investigación incluyó aspectos como autonomía, etnicidad, identidad cultural, religiosidad tradicional y moderna, lenguaje, educación, y otros.
Un centenar de dirigentes indígenas y científicos sociales latinoamericanos y europeos analizaron en la conferencia el estudio realizado en México, Panamá, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Brasil.
En América Latina, cuya población supera los 500 millones de habitantes, viven entre 40 y 50 millones de indígenas representados por unas 400 etnias y unas 5,000 lenguas.
Mi primera opinión era considerar con pragmatismo que la República de Panamá, a diferencia de otros países con similares patrones socio-culturales, tiene índices de crecimiento demográfico muy bajos. Y que, por lo tanto, la variable demográfica no debiera ser una que incidiera profundamente sobre el re diseño del sistema de seguridad social panameño, pudiéndose aplicar la solidaridad del sistema a cuántos hijos tuvieren las familias (todos los beneficios para todos los beneficiados).
No obstante, noto en la propuesta que avanzo en el párrafo anterior, falta de solidez científica. En efecto, si aplicamos la solidaridad en el sentido laxo de ofrecer todos los beneficios del sistema a todos los hijos de los asegurados, sin consideración de las repercusiones económicas y actuariales y los costos que ello tendría sobre el equilibrio macro-económico del mismo, es muy probable que en pocos o más años, volvamos a tener déficit en alguno de los programas de la Caja de Seguro Social.
El otro extremo axiomático también es inaceptable. Todos conocemos la falta de desarrollo de adecuados sistemas de salud y educación entre la gente más pobre del país. Esa pobreza y falta de conocimiento son factores decisivos en el excesivo número de hijos entre los pobres. Establecer un límite draconiano de hijos que pudieran optar por el sistema de seguridad social y no proteger al resto de los hijos de la pareja, sería sencillamente penalizar la pobreza.
Caso distinto sería si viviéramos en un país con un sistema amplio de comunicaciones y sistemas de educación y salud realmente eficientes para quienes menos tienen. Mientras llegamos a esta meta, algo de solidario debe ser el sistema.
La consideración final que tenemos que abordar es que por años, en la República de Panamá, organizaciones no gubernamentales (ONG), como APLAFA y la propia Iglesia católica, vienen abordando el tema de la paternidad responsable con gran éxito, logrando hasta ahora, mantener neutral al Estado frente al tema ideológico de si debemos legislar para promover el control del crecimiento de la población.
Así es que la pregunta debe formularse desde la óptica de la sostenibilidad económica y actuarial del sistema y no desde la perspectiva de la promoción del control natal mediante la legislación del país. Pero, para evitar que el sistema de seguridad social se convierta en una herramienta ideológica del control de la natalidad, la pregunta no debe ser cuántos hijos deben ser aceptados como beneficiados razonablemente dentro del mismo. La pregunta que se impone es cómo concebimos al nuevo sistema de seguridad social panameño, desde las perspectivas económicas y actuariales, para que todos los hijos de los asegurados estén cubiertos por el sistema.
Determinar las cifras exactas en relación con la composición de las familias panameñas y el número de beneficiados que deben ser protegidos por el sistema, para que nadie se quede por fuera, debe ser labor de la Contraloría General de la República, de acuerdo con la nueva estructura económica y actuarial que se proponga para la Caja de Seguro Social.
Lo importante es determinar dónde la curva demográfica muestra un declive sustancial y tomar una decisión en concordancia con el nuevo modelo actuarial y económico de la Caja de Seguro Social. Y seguir constatando la disminución del problema demográfico en la medida en que ONG como APLAFA y la Iglesia católica mantengan su loable labor.
La investigación incluyó aspectos como autonomía, etnicidad, identidad cultural, religiosidad tradicional y moderna, lenguaje, educación, y otros.
Un centenar de dirigentes indígenas y científicos sociales latinoamericanos y europeos analizaron en la conferencia el estudio realizado en México, Panamá, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Brasil.
En América Latina, cuya población supera los 500 millones de habitantes, viven entre 40 y 50 millones de indígenas representados por unas 400 etnias y unas 5,000 lenguas.