El número de legisladores
Había planeado dedicarme por un tiempo a mis quehaceres médicos y tomar un período de respiro estratégico de los asuntos políticos. Sin embargo, cuando leo y escucho en los medios de comunicación a mis colegas políticos referirse a la pobreza, la corrupción, la distribución de los ingresos y la nueva forma de hacer política, me siento molesto porque al final de la jornada veo que el balance de propuestas sobre estos temas es cero. En algunas ocasiones sólo hay quejas de un bando contra el otro, pero en el fondo hay un acuerdo tácito de no hacer nada que cambie el status quo.
Hay varios ejemplos de esas actitudes y en los próximos días me ocuparé de otros aspectos, pero hoy quiero dedicarme al tema del incremento en el número de legisladores en al Asamblea Legislativa. La Constitución Política de la República estipula que según los resultados de los Censos Nacionales, se irán haciendo los ajustes necesarios en cuanto al número de legisladores de la República. Ese es el ámbito constitucional y legal en que se han basado tanto el Tribunal Electoral como los partidos políticos para proponerle a la sociedad que hay que aumentar el número de legisladores.
Como dijo alguien una vez, la democracia no es el sistema político perfecto, pero de todos los que existen, sí es el mejor. El "rgano Legislativo es parte importante de la democracia y lucharía en contra de quien pretendiese abolir dicho órgano. Pero la práctica política me ha enseñado que tanto la realidad legal como la política deben ser siempre confrontadas con la eficacia de las instituciones y la percepción que de las mismas tiene la ciudadanía.
El ciudadano común de nuestro país tiene mala percepción de los políticos, los partidos políticos, los "rganos del Estado, de la empresa privada, de las asociaciones cívicas, etc. Esta situación de desconfianza de nuestra sociedad, donde la impresión es que no hay nadie decente y que no existe una sola persona que en realidad este preocupado por resolver los problemas nacionales es peligrosa cuando se asocia con una situación económica que está creando más pobreza, más desempleo, lo que a su vez trae inseguridad ciudadana, lo cual en asociación con la indefinición económica, la inseguridad jurídica estanca la inversión cerrando un círculo nefasto para todos nosotros.
La ciudadanía sabe que nuestra Asamblea no es de la más productiva en leyes efectivas y para colmo, cuando son efectivas nadie las cumple ni las hace cumplir. La ciudadanía también sabe que existen las partidas circuitales que están totalmente desprestigiadas, al pueblo le molesta que los legisladores pretendan cobrar unos salarios caídos por cerca del millón de balboas. La gente se pregunta por qué cada legislador tiene 2 suplentes y por qué cada uno de esos suplentes gana dos mil balboas mensuales trabajen o no. El panameño humilde no quiere saber de más contratos para sus asesores, de gasolina, pasajes y viajes al exterior, de derecho a la introducción de carros sin pagar impuestos anualmente, celulares, pasaporte diplomático para él y la familia, de nombramientos en la planilla estatal, de frecuencias de radio para ellos y que legalmente por influencia y poder político negocian contratos. Como políticos tenemos que entender que ya hay signo de hastío ante esta situación.
Con este panorama, en días atrás a todos los partidos políticos se les ocurre proponerle a la sociedad un aumento en el número de legisladores, cuando lo sensato es que ante la situación económica del país y la poca credibilidad que existe en cuanto a este órgano (los otros no escapan) propongan las modificaciones necesarias para reducir, dentro del marco constitucional, el número actual de legisladores y que este sea cónsono con nuestra realidad y no con las necesidades que vegetativamente nos va creando el ordenamiento constitucional. Me parece que al proponer un mayor número de legisladores se está abusando de la capacidad de tolerancia de un pueblo.
La meta no es ordenar ni reglamentar las partidas circuitales, la meta debe ser eliminarlas, ya que no importa lo que hagan, pues como las pongan, el pueblo no cree en ellas y las rechaza. Pero ese dinero junto con el ahorro en sueldo de los suplentes y el ahorro de mucho menos legisladores deben llegar de manera más racional y lógica a los más necesitados y el grupo social que más esta necesitando y es más vulnerable son los niños y con esos ahorros podemos dedicar más de 60 millones de balboas anuales para alimentar y educar, apenas nacen, a los 60,000 niños que anualmente ven la luz en el país y nos alcanzaría para educar a toda nuestra juventud.
A los miembros de mi partido les quiero decir que aprendamos de Omar, volvamos al ordenamiento torrijista, él no diseñó este tipo de Asamblea, es más, Omar, con mucha cautela, quizás para evitar los excesos de hoy, primero creó la Comisión Nacional de Legislación, cuyos miembros no pasaban de 20 y fue este reducido grupo de panameños los que crearon la estructura legal y política para el proceso por él iniciado y que cambió la estructura social del país con más educación, más infraestructuras e identidad nacional. Omar no vislumbró una Asamblea con partidas circuitales y tantos privilegios.
La representación que les otorga el votante a los legisladores no es la de la hoja de zinc, del bloque, el saco de cemento, la beca o el camino rural. Esa representación de las comunidades es para hacer leyes y discutir los asuntos nacionales y que de esas leyes y debates salgan soluciones para todos los panameños y no sólo para una parte de la población electoral cautiva en cada uno de los circuitos electorales, subvencionando con impuestos del pueblo panameño las reelecciones de muchos legisladores en detrimento del libre y equitativo juego democrático en las circunscripciones electorales.
Sé que algunos politiqueros dirán mil y una sandeces sobre mi manera de pensar, pero conceptúo que si vamos a erigirnos como los mandatarios elegidos por los pobres o si vamos a hablar de un nuevo estilo de hacer política y si somos banquero y sabemos donde está el fallo estructural, entonces se debe hablar con valentía sobre estos temas. El lenguaje en estos temas debe ser alto y claro. No nos hagamos cómplices de una situación desesperante y peligrosa. El evitar el tema por que afecta el futuro político personal y del partido además de cobardía política, es irresponsabilidad y si se es del PRD, el callar es negar la esencia del torrijismo. No tocar estos temas y otros de los cuales hablaré en un futuro es engañar a un pueblo. Muchos políticos estiman que este pueblo aguanta esto y mucho más, yo por el contrario estimo que el nivel de tolerancia del pueblo está en la escala 6.5, Richter.
Hay varios ejemplos de esas actitudes y en los próximos días me ocuparé de otros aspectos, pero hoy quiero dedicarme al tema del incremento en el número de legisladores en al Asamblea Legislativa. La Constitución Política de la República estipula que según los resultados de los Censos Nacionales, se irán haciendo los ajustes necesarios en cuanto al número de legisladores de la República. Ese es el ámbito constitucional y legal en que se han basado tanto el Tribunal Electoral como los partidos políticos para proponerle a la sociedad que hay que aumentar el número de legisladores.
Como dijo alguien una vez, la democracia no es el sistema político perfecto, pero de todos los que existen, sí es el mejor. El "rgano Legislativo es parte importante de la democracia y lucharía en contra de quien pretendiese abolir dicho órgano. Pero la práctica política me ha enseñado que tanto la realidad legal como la política deben ser siempre confrontadas con la eficacia de las instituciones y la percepción que de las mismas tiene la ciudadanía.
El ciudadano común de nuestro país tiene mala percepción de los políticos, los partidos políticos, los "rganos del Estado, de la empresa privada, de las asociaciones cívicas, etc. Esta situación de desconfianza de nuestra sociedad, donde la impresión es que no hay nadie decente y que no existe una sola persona que en realidad este preocupado por resolver los problemas nacionales es peligrosa cuando se asocia con una situación económica que está creando más pobreza, más desempleo, lo que a su vez trae inseguridad ciudadana, lo cual en asociación con la indefinición económica, la inseguridad jurídica estanca la inversión cerrando un círculo nefasto para todos nosotros.
La ciudadanía sabe que nuestra Asamblea no es de la más productiva en leyes efectivas y para colmo, cuando son efectivas nadie las cumple ni las hace cumplir. La ciudadanía también sabe que existen las partidas circuitales que están totalmente desprestigiadas, al pueblo le molesta que los legisladores pretendan cobrar unos salarios caídos por cerca del millón de balboas. La gente se pregunta por qué cada legislador tiene 2 suplentes y por qué cada uno de esos suplentes gana dos mil balboas mensuales trabajen o no. El panameño humilde no quiere saber de más contratos para sus asesores, de gasolina, pasajes y viajes al exterior, de derecho a la introducción de carros sin pagar impuestos anualmente, celulares, pasaporte diplomático para él y la familia, de nombramientos en la planilla estatal, de frecuencias de radio para ellos y que legalmente por influencia y poder político negocian contratos. Como políticos tenemos que entender que ya hay signo de hastío ante esta situación.
Con este panorama, en días atrás a todos los partidos políticos se les ocurre proponerle a la sociedad un aumento en el número de legisladores, cuando lo sensato es que ante la situación económica del país y la poca credibilidad que existe en cuanto a este órgano (los otros no escapan) propongan las modificaciones necesarias para reducir, dentro del marco constitucional, el número actual de legisladores y que este sea cónsono con nuestra realidad y no con las necesidades que vegetativamente nos va creando el ordenamiento constitucional. Me parece que al proponer un mayor número de legisladores se está abusando de la capacidad de tolerancia de un pueblo.
La meta no es ordenar ni reglamentar las partidas circuitales, la meta debe ser eliminarlas, ya que no importa lo que hagan, pues como las pongan, el pueblo no cree en ellas y las rechaza. Pero ese dinero junto con el ahorro en sueldo de los suplentes y el ahorro de mucho menos legisladores deben llegar de manera más racional y lógica a los más necesitados y el grupo social que más esta necesitando y es más vulnerable son los niños y con esos ahorros podemos dedicar más de 60 millones de balboas anuales para alimentar y educar, apenas nacen, a los 60,000 niños que anualmente ven la luz en el país y nos alcanzaría para educar a toda nuestra juventud.
A los miembros de mi partido les quiero decir que aprendamos de Omar, volvamos al ordenamiento torrijista, él no diseñó este tipo de Asamblea, es más, Omar, con mucha cautela, quizás para evitar los excesos de hoy, primero creó la Comisión Nacional de Legislación, cuyos miembros no pasaban de 20 y fue este reducido grupo de panameños los que crearon la estructura legal y política para el proceso por él iniciado y que cambió la estructura social del país con más educación, más infraestructuras e identidad nacional. Omar no vislumbró una Asamblea con partidas circuitales y tantos privilegios.
La representación que les otorga el votante a los legisladores no es la de la hoja de zinc, del bloque, el saco de cemento, la beca o el camino rural. Esa representación de las comunidades es para hacer leyes y discutir los asuntos nacionales y que de esas leyes y debates salgan soluciones para todos los panameños y no sólo para una parte de la población electoral cautiva en cada uno de los circuitos electorales, subvencionando con impuestos del pueblo panameño las reelecciones de muchos legisladores en detrimento del libre y equitativo juego democrático en las circunscripciones electorales.
Sé que algunos politiqueros dirán mil y una sandeces sobre mi manera de pensar, pero conceptúo que si vamos a erigirnos como los mandatarios elegidos por los pobres o si vamos a hablar de un nuevo estilo de hacer política y si somos banquero y sabemos donde está el fallo estructural, entonces se debe hablar con valentía sobre estos temas. El lenguaje en estos temas debe ser alto y claro. No nos hagamos cómplices de una situación desesperante y peligrosa. El evitar el tema por que afecta el futuro político personal y del partido además de cobardía política, es irresponsabilidad y si se es del PRD, el callar es negar la esencia del torrijismo. No tocar estos temas y otros de los cuales hablaré en un futuro es engañar a un pueblo. Muchos políticos estiman que este pueblo aguanta esto y mucho más, yo por el contrario estimo que el nivel de tolerancia del pueblo está en la escala 6.5, Richter.