El ocaso de la economía
H azel Henderson, parodiando a Fukuyama, ha titulado una de sus obras con el desafiante título "El fin de la Economía". Desde una visión sistémica, él examina con el rigor científico que caracteriza sus obras, la dinámica de una ciencia que, a su juicio, no ha hecho más que aferrarse al paradigma cartesiano y a la elegancia de los modelos newtonianos.
El referente científico de los siglos XVIII y XIX lo constituyó la Física tradicional, que obedeció al triunfo y dominio de la mecánica newtoniana que oronda por los notables aportes de Descartes, Newton y Bacon, pusieron en vilo a las demás ciencias que, envilecidas por los contundentes aportes del mecanicismo, buscaron refugio en la física como una forma de fortalecer sus indagaciones.
Con el correr de los siglos quedó demostrado que ninguna ciencia es definitiva y que el paradigma cartesiano tiene limitaciones para examinar con certeza los fenómenos relacionados con las ciencias sociales.
En este aspecto, resulta puntual tomar como ejemplo el papel de la economía actual, misma que no escapa a la perspectiva "fragmentaria y reduccionista que evidencia la mayoría de las ciencias sociales".
"Por lo general, los economistas tienden a olvidar que su ciencia no es más que un aspecto de toda una estructura ecológica y social, un sistema viviente formado de seres humanos que se relacionan continuamente entre sí y con los recursos naturales, que, a su vez, son también organismos vivientes", expresa sin tapujos el sistémico Frijot Capra.
Las visiones emergentes de Capra, no han perdido vigencia, se renuevan con el paso de los tiempos en un entorno de sugerente globalización neoliberal, donde los economistas se han quedado estancados en gráficas porcentuales y cuadros estadísticos, sin lograr resolver los problemas del desarrollo de la gente, y como sentenció Marx en una ocasión, más que resolver problemas solamente "los hacen ver como apologistas del sistema" .
Resulta curioso que cuando algunas voces aisladas de economistas han tratado de romper con los esquemas existentes, colegas y no colegas les han endilgado otra categoría.
La bibliografía llegada a nuestras manos, le sigue el rastro a economistas globales como Max Weber, uno de los críticos más severos del capitalismo del siglo XIX, al cual por su posición contraria a la economía pasiva se le perfiló como un "historiador económico"; John Kenneth Galbraith y Robert Heilbroner aparecen como sociólogos, mientras Keneth Boulding se le conoce como historiador.
El ejemplo más llamativo e impactante es el de Carlos Marx, mismo que se negaba a que lo llamasen economista; prefería que lo consideraran como "un crítico de la sociedad", afirmando que los "economistas no eran más que apologistas del orden capitalista existente".
La lupa de quienes se han ocupado de exigirle más a la Economía, en tanto ciencia que trata de la producción y distribución de la riqueza, han incluso llegado a predecir su desaparición.
La inquietud contraria a la pasividad de la Economía, fundamenta en parte su alegato en el abismo existente entre desarrollo y valores. La visión emergente expresa que la evolución de una sociedad, que incluye la evolución de su sistema económico, está vinculada a los cambios del sistema de valores que está en la base de sus manifestaciones.
Los valores que rigen la vida de una sociedad son los que determinarán su visión del mundo, sus instituciones religiosas, sus empresas científicas, su tecnología y sus acuerdos políticos y económicos. Una vez expresados y codificados, los valores y los objetivos de la comunidad constituirán la estructura de las percepciones e ideas de la sociedad, y también determinarán las innovaciones y las adaptaciones sociales que ésta realice.
De lo que se trata, en consecuencia, es de ponderar en su justa dimensión el papel de los valores en todas las ciencias sociales, y por supuesto en la economía. "No puede haber ninguna ciencia social que esté desprovista de valores".
*Vicepresidente de REDPA.
El referente científico de los siglos XVIII y XIX lo constituyó la Física tradicional, que obedeció al triunfo y dominio de la mecánica newtoniana que oronda por los notables aportes de Descartes, Newton y Bacon, pusieron en vilo a las demás ciencias que, envilecidas por los contundentes aportes del mecanicismo, buscaron refugio en la física como una forma de fortalecer sus indagaciones.
Con el correr de los siglos quedó demostrado que ninguna ciencia es definitiva y que el paradigma cartesiano tiene limitaciones para examinar con certeza los fenómenos relacionados con las ciencias sociales.
En este aspecto, resulta puntual tomar como ejemplo el papel de la economía actual, misma que no escapa a la perspectiva "fragmentaria y reduccionista que evidencia la mayoría de las ciencias sociales".
"Por lo general, los economistas tienden a olvidar que su ciencia no es más que un aspecto de toda una estructura ecológica y social, un sistema viviente formado de seres humanos que se relacionan continuamente entre sí y con los recursos naturales, que, a su vez, son también organismos vivientes", expresa sin tapujos el sistémico Frijot Capra.
Las visiones emergentes de Capra, no han perdido vigencia, se renuevan con el paso de los tiempos en un entorno de sugerente globalización neoliberal, donde los economistas se han quedado estancados en gráficas porcentuales y cuadros estadísticos, sin lograr resolver los problemas del desarrollo de la gente, y como sentenció Marx en una ocasión, más que resolver problemas solamente "los hacen ver como apologistas del sistema" .
Resulta curioso que cuando algunas voces aisladas de economistas han tratado de romper con los esquemas existentes, colegas y no colegas les han endilgado otra categoría.
La bibliografía llegada a nuestras manos, le sigue el rastro a economistas globales como Max Weber, uno de los críticos más severos del capitalismo del siglo XIX, al cual por su posición contraria a la economía pasiva se le perfiló como un "historiador económico"; John Kenneth Galbraith y Robert Heilbroner aparecen como sociólogos, mientras Keneth Boulding se le conoce como historiador.
El ejemplo más llamativo e impactante es el de Carlos Marx, mismo que se negaba a que lo llamasen economista; prefería que lo consideraran como "un crítico de la sociedad", afirmando que los "economistas no eran más que apologistas del orden capitalista existente".
La lupa de quienes se han ocupado de exigirle más a la Economía, en tanto ciencia que trata de la producción y distribución de la riqueza, han incluso llegado a predecir su desaparición.
La inquietud contraria a la pasividad de la Economía, fundamenta en parte su alegato en el abismo existente entre desarrollo y valores. La visión emergente expresa que la evolución de una sociedad, que incluye la evolución de su sistema económico, está vinculada a los cambios del sistema de valores que está en la base de sus manifestaciones.
Los valores que rigen la vida de una sociedad son los que determinarán su visión del mundo, sus instituciones religiosas, sus empresas científicas, su tecnología y sus acuerdos políticos y económicos. Una vez expresados y codificados, los valores y los objetivos de la comunidad constituirán la estructura de las percepciones e ideas de la sociedad, y también determinarán las innovaciones y las adaptaciones sociales que ésta realice.
De lo que se trata, en consecuencia, es de ponderar en su justa dimensión el papel de los valores en todas las ciencias sociales, y por supuesto en la economía. "No puede haber ninguna ciencia social que esté desprovista de valores".
*Vicepresidente de REDPA.