¿El ocaso de los dogmas?
Nadie en su sano juicio debería apostar por la validez universal de ningún dogma. Pero, la actual crisis financiera, cuyo desarrollo completo no hemos visto aún, no ha dejado mudos a los corifeos del libre mercado, pues la resistencia de los sectores más conservadores del Congreso a aprobar el Plan Propuesto por el Presidente Bush se fundaba en que buscaban una "alternativa de libre mercado".
El mercado, como todo mecanismo regulador, tiene sus límites, fuera de los cuales, es capaz de destruir las propias condiciones que lo han creado. Además de la falacia que conlleva el intento de explicar la realidad a partir de un solo principio, lo que molesta no es sólo que el Estado -en este caso, el norteamericano- saque $700 mil millones de las arcas públicas para comprar operaciones fraudulentas de ciertos "banksters", sino la impunidad que parece reinar en Wall Street. Falta de supervisión de la actividad crediticia por las autoridades estatales, entrega irresponsable de préstamos en forma masiva, especulación salvaje remunerada con honorarios fuera de este mundo, son algunos de los elementos que componen esta trágica farsa que ha colocado en grave riesgo la estabilidad financiera de millones de ahorristas en todo el mundo, junto con la de los Estados mismos.
Es paradójico que la única manera de salvar la economía de libre mercado sea una monumental intervención del Estado. Parece que llegó la hora en que nuevas instituciones de regulación y control de las finanzas entrarán en escena.