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El ojo de la aguja


No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.

Esos son cuatro de los nuevos pecados capitales anunciados hace unas semanas por la Santa Sede. Se suman a los tradicionales siete pecados lanzados por el Papa Gregorio I hace 15 siglos, a saber: La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, y que fueron plasmados después en la obra "La Divina Comedia" por Dante Alighieri .

El Vaticano optó por actualizar y modernizar el menú de pecados incluyendo a aquellos que cuya comisión van en contra de la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. "Pecado es violar la relación del hombre con Dios", afirmó el obispo franciscano Gianfranco Girotti responsable de explicar los nuevos pecados capitales.

El obispo sitúa el asunto al exponer que "Los pecados de la actualidad tienen una resonancia social además de una individual. Es más importante que nunca prestar atención a nuestros pecados".

Si nos ponemos a examinar nuestra realidad panameña, es fácil ubicar a los "nuevos" pecadores:

Todos los inversionistas privados nacionales e internacionales que están depredando o contaminando el ambiente directamente o indirectamente con obras de minería a cielo abierto, turismo, industrias contaminantes y otras. Los que buscan altas tasas de ganancia sin importarle el bienestar y calidad de vida de la gente. Los que especulan y manipulan el mercado a sus expensas.

Las autoridades nacionales y locales, que faltan a su deber de servicio a la comunidad permitiendo o facilitando que ocurra todo esto, o lesionando a través de la corrupción (que le cuesta a América Latina 24 mil millones de dólares por año) el bien común e incrementando la pobreza.

Los partidos políticos que no centran ni concentran su acción en atacar estos males, sino que en la práctica los perpetúan.

Las personas y los pueblos que pecan por omisión, indiferencia o complicidad y permiten que esto ocurra, al no convertimos en una ciudadanía activa dispuesta a cuestionar estos pecados sociales, auditar y vigilar, y actuar proponiendo la agenda de cambios necesarios cónsonos con las aspiraciones y necesidades del país.

Esperamos que pastores e iglesias asuman valientemente el abordaje de estos pecados sociales con la misma intensidad que se predica sobre los pecados tradicionales.

El obispo Girotti afirma que el 60% de los fieles ya no concurre a los confesionarios. Se trata, pues, no sólo de confesar pecados sociales, sino enmendarlos con participación y transparencia, a través del impulso decidido del desarrollo sostenible y equitativo, la integridad, y las políticas sociales efectivas contra la pobreza. Ojo con el ojo de la aguja.

raulleisr@hotmail.com

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