default

El opio del pueblo es esférico


Poco importa que podamos llenar Costa Rica sólo con nuestros parados, 4.166.613 personas con un presente y un futuro más que sombrío, que el conservador Partido Popular, aspirante a recuperar el poder a tenor de las encuestas, se encuentre enfangado en una trama de corrupción vergonzosa o que el Gobierno del socialista Zapatero lleve un año en un coma profundo.

Nada de eso parece despertar tantas pasiones como el clásico que enfrenta este sábado a Real Madrid y Barcelona. Desde el arranque de la semana, en los bares reina un único debate: ¿cómo parará el Madrid a Messi?

Antes que nada, admito mi madridismo. Llevo más de 27 años como socio de un club cuya única filosofía de vida es la victoria a cualquier precio, una máxima que nos cuesta un dineral cada temporada y que nos sume en una depresión apocalíptica cada vez que «palmamos» una Liga o nos eliminan de la Copa de Europa.

Aunque tripliquemos en el máximo trofeo europeo al Barça y el club catalán tenga hoy las mismas Ligas que el Madrid atesoraba en los 70 del siglo pasado, cada derrota nos deja al borde de una crisis existencial. La cosa es aún peor si al eterno rival le va bien. Y como el Barça está desde hace una temporada en el Olimpo del fútbol, nosotros andamos de loqueros.

Es justo reconocer que el juego de los de Guardiola es una delicia que enamora hasta a quienes detestan un deporte convertido en religión planetaria y cuyo nuevo «Messias» juega de azulgrana. No sólo juega él, claro está, están los Xavi, Iniesta, Puyol o Dani Alves. Como mosqueteros mecánicos, todos juegan para Messi y Messi para todos.

El choque promete, no hay más que ver la cantidad de líneas que llevo dedicadas a él. Ambos pelean por una de las ligas más disputadas de la historia. El Madrid lleva nada menos que 12 partidos consecutivos sin perder, a sólo dos de su propio récord– y el Barça roza la perfección absoluta.

El fútbol es pasión y como tal se desborda sin medida. Estoy seguro de que la clase política y gobernante está frotándose las manos. Por unos días se convierten en invisibles y nosotros andamos hipnotizados tras una pelota mientras nos suben los impuestos.

Es la semana perfecta para los departamentos de personal. –«Le agradecemos sus 20 años de servicio, pero debido a los ajustes motivados por la crisis internacional nos vemos obligados a prescindir de usted. Véalo por el lado positivo, es una oportunidad y, de paso, se va a poder tragar el Mundial completito. ¡Menuda suerte la suya!».

Y así, babeando, nos iremos todos para casa a ver el fútbol sin rechistar.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América