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El ordenamiento urbanístico en Panamá


A consecuencia del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia al establecer que la altura de las edificaciones se define con base al ancho de la servidumbre, de acuerdo a las disposiciones de una Ley de 1941, se ha generado una polémica al respecto, en parte por los inversionistas, profesionales de la arquitectura, que ven solamente el aspecto económico maximizando la rentabilidad, en detrimento del ambiente de la ciudad.
En este sentido debido a la actual situación, un tanto confusa, se hace propicia la oportunidad de profundizar en esta temática de establecer una normativa que permita en primera instancia velar por la preservación de los espacios abiertos, incrementar la vegetación, disminuir los impactos ambientales negativos y el "caos urbano presente".
El manejo del espacio urbano tal cual ha venido siendo intervenido, requiere de un nuevo enfoque, donde se plasmen los modelos de zonificación que se ajusten a las exigencias de una nueva estructura urbana de integrar naturaleza y ciudad, considerando todos los aspectos que hacen posible el ordenamiento territorial.
Es así que el estudio del urbanismo para el caso particular de la ciudad de Panamá es imperativo, dada la vinculación directa con la problemática actual.
El Ordenamiento de cualquier ciudad se impone para poder satisfacer las necesidades básicas que se requieren, a fin de normar para evitar el crecimiento desordenado.
Dada la gravedad de la actual situación de esta ciudad, se impone un estudio profundo de la problemática, a fin de encontrar las alternativas que beneficien la preservación de la calidad de vida de los que vivimos en esta urbe.

Los actuales parámetros de densidades y bonificaciones han hecho colapsar la infraestructura existente de barrios como Miraflores, Betania, San Francisco y por supuesto Punta Paitilla (antítesis de cualquier desarrollo urbano), donde la separación entre los edificios es de 6 metros, cuyas vistas (que se venden en los impresos publicitarios y revistas, distan de la fatídica realidad) que dan al exterior, son las salas, las recámaras del edificio vecino.
Qué ironía es vivir en este barrio que no ofrece una integración con el paisaje, el ambiente, y el dominio del espacio abierto entre las edificaciones.
Con la norma actual de densidades que rigen las alturas de las edificaciones, si tuviésemos que construir un edificio en un terreno similar donde se iba emplazar la Torre Generalli -a manera de ejemplo-, se tendría que construir ocupando todo el área del lote, en detrimento que paisaje urbano, sin los espacios abiertos públicos para la comunidad, fuera de la escala del contexto urbano, con 5 o 6 niveles de estacionamientos desde planta baja, eliminando toda vista de un ambiente con verdor, sin un retiro adecuado para crear una plaza de acuerdo a los planteamientos de Camille Sitte, para admirar la obra arquitectónica, negando la propia razón de la simbiosis ciudad-naturaleza.
De acuerdo a la norma, se diseñan edificios altos por lote regular, donde antes habían residencias, como en Obarrio, Marbella, Punta Paitilla, siendo el resultado edificaciones muy próximas, generando un espacio asfixiante-claustrofóbico.
Al establecer una nueva normativa que contemple al individuo como actor principal, se deberá rediseñar y ajustar los actuales parámetros que rigen la Norma de Desarrollo Urbano, para ordenar este caos y competencia de quién llega primero al cielo.
La "supuesta bonificación" pretendía aportar áreas verdes para el uso y contemplación del ciudadano; pero sucedió que se hicieron "áreas sociales en sus interiores", en detrimento de incorporar más espacio abierto a la ciudad; ahora estamos a tiempo de hacer los correctivos.

La nueva zonificación a proponer debe evaluarse de acuerdo al contexto existente en cada sector de la ciudad de Panamá -replicable a otros centros urbanos-.
En este sentido el arquitecto Oscar Niemeyer tuvo que romper los esquemas tradicionales para lograr la humanización del espacio donde habitamos, como en la zonificación propuesta en Grasse, Francia, donde planteaba que la solución en altura permite preservar el terreno no saturado, reduciendo el número de conjuntos habitacionales, y posteriormente aplicada en el desarrollo urbano de la Barra da Tijuca en Río de Janeiro, Brasil, donde se planificó un desarrollo de varios condominios de 34 pisos, de acuerdo al Plan Piloto del urbanista Lucio Costa.
Cada uno de estos condominios (edificios) están distanciados 40 metros entre sí para permitir la circulación y renovación del aire, creando áreas verdes, humanización del espacio, integración al medio natural, buena iluminación natural.
Este espacio entre los edificios posibilita la ampliación de las veredas, plazas, en contraposición a la norma actual de Desarrollo Urbano en Panamá, que al promover la construcción de altas edificaciones, no se considera el espacio adyacente, como parte integral del proyecto arquitectónico.
De acuerdo al Plan Piloto para la urbanización de la Barra de Tiljuca, los condominios tienen una altura correspondiente de cuatro (4) veces la mayor dimensión en Planta Baja, para unidades de 25 a 30 pisos. Ejemplo: si la distancia mayor en planta baja de un edificio es de 20 metros, la altura de esa edificación será de 80 metros, que se traduce en unos 27 pisos, y una separación de 40 metros entre cada uno.

Ofrece ahora la búsqueda de modelos y parámetros con un enfoque nuevo que sirva para establecer alturas máximas permisibles en ciertas avenidas como Vía España, Calle 50, Avenida Balboa, Vía Italia entre otras, para evitar el efecto de cerramiento, distorsión de la escala, permitiendo entonces la valoración del escenario, como las soluciones actuales que se están dando en Nueva York.
Ver casos interesantes en el centro de París, en el desarrollo de la Barra de Tijuca en Río de Janeiro, el desarrollo de Puerto Madero en Buenos Aires, con base a una zonificación especial, distinta a la que se aplica en el resto de Buenos Aires.
Ejemplo: una edificación de 50 pisos deberá estar dentro de un lote no menor a una (1) hectárea, o la anexión de cuatro lotes grandes, a fin de tener un espacio abierto, libre que sirva para la ciudad, sin que la bonificación perjudique el derecho público de caminar y recrearse de los ambientes, de los detalles, de las perspectivas escénicas, a través de un sistema articulado de veredas arborizadas como protección a la reflexión solar.
La situación actual permitirá ahora establecer el nuevo orden en materia urbanística de acuerdo a las exigencias y parámetros propios, donde el producto de la "bonificación" será para el área pública, se normará el distanciamiento entre las edificaciones.
Se deberá establecer un nuevo modelo de zonificación adecuada para la ciudad, en función del urbanismo, del paisajismo urbano, sin las arbitrariedades e imposiciones de los promotores (ellos no son diseñadores del espacio urbano), y sí en función del confort ambiental, de los espacios abiertos públicos.
En síntesis, lograr que la ciudad de Panamá evolucione con una nueva normativa que permita establecer modelos nuevos de zonificación, para permitir áreas residenciales de baja densidad, la cual no podrá ser incrementada, zonas de alta densidad, con lotes de mayor tamaño, para ubicar edificaciones altas y distanciadas adecuadamente entre sí.

El definir las alturas de las edificaciones, se puede considerar como base la relación de las medidas de la planta, usada para los condominios en el sector de la Barra da Tijuca.
Con relación al distanciamiento, se puede tener como base: por los 10 primeros pisos, 10 metros de separación, a partir de allí, por cada 10 pisos adicionales, se adicionarán 15 metros a los 10 metros iniciales en sentido horizontal. En síntesis, para un edificio de 30 pisos, distará de otros 40 metros de separación, caso Barra de Tijuca (10 más 15 más 15).
Dependerá del juicio objetivo y profesional, diseñar una normativa en función de los intereses de la ciudad, no en función de los intereses del promotor.

Hacer los correctivos es una tarea del Ministerio de Vivienda, en conjunto con el Colegio de Arquitectos, el IPAUR, las Escuelas de Arquitectura, arquitectos, urbanistas, paisajistas, en aras de proponer -a la sociedad- soluciones de habitabilidad, confort ambiental y espacios públicos para la ciudad, imprimiéndoles un toque de elegancia al paisaje urbano.

101 años de Panamá América

 
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