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El origen de los males educativos 


Por estas fechas, al igual que todos los años, la educación pública en Panamá sigue siendo el principal motivo de controversia a nivel nacional. Lo grave es que nada cambia, como no sea para agravarse. Esta vez, a escasas semanas del inicio del nuevo año escolar, los factores críticos son los mismos: Pésima infraestructura escolar, insuficiencia en los nombramientos docentes y sin acuerdos estratégicos para mejorar la calidad educativa entre la administración educativa y los gremios de maestros y profesores. Este último factor determina casi todos los actuales males del sistema donde, el actual ministro de Educación, Salvador Rodríguez, como todos los anteriores, se ha mostrado igualmente incapaz de conducirse políticamente y con fuerte liderazgo ante los insubordinados docentes.

Durante la historia reciente de la educación pública, el sistema se ha caracterizado por dos factores: por un lado, expansión y crecimiento de la matrícula estudiantil; y, en segundo lugar, por una formación académica endémicamente deficiente y masificada de los docentes, lo cual ha restringido el cumplimiento de los fines educativos y ha mermado sus responsabilidades profesionales.

En el 2009, el origen del estado actual de la problemática educativa no es sólo material sino moral y ético, pues el Ministerio de Educación y la burocracia que lo representa, además de los altaneros líderes gremiales, están enquistados en el sector y se revelan como un mal estructural. Aquí las promesas electorales de los candidatos resultan imposible de cumplirse ante el panorama que se describe.

Es evidente que el Ministerio de Educación y los dirigentes magisteriales están claramente vinculados a las redes políticas de presión que representan y de paso condenan a la educación a la inacción moribunda en la que se encuentra. ¿Habrá acaso que iniciar el Réquiem?

101 años de Panamá América

 
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