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El origen del caos social


Hace mucho Panamá entró en una decadencia en la que se van encontrando más dificultades para una convivencia social saludable. Vemos que nuestra calidad de vida disminuye; solo un sector privilegiado tiene la posibilidad de disfrutar, ya que representa al grupo que se beneficia del buen movimiento económico: una minoría con altísima capacidad de consumo. Ante este panorama las consecuencias son funestas, dado que las condiciones para el caos apuntan hacia una sostenida pérdida de la conciencia social y de los valores mínimos de convivencia, ante lo cual surgen procesos políticos anárquicos.
En ese sentido, traigo un concepto utilizado en sociología y psicología social, acuñado a finales del siglo XIX por el célebre sociólogo Emile Durkheim. Se trata de lo que este científico denominó como anomia, la cual es la carencia de normas o la incapacidad de la estructura social de proveer, a la mayoría de las personas, lo necesario para lograr las metas de la sociedad: salud, educación, bienestar, etc. Por ello, la desigualdad es un desencadenante de grandes dificultades sociales. 
La mayor presión de las consecuencias, por la desigualdad existente, del caos social se da en los grupos socioeconómicos más bajos, donde se aprecian con mayor crudeza conductas como: violencia social, crimen, suicidio, desórdenes mentales, alcoholismo, etc., pero no por ser pobre, sino porque son víctimas de la injusticia social que hace rehacer en ellos la dureza de la vida sin esperanza. Es un colapso de gobernabilidad por no poder controlar la emergente situación de alienación experimentada por un individuo, una subcultura, lo que provoca una desorganización que resulta en un comportamiento social caótico.
Según Robert K. Merton hay leyes que, al incumplirse, provocan Anomia:
Incapacidad de lograr los fines culturales como deseos y esperanzas de la gente porque se pierde la capacidad de planear libremente el futuro de la vida.
Carencia de normas que determinen los medios que permitan a las personas acceder igualitariamente a esas oportunidades.
Desigualdad en el reparto de estos medios.
La anomia es una disociación entre los objetivos sociales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios para alcanzarlos. La normas de regulación moral de la vida social quedan obsoletas porque no favorecen la solidaridad colectiva, por lo cual se da pérdida de la institucionalidad por falta de los referidos valores normativos, lo que va desde cambios en los usos y costumbres al extremo más grave de la falta de igualdad de oportunidades para avanzar hacia el logro de nuevos bienes culturales, económicos o sociales productos del desarrollo.
La anomia es la falta de normas que orientan el comportamiento social de los individuos. Carlos Nino, sociólogo argentino, en su obra Un País al Margen de la Ley, señala algunas conductas observables en una sociedad anómica: la forma en que se transita por los espacios públicos (a pie o en carro), cómo se les cuida, la naturalidad con que se evaden las responsabilidades cívicas (pago de impuestos), la forma en que se contamina el ambiente, la extensión de la corrupción, etc., manifestaciones de una sociedad de la ilegalidad, entendida como falta de respeto a las normas; este mecanismo patológico social opera por sí mismo en la generación de baja eficiencia y productividad.
Todo ello se nota en tres grandes tipos de ilegalidad:
a) La justificación por parte de los individuos, que encuentran adecuado a sus intereses no acatar la ley porque otros tampoco lo hacen, sobre todo cuando se trata de personas ligadas al poder político.
b) La correspondiente a la ocurrencia de un conflicto social, que impulsa a un sector a desconocer la legitimidad de la autoridad que dicta las leyes de la sociedad.
c) Aquella a la que llama anomia boba, que surge de situaciones en las que todos son perjudicados, y nadie cumple con nada, se trata del caos total.
Al reflexionar sobre estas ideas y la realidad de nuestro país, podemos darnos cuenta de que nos acercamos de forma peligrosa a una situación de crisis social, la cual solo se puede afrontar ofreciendo mayores condiciones de igualdad para las personas; no la igualdad retórica, sino la que se traduce en buena educación, salud, justicia, empleos dignos, acceso a las oportunidades de manera natural y sin traumas, como los que hoy se experimentan, en lo que podría llamarse la Sociedad de la Incertidumbre.

101 años de Panamá América

 
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