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El otro 11 de septiembre


Hace dos años el mundo se estremeció con la noticia de que el centro mundial del comercio y dos de los edificios más altos del planeta, situados en Nueva York, fueron atacados cobardemente por anónimos, cuyos rostros se desconocen con certeza hasta la fecha, provocando la muerte de más de 4,000 personas de diversas nacionalidades, la mayoría estadounidenses, como es de suponer.
Esta triste historia dio la vuelta al mundo en cuestión de segundos gracias a la tecnología de las comunicaciones y ha perdurado en las mentes de millones de personas durante estos dos años. Las estrategias de mercadeo han impedido que ese desastre sea olvidado. El gobierno de Estados Unidos desató una guerra mundial contra los que ellos llaman terroristas; guerra "por la libertad" que está lejos de terminar, según declaran su más conspicuos personeros.
Es común escuchar y leer que "el mundo ya no es el mismo desde el ataque a la Torres Gemelas de Nueva York", refiriéndose a la afectación económica en los Estados Unidos y en el mundo, y todo ello debido al ataque descrito; por lo que el 11 de septiembre ha pasado a ser una fecha de luto en la nación estadounidense y en muchos otros lugares del orbe, donde se organizan misas de carácter oficial y privadas y se realizan múltiples actos de recordación a las víctimas de este atentado terrorista. Sin embargo, muy poco se hace en los medios de comunicación masivos para recordar que hace 30 años, el 11 de septiembre de 1973, un gobierno latinoamericano legítimamente electo por la voluntad de la mayoría del pueblo, fue asaltado al socaire de cañones, aviones y tanquetas, derribado a sangre y fuego; asesinado su presidente y sus más destacados dirigentes, iniciándose así la larga noche negra del Chile de la Unidad Popular y del presidente mártir, Salvador Allende, quien defendió con su vida el mandato del pueblo.
Durante los siguientes 20 años se instaló en ese país la más feroz dictadura militar de América Latina, asesinando o "desapareciendo" a más de 50,000 personas y obligando al exilio a más de 100,000, sin distinguir nacionalidad, tal como ocurrió con el ataque a las torres en Nueva York.
Quizás ese 11 de septiembre no venda hoy publicidad ni noticias, salvo cuando se trata de que hombres valientes y honorables como Baltasar Garzón se atreven a enjuiciar al verdugo y asesino de lesa humanidad Augusto Pinochet, pero los muertos y exilados chilenos, así como patriotas latinoamericanos no pueden sentir menos dolor por el cerco de silencio histórico en el que se les quiere encerrar. Esos hechos no los puede ocultar ni sustituir ninguna estrategia de mercadeo ni los lamentables sucesos del ataque a las Torres Gemelas.
Tan cobardes, asesinos y merecedores del repudio mundial son los que perpetraron el ataque y la muerte de los inocentes que estaban en las torres en Nueva York, como los que financiaron, promovieron y ejecutaron el asalto al Palacio de la Moneda en Santiago de Chile el 11 de septiembre de 1973; y peor calidad de seres humanos son aquellos que estiraron con apoyo, reconocimiento oficial y de todo tipo, la larga noche de sufrimiento y horror del pueblo chileno.
Se ha dicho que Chile es el milagro económico del neoliberalismo en Latinoamérica, pero no se dice que las reformas económicas se hicieron durante la dictadura, donde protestar era firmar una sentencia de muerte. Tampoco se ha dicho que hoy, en democracia, el milagro da muestras de no ser tan sólido.
No creo que este artículo opaque (ni es la intención) la conmemoración del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, pero seguramente logrará inquietar a algún joven que cuestionará acerca de ese otro 11 de septiembre, bastante desconocido por falta de conmemoración publicitaria. Creí mi deber publicarlo con ese objetivo y como una forma de homenajear la memoria de dos grandes panameños, maestros y profundamente solidarios con el pueblo chileno, que acaban de partir a la eternidad: Simeón Emilio González y Antonella Ponce.
Creo necesario parafrasear a Víctor Jara diciendo: Si molesto con mi letra a alguien que ande por allí, de seguro que es un neoliberal "bushómano", o un dueño de este país.

101 años de Panamá América

 
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