El pacto de la transparencia
Siempre que el gobierno de turno en Panamá necesita cubrirse de solemne imparcialidad, de independencia inobjetable, sube al escenario político, Stanley Muschett, Rector de la Universidad Santa María La Antigua y presidente de la Comisión de Justicia y Paz.
En esta ocasión Muschett, con su empaque de banquero y burócrata bien alimentado, se hizo cargo de montar uno de los sainetes de una campaña enferma de ficción, en la que cada cual defiende o compra acciones para los próximos cinco años, ya con el país sin el paraguas del Pentágono que ha protegido tradicionalmente la franja canalera.
Muschett se ha encargado de que una Comisión de Etica aprobada por todos los partidos y los medios de comunicación, garantice la transparencia de las próximas elecciones presidenciales de 1999, y tenga entre sus responsabilidades no permitir que el gobierno de turno utilice los recursos del Estado para favorecer a partido o candidato alguno, respetar la independencia del Tribunal Electoral y no ejercer presiones ni intimidaciones a sus opositores.
Los tres "compromisos" formaron parte de la estrategia reeleccionista en marcha.
1ero. Don Ernesto Pérez viene utilizando recursos estatales para sus paseos turísticos desde el mismo día que asumió -en mala hora- la Jefatura del Poder Ejecutivo y no va a quitarse esa mala costumbre. Sus bravuconadas, derroches de prepotencia y desprecio por los obreros y campesinos, hicieron posible su alianza bochornosa con la oligarquía, fomentando un monopolio de los tres canales de televisión más importantes del país.
2do. El respeto al Tribunal Electoral es otro corto animado de "Tom and Jerry" para regocijar a los que están hastiados de tanta simulación y tanta palabrería de veranillo. El trío de magistrados de ese tribunal se plegó al plan reeleccionario cuando Pérez B., obligó a renunciar a Guillermo Márquez y lo reemplazó por Erasmo Pinilla.
3ero. "No ejercer presiones ni intimidaciones a sus opositores": El Toro no sólo intimida a los independientes y opositores (no hemos olvidado el "paseíto" de hace más de un año desde la estafeta de El Dorado hasta el semáforo de Fort Clayton).
El Toro arrincona, aplasta o elimina políticamente a sus propios copartidarios. Remember al bocatoreño Mario Miller. Remember al peruano Gustavo Gorriti del diario "La Prensa".
Este pacto ético es otra artimaña del fraude técnico. El primero fue infiltrar en los cuadros arnulfistas al inocuo Alberto Vallarino para dividir las fuerzas opositoras. Ahora viene el pacto ético, con Stanley Muschett de gran componedor y el próximo será reclutar a cuanto partidillo ande a la caza en efectivo para sus gastos de campaña, de tal manera que el montón de partidillos proyecte antes del acto electoral, una coalición poderosa e imbatible. Si estuvieran seguros de ganar no gastarían ni tiempo ni plata en semejantes triquiñuelas, trucos propios del jugador que se siente perdido y trata de aparentar que tiene muchos ases en la mano.
La impopularidad de Fujimori, en Perú, es un reto muy complejo para su alter ego, el Mayor Vladimiro Montesinos. El descontento de los militares jóvenes que se resisten a que los utilicen en actos represivos que siempre culminan con un balance sangriento, va creciendo. Es falso que la violencia y las guerrillas hayan sido extirpadas del Perú. El autoritarismo de Fujimori y su clan de viejos militares corruptos, estimulan la subversión juvenil.
En Brasil, Fernando Enrique Cardoso emplea el soborno. La convención nacional del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, evidenció la infiltración de uniformados que golpearon a los delegados opuestos a la reelección de Cardoso para garantizar su postulación por el PMDB.
Dinero y coacción, cuando no insultos de Mitchel Doens, el más nefasto ex-ministro del Trabajo en la historia de Panamá, quien le recordó a la candidata del arnulfismo Unico, Mireya Moscoso, que haga "docencia política".
Quien necesita aprender a respetar la verdad, a no emplear las palabras para disfrazar sus patrañas, es el ex ministro de Trabajo Doens, miembro de la élite del gabinete de los intocables.
Un gobierno de inamovibles y obstinados en el disfrute de sus prebendas, no puede garantizar ningún tipo de transparencia.
Que apunten las corrientes de nuevos movimientos independientes, encabezados por verdaderas dirigentes femeninas, y verán cómo se manifiesta y se fortalece la mentalidad del cambio raigal en las masas latinoamericanas.
Panamá no escapa a ese nuevo pensamiento, cambio sin violencia, pero también sin reelección. Esa no puede resultar la receta eficaz para más de 300 millones de latinoamericanos que han nacido y vivido bajo el signo de la penuria, de la anemia, de las epidemias. Los índices de salud registrados por la Organización Panamericana y la Mundial de la Salud, revelan con dramática elocuencia que somos una sociedad enferma, a la cual, en lugar de alternativas se le impone el corsé de hierro de la reelección.
No hay más camino que el de ¡Mireya Presidente!
En esta ocasión Muschett, con su empaque de banquero y burócrata bien alimentado, se hizo cargo de montar uno de los sainetes de una campaña enferma de ficción, en la que cada cual defiende o compra acciones para los próximos cinco años, ya con el país sin el paraguas del Pentágono que ha protegido tradicionalmente la franja canalera.
Muschett se ha encargado de que una Comisión de Etica aprobada por todos los partidos y los medios de comunicación, garantice la transparencia de las próximas elecciones presidenciales de 1999, y tenga entre sus responsabilidades no permitir que el gobierno de turno utilice los recursos del Estado para favorecer a partido o candidato alguno, respetar la independencia del Tribunal Electoral y no ejercer presiones ni intimidaciones a sus opositores.
Los tres "compromisos" formaron parte de la estrategia reeleccionista en marcha.
1ero. Don Ernesto Pérez viene utilizando recursos estatales para sus paseos turísticos desde el mismo día que asumió -en mala hora- la Jefatura del Poder Ejecutivo y no va a quitarse esa mala costumbre. Sus bravuconadas, derroches de prepotencia y desprecio por los obreros y campesinos, hicieron posible su alianza bochornosa con la oligarquía, fomentando un monopolio de los tres canales de televisión más importantes del país.
2do. El respeto al Tribunal Electoral es otro corto animado de "Tom and Jerry" para regocijar a los que están hastiados de tanta simulación y tanta palabrería de veranillo. El trío de magistrados de ese tribunal se plegó al plan reeleccionario cuando Pérez B., obligó a renunciar a Guillermo Márquez y lo reemplazó por Erasmo Pinilla.
3ero. "No ejercer presiones ni intimidaciones a sus opositores": El Toro no sólo intimida a los independientes y opositores (no hemos olvidado el "paseíto" de hace más de un año desde la estafeta de El Dorado hasta el semáforo de Fort Clayton).
El Toro arrincona, aplasta o elimina políticamente a sus propios copartidarios. Remember al bocatoreño Mario Miller. Remember al peruano Gustavo Gorriti del diario "La Prensa".
Este pacto ético es otra artimaña del fraude técnico. El primero fue infiltrar en los cuadros arnulfistas al inocuo Alberto Vallarino para dividir las fuerzas opositoras. Ahora viene el pacto ético, con Stanley Muschett de gran componedor y el próximo será reclutar a cuanto partidillo ande a la caza en efectivo para sus gastos de campaña, de tal manera que el montón de partidillos proyecte antes del acto electoral, una coalición poderosa e imbatible. Si estuvieran seguros de ganar no gastarían ni tiempo ni plata en semejantes triquiñuelas, trucos propios del jugador que se siente perdido y trata de aparentar que tiene muchos ases en la mano.
La impopularidad de Fujimori, en Perú, es un reto muy complejo para su alter ego, el Mayor Vladimiro Montesinos. El descontento de los militares jóvenes que se resisten a que los utilicen en actos represivos que siempre culminan con un balance sangriento, va creciendo. Es falso que la violencia y las guerrillas hayan sido extirpadas del Perú. El autoritarismo de Fujimori y su clan de viejos militares corruptos, estimulan la subversión juvenil.
En Brasil, Fernando Enrique Cardoso emplea el soborno. La convención nacional del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, evidenció la infiltración de uniformados que golpearon a los delegados opuestos a la reelección de Cardoso para garantizar su postulación por el PMDB.
Dinero y coacción, cuando no insultos de Mitchel Doens, el más nefasto ex-ministro del Trabajo en la historia de Panamá, quien le recordó a la candidata del arnulfismo Unico, Mireya Moscoso, que haga "docencia política".
Quien necesita aprender a respetar la verdad, a no emplear las palabras para disfrazar sus patrañas, es el ex ministro de Trabajo Doens, miembro de la élite del gabinete de los intocables.
Un gobierno de inamovibles y obstinados en el disfrute de sus prebendas, no puede garantizar ningún tipo de transparencia.
Que apunten las corrientes de nuevos movimientos independientes, encabezados por verdaderas dirigentes femeninas, y verán cómo se manifiesta y se fortalece la mentalidad del cambio raigal en las masas latinoamericanas.
Panamá no escapa a ese nuevo pensamiento, cambio sin violencia, pero también sin reelección. Esa no puede resultar la receta eficaz para más de 300 millones de latinoamericanos que han nacido y vivido bajo el signo de la penuria, de la anemia, de las epidemias. Los índices de salud registrados por la Organización Panamericana y la Mundial de la Salud, revelan con dramática elocuencia que somos una sociedad enferma, a la cual, en lugar de alternativas se le impone el corsé de hierro de la reelección.
No hay más camino que el de ¡Mireya Presidente!