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El país de las maravillas


Con sólo escuchar a Hugo Chávez hablando de todo lo que ha hecho su régimen en Venezuela, le dan a uno tremendas ganas de vender todo lo que tiene e irse a vivir a Venezuela. ¿Qué no se graduó de la escuela? No hay problema; la Misión "Tal" le da su título de bachiller. ¿Qué no pudo graduarse de la universidad? No hay problema; la Misión "Cual" le da su título universitario. ¿Qué no tiene dónde vivir? No hay problema; el gobierno lo invita a que se mude a un edificio nuevito, que aún no ha sido ocupado. No importa que el edificio sea de un inversionista privado y que éste haya ya vendido los apartamentos a otras personas, esas son preocupaciones pequeñoburguesas, ¡usted múdese y ya! En el "país de las maravillas" de Chávez no hay problema que no se pueda resolver con un buen discurso. ¿Está pasando hambre? No hay problema; el Presidente se disparará un discurso de cuatro horas entre las 10: 00 a.m. y las 2: 00 p.m., ya para esa hora se le debe haber quitado el hambre. ¿Qué no puede conciliar el sueño? No hay problema, el Presidente hablará sin parar hasta que el más plantado quede inconsciente en su silla.
El verdadero problema es que la gente no vende todo para irse a vivir a Venezuela, sino que decenas de miles de venezolanos están haciendo lo contrario. El problema es que las expropiaciones de tierras y empresas ahuyentan la inversión y por ende el empleo. El problema es que, a pesar de la bonanza petrolera, los niveles de pobreza en Venezuela han aumentado. El problema es que, a pesar de varios ejercicios electorales, que la oposición ha denunciado como irregulares, la libertad no se afinca, sino que se asfixia en Venezuela. El problema es que ese "país de las maravillas" sólo existe en los eternos, huecos y demagógicos discursos de Chávez.
Los expertos advierten del peligro de no tener víctimas de "neofilia" y se preguntan: "Qué pasaría si en las sociedades desarrolladas la gente usara los coches hasta que se rompieran o la ropa hasta que se cayera a trozos?". La respuesta la tienen en parte los ancianos japoneses que vivieron la miseria del país destruido durante la Segunda Guerra mundial y que lamentan que sus nietos desconozcan el encanto de reciclar.

101 años de Panamá América

 
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