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El país de los promedios mentirosos



Éste es el país donde los promedios nacionales sobre el desempeño de la economía, la salud o la educación son un monumento a la mentira. Enmascaran la realidad de miseria y exclusión que viven más de un millón de panameños y panameñas de todas las edades.
Si miramos las cifras ingenuamente, el ingreso per cápita, la expectativa de vida y los años de escolaridad que ha alcanzado el país son superiores a los de la mayoría de nuestros vecinos, y nos colocan en la posición de ser un país de desarrollo humano medio alto. El problema está en que esos indicadores se refieren al país como promedio y ocultan que los hombres y las mujeres en el Darién vivirán como promedio doce años menos que los hombres y las mujeres de Panamá. La desnutrición causa destrozos en nueve de cada diez niños indígenas, que representan cerca de un 10 por ciento de la niñez panameña.
El Informe Anual de Desarrollo Humano, que produce un equipo técnico de alto nivel de Naciones Unidas, nos dice que Panamá es apenas el segundo país con la peor distribución de la riqueza, solo después de Haití. En materia de disparidades sociales, estamos aun peor que Brasil y Guatemala, países que hasta hace poco se llevaban las posiciones cimeras en la tabla de desigualdades. Pues bien, éste es el problema trágico de Panamá: la riqueza no fluye libremente por la geografía y demografía nuestras.
Hay que mirar las cosas descarnadamente: en este país hay gente que vive como si estuviera en Suecia, y a su lado, hay otros que tienen la misma calidad de vida de los habitantes de la República del Congo. El Estado y la sociedad tienen que actuar conjunta y concertadamente para comenzar a cerrar la dolorosa herida de la desigualdad.
Ojalá que el Plan Nacional de Desarrollo sea la ocasión propicia para hablar de este problema sin tapujos, y comenzar a darle soluciones a un problema que la democracia sola no puede resolver, pero que afecta gravemente su sustentabilidad. Nuestro compromiso democrático como nación nos debe llevar a priorizar el acuciante problema de las disparidades sociales.

101 años de Panamá América

 
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