El país... ¡qué lindo es mi país!
Me levanté con menos ánimo ese domingo. De tanta costumbre de hablar tonterías, la garganta me lo cobró con una afonía intensa, que me obligó a concederle a mi señora el liderazgo de la oratoria en casa. Comencé a practicar la comunicación por papelitos, dándome cuenta que tiene sus dificultades, porque con la cadencia de ráfagas con la cual hablamos, podríamos gastar una resma cada 3 horas, y el cheque de jubilado no rinde para tanto, y no estábamos en condiciones de aspirar, por déficit académicos, al cargo de magistrado de la Corte, a pesar de que doña Maigualida, igual que doña Ana Mae, saben que las pensiones no alcanzan, y que diez mil tucos no le caen nada mal, ni a Cuchungo ni a nosotros. Busqué los requisitos para administrar la ARI, y tampoco calificaba; entonces pensé, pero bien en secreto, que tal vez la única posibilidad era dar otro golpe de Estado, pero me di cuenta que no tenía ningún acceso posible al comandante Barés, y además si se lo proponía y él llegaba a aceptarlo, tenía que ponerme detrás de su persona. Quise rebuscarme cobrando las boletas, como hacen muchos tongos del tránsito, a falta de estímulos apropiados, o por pura sinvergüenzura, y pude palpar bien profundamente aquel dicho del gran maestro hindú, discípulo del gran gurú Rebuscana, el lema que dice "tongo botao, boleta no resultao", que se extrajo de enseñanzas del sánscrito, que nos llegaron de los vedas, por intermedio de los videntes. (¿se la sabían?).
Entonces abrí los periódicos y me volvió el alma al cuerpo: allí estaba el país, ¡qué lindo es mi país!... Nuestro excanciller perpetuo Jorge Ritter nos explicaba que Don Winny no puede caer en la trampa patriótica de Ricardo Arias Calderón (¡gran perfidia maquiavélica, o más bien Ricardiérica!) de aceptar que Panamá se convierta en país neutral, por razones como las siguientes:
1-Para ser neutral, tenemos que actuar como los carros cuando están en idem. Con lo cual no podemos echar para adelantar, ni para atrás, ni para los lados. Solamente quedamos parados en el medio, con la palanca también en el medio. Y por ende, el carro nuestro no podría mostrarse al mundo, sino cuando el mundo viene a ver el carro.
2-Si somos neutrales, no podemos llamar a los gringos si hay la amenaza de una bomba en el Canal y si los vigilantes de las compañías de seguridad que tiene el alemán zubieta, son desbordados por los comandos palestinos, aún después de ser reforzados por la "uesats de las esepeís"; y están a punto de ser dinamitadas las esclusas. Como estaríamos entonces bajo el paraguas de la ONU, según don Ricardo, y abandonaríamos el del pentágono, tendríamos que llamar a alguien con palanca en la ONU, y el que tiene más palanca que es Jorge Illueca, se ha vuelto difícil y terco, por lo cual podría salirse con una grosería diplomática, o hacer un llamado a las armas nacionales del Frente Patriótico, sin acordarse que ya casi todo son ángeles de Dios.
3-Ritter nos recordaba también que si en el país neutral ocurre un desastre que sobre pase el SINAPROC, tampoco podemos llamar helicópteros gringos parra que lleven ayuda a las áreas sinestriadas (¿se dice así?). Entonces habría que optar por Aquilino Boyd, para que se vaya en el avión presidencial (¡que tanto le gusta!) a buscar helicópteros de la ONU, que normalmente están ocupados en Bosnia, Chechenia y Africa, o que nos den un cheque para alquilarle un par a Colombia o a Costa Rica, y con lo mala paga que es la señora ONU en el comercio internacional, cuando lleguen los cheques y los aparatos, ya los siniestriados se ayudaron solos, ocupando unas tierras de Fito Duque en Chepo.
4-Por último, y más preocupante, que no lo dijo Ritter, es que si nos declaramos neutral, el nuevo presidente Jorgito (también) Bush, digno hijo del otro, el ex-amigo de MABN que luego se le volteó, podría no sólo invadirnos y "liberar" el canal neutral, sino ordenar la eliminación del dólar, del todo y del cuajo, porque diría: "Si ser verdad que los panameños querer ser soberanos y ser libres, entonces que inventen ellos su dólar propio"... Y entonces tendríamos que pedirle al amigo hebreo que mandó a hacer los chocolates presidenciales, a que mande a imprimir rápido bal-dólares nacionales, que no tiene que ver con los libros del baldor o valdor, sino con billetes mitad balboas y mitad dólares. Y frente a ese problema del dólar se unen todas las bancadas de la asamblea, y todas las directivas de partidos, y hasta el padre guerrillero Conrado Sanjur, y se declararían en sesión permanente, diciendo, más o menos como siempre dos cosas: El diálogo en privado de todos los grupos y tendencias sería así:
--Ta fregao que nos vayan a quitar los sueldos y las canonjías en dólares, y nos vayan a pagar con bal-dólares devaluados que no valdrían ni en las tiendas de los ticos en Paso de Canoas, y que además meterían en problemas a Chapman y a nuestros economistas al momento de calcular el producto interno ¡bruto!. De manera que aunque tengamos que hablar por Domplín diciendo como antes, ¡Patria o Nunciatura, Venceremos!... Ese lenguaje, por supuesto, será el de exportación política, para quedar bien con las legiones organizadas y compactas del FER. Pero el lenguaje privado, el de verdad, el del Pacto de La Pintada, el que nos ofreció los Cartier, será así:
--Es necesario mandarle a decir a Bushito, el nuevo jefe grande, que nosotros como políticos sabemos bien lo que es bushitear en las campañas electorales, y así como borracho no vale, palabras en campaña tampoco. Y para que nos crea que somos sinceros con él, le mandaremos a Bushito a nuestro Bush, el Colombuay, para que hablen de Bush a Bush, y se bushiteen, mutuamente, que ellos son blancos y se entienden.
En esos temas tan coherentes pensaba ese domingo, analizando los adjetivos de la Conferencia Episcopal, sobre "el escándalo de la miseria panameña", y las palabras 24 horas después del padre Guardia, que aunque no puede hablar por la Conferencia Episcopal, representa más o menos el secretariado permanente Jesuíta en mi país, y la regañada pública que le dirigió a nuestra Presidenta, que consistió más o menos en lo siguiente: ¿Cómo justifica usted regalarle a 70 tipos y tipas en un escandaloso sobrepeso, cargado de colesteroles de los malos, que lo que debieran todos juntos en donarle dos tercios de sus raciones diarias a los damnificados permanentes de Chorrillo, esa cantidad de unos doscientos mil dólares en Cartieres, que ni le pueden quedar en sus pulsos, porque esos relojes los hacen para franceses flacos, y ellos, nuestros legisladores del país, los van a tener que usar pronto de sortijas en el dedo gordo, del pie o de la mano. Con esa suma, se hubiesen podido hacer tantas cosas. Para las necesidades de los pobres, o para comprar más campanas de lujo, como las ofrecidas a una iglesia.
Tenso por tantas preocupaciones indigestibles, preferí pasar a otro tema, pero lo positivo fue que al meterme en tantas cosas de mi país se me olvidó mi propio dolor de garganta. ¡Claro, sin las compensaciones de embajador que tuvo Aristides Royo. Y comencé a cantar aquella canción: "Mi país, qué lindo es mi país"...
Entonces abrí los periódicos y me volvió el alma al cuerpo: allí estaba el país, ¡qué lindo es mi país!... Nuestro excanciller perpetuo Jorge Ritter nos explicaba que Don Winny no puede caer en la trampa patriótica de Ricardo Arias Calderón (¡gran perfidia maquiavélica, o más bien Ricardiérica!) de aceptar que Panamá se convierta en país neutral, por razones como las siguientes:
1-Para ser neutral, tenemos que actuar como los carros cuando están en idem. Con lo cual no podemos echar para adelantar, ni para atrás, ni para los lados. Solamente quedamos parados en el medio, con la palanca también en el medio. Y por ende, el carro nuestro no podría mostrarse al mundo, sino cuando el mundo viene a ver el carro.
2-Si somos neutrales, no podemos llamar a los gringos si hay la amenaza de una bomba en el Canal y si los vigilantes de las compañías de seguridad que tiene el alemán zubieta, son desbordados por los comandos palestinos, aún después de ser reforzados por la "uesats de las esepeís"; y están a punto de ser dinamitadas las esclusas. Como estaríamos entonces bajo el paraguas de la ONU, según don Ricardo, y abandonaríamos el del pentágono, tendríamos que llamar a alguien con palanca en la ONU, y el que tiene más palanca que es Jorge Illueca, se ha vuelto difícil y terco, por lo cual podría salirse con una grosería diplomática, o hacer un llamado a las armas nacionales del Frente Patriótico, sin acordarse que ya casi todo son ángeles de Dios.
3-Ritter nos recordaba también que si en el país neutral ocurre un desastre que sobre pase el SINAPROC, tampoco podemos llamar helicópteros gringos parra que lleven ayuda a las áreas sinestriadas (¿se dice así?). Entonces habría que optar por Aquilino Boyd, para que se vaya en el avión presidencial (¡que tanto le gusta!) a buscar helicópteros de la ONU, que normalmente están ocupados en Bosnia, Chechenia y Africa, o que nos den un cheque para alquilarle un par a Colombia o a Costa Rica, y con lo mala paga que es la señora ONU en el comercio internacional, cuando lleguen los cheques y los aparatos, ya los siniestriados se ayudaron solos, ocupando unas tierras de Fito Duque en Chepo.
4-Por último, y más preocupante, que no lo dijo Ritter, es que si nos declaramos neutral, el nuevo presidente Jorgito (también) Bush, digno hijo del otro, el ex-amigo de MABN que luego se le volteó, podría no sólo invadirnos y "liberar" el canal neutral, sino ordenar la eliminación del dólar, del todo y del cuajo, porque diría: "Si ser verdad que los panameños querer ser soberanos y ser libres, entonces que inventen ellos su dólar propio"... Y entonces tendríamos que pedirle al amigo hebreo que mandó a hacer los chocolates presidenciales, a que mande a imprimir rápido bal-dólares nacionales, que no tiene que ver con los libros del baldor o valdor, sino con billetes mitad balboas y mitad dólares. Y frente a ese problema del dólar se unen todas las bancadas de la asamblea, y todas las directivas de partidos, y hasta el padre guerrillero Conrado Sanjur, y se declararían en sesión permanente, diciendo, más o menos como siempre dos cosas: El diálogo en privado de todos los grupos y tendencias sería así:
--Ta fregao que nos vayan a quitar los sueldos y las canonjías en dólares, y nos vayan a pagar con bal-dólares devaluados que no valdrían ni en las tiendas de los ticos en Paso de Canoas, y que además meterían en problemas a Chapman y a nuestros economistas al momento de calcular el producto interno ¡bruto!. De manera que aunque tengamos que hablar por Domplín diciendo como antes, ¡Patria o Nunciatura, Venceremos!... Ese lenguaje, por supuesto, será el de exportación política, para quedar bien con las legiones organizadas y compactas del FER. Pero el lenguaje privado, el de verdad, el del Pacto de La Pintada, el que nos ofreció los Cartier, será así:
--Es necesario mandarle a decir a Bushito, el nuevo jefe grande, que nosotros como políticos sabemos bien lo que es bushitear en las campañas electorales, y así como borracho no vale, palabras en campaña tampoco. Y para que nos crea que somos sinceros con él, le mandaremos a Bushito a nuestro Bush, el Colombuay, para que hablen de Bush a Bush, y se bushiteen, mutuamente, que ellos son blancos y se entienden.
En esos temas tan coherentes pensaba ese domingo, analizando los adjetivos de la Conferencia Episcopal, sobre "el escándalo de la miseria panameña", y las palabras 24 horas después del padre Guardia, que aunque no puede hablar por la Conferencia Episcopal, representa más o menos el secretariado permanente Jesuíta en mi país, y la regañada pública que le dirigió a nuestra Presidenta, que consistió más o menos en lo siguiente: ¿Cómo justifica usted regalarle a 70 tipos y tipas en un escandaloso sobrepeso, cargado de colesteroles de los malos, que lo que debieran todos juntos en donarle dos tercios de sus raciones diarias a los damnificados permanentes de Chorrillo, esa cantidad de unos doscientos mil dólares en Cartieres, que ni le pueden quedar en sus pulsos, porque esos relojes los hacen para franceses flacos, y ellos, nuestros legisladores del país, los van a tener que usar pronto de sortijas en el dedo gordo, del pie o de la mano. Con esa suma, se hubiesen podido hacer tantas cosas. Para las necesidades de los pobres, o para comprar más campanas de lujo, como las ofrecidas a una iglesia.
Tenso por tantas preocupaciones indigestibles, preferí pasar a otro tema, pero lo positivo fue que al meterme en tantas cosas de mi país se me olvidó mi propio dolor de garganta. ¡Claro, sin las compensaciones de embajador que tuvo Aristides Royo. Y comencé a cantar aquella canción: "Mi país, qué lindo es mi país"...