El Panamá que queremos
Luego de 20 años de transición democrática (1989-2009), nuestro país continúa atado a un sistema que le impide avanzar en las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales que nos permitan edificar una sociedad efectivamente justa y solidaria.
Definitivamente, a la mayoría de los panameños no nos satisfacía el Panamá de los años 80, queríamos otro que enfocara sus preocupaciones en el ser humano, donde la distribución de la riqueza se hiciera pensando en todos los panameños y panameñas, con plena democracia; un país donde nadie que violara los derechos humanos gozara de impunidad, con efectiva igualdad ante la ley, asegurando salud, educación y vivienda a todos los panameños, trabajo digno y pensiones justas.
Un país vacunado contra la corrupción, el nepotismo, el culto a la personalidad (servilismo); un país sin miedo, más sano, más educado, más alegre, con menos casinos, discotecas y cantinas, y más escuelas, bibliotecas, librerías, espacios deportivos y culturales en cada barrio, en cada población.
Pareciera que el país es el mismo después de 20 años, pero en realidad no lo es tanto. Tenemos mejores obras de infraestructura, más caminos, autopistas, carreteras y más autos, computadores y celulares, pero también más injusticia, mayor inequidad, más corrupción, mayor inseguridad ciudadana, más crímenes, más narcotráfico y lavado de dinero, más delincuencia e incomunicación. Detrás de la cara hermosa que se muestra a los turistas, continúa surgiendo el descontento, la frustración de miles que viven en un país que, no obstante sus enormes avances tecnológicos, económicos y viales, ha fallado en atender necesidades verdaderamente vitales para la sociedad.
Por eso, en este tiempo de acomodos, de rostros hipócritas y caretas oportunistas, de tanta politiquería y tanta incoherencia entre lo que se dice y lo que se practica, se valoran gestos de coraje y patriotismo al insistirse en la unidad nacional y en la necesidad de los consecuentes avances del progreso democrático.
En este momento de definiciones electorales saludamos al Presidente Constitucional electo de la República, don Ricardo Martinelli, a sabiendas de que le tocará enfrentar las grandes dificultades que pone el sistema para lograr un “verdadero cambio” realmente beneficioso en Panamá, pero tenemos el conocimiento que los sueños no han muerto y que vale la pena continuar batallando para que vivamos en un Panamá más justo y solidario, más democrático, más culto y, sobre todo, más humano.
En la medida en que se tomen las decisiones y acciones oportunas -sin vacilación, incertidumbre, dubitación, inseguridad ni titubeos- con determinación y coraje para subsanar los acuciantes males que afligen a nuestra sociedad en las áreas de educación, salud, trabajo, seguridad y transporte público, se podrá construir un país más digno, en que el pueblo panameño pueda realizar mejor sus legítimas aspiraciones.