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El Panamá que todos deseamos


La miseria no es un designio de Dios, sino el producto de las injusticias sociales. O hay justicia para todos o no habrá paz para nadie.

Esta frase en su momento fue expresada en la década del ‘80, por el recordado Papa Juan Pablo II. Ella resume de manera simple y directa el compromiso de los Estados por asegurar de manera indelegable la salud, la educación, la alimentación, la vestimenta, la vivienda, el transporte, un trabajo digno entre otras necesidades primarias, a los ciudadanos en cada una de las naciones del orbe.

El pueblo tendrá la oportunidad quinquenal de decidir por los mejores candidatos a los puestos de elección dentro de un año. Ojalá y cada quien en el entorno propio de su preferencia partidaria tenga el coraje de exigir la mejor propuesta electoral que se pueda aspirar, en donde se propongan proyectos factibles y viables para solucionar las graves deficiencias que traemos como deuda social de arrastre. A continuación enumeraré algunas de las opciones que hace 30 años vengo escuchando y que nadie hace realidad.

Es hora de que se construya un ferrocarril de la capital a la frontera con Costa Rica, con ramales para todas las provincias y comarcas. Que se dote al área metropolitana de un monorriel o subterráneo que una Las Cumbres y Pacora con la Plaza 5 de Mayo. Que se limpie la bahía para que podamos utilizar nuestras playas sin tener que gastar combustible. Que se priorice la producción agropecuaria nacional, aunque los gamonales intermediarios pierdan algunos millones en el proyecto. Que se brinde una verdadera salud integral con calidad, calidez y oportunidad a todos los panameños, de acuerdo a sus necesidades y no a su capacidad económica.

Es hora de que la organización de la educación a todos los niveles llene a plenitud las demandas en infraestructura, equipos, insumos y contenidos.

Que cada quien pueda ser capacitado para llenar el sentido de su vida. Que cada habitante del país reciba las calorías y proteínas necesarias para su crecimiento y desarrollo físico y mental.

Que cada persona tenga la oportunidad de acceder a un trabajo digno y bien remunerado que no necesite de 14 ó 15 para poder sobrevivir, sino que su salario se base en el pago justo por la productividad alcanzada. Es decir, que pueda pagar la electricidad, el agua y el teléfono sin tener que dejar de comer.

Ojalá y finalmente entendamos que los verdaderos enemigos a abatir son la pobreza, la desnutrición física y moral, la ignorancia formal y ética, y el egoísmo rampante que nos carcome el alma por acumular cada día más poder y dinero, dos elementos que definitivamente no nos llevaremos para el otro mundo.

101 años de Panamá América

 
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