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El Panamá que todos soñamos


Habían pasado casi cinco años desde que el en 2009 los panameños habían electo al actual gobierno. Era impresionante lo mucho que el país había cambiado y todo gracias a que en el 2009, antes de votar, los ciudadanos exigieron a todos los candidatos planes concretos para afrontar los diferentes problemas que los aquejan; en aquel entonces, no se votó de manera tradicional, ni influenciados por las tradicionales campañas multimillonarias; se votó a conciencia y en pleno conocimiento del pasado de todos los aspirantes a los distintos cargos.

El presidente y su equipo habían comenzado a trabajar desde el primer día, ellos(as) sabían cómo poner la casa en orden, le rebajó los salarios a sus ministros y directores de entidades; luego cumplió con su promesa de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente, que contó con una amplia participación de los sectores que componen la vida nacional; los panameños habíamos logrado una Constitución que era ejemplo para el resto de los países del mundo, pues garantizaba la efectiva participación democrática de todos(as), y que eliminó los odiosos privilegios que otrora gozaban diputados y magistrados.

Era tal la seriedad de aquel gobierno electo en mayo del 2009, que los panameños estábamos orgullosos de lo que estaba sucediendo. Valió la pena analizar a los candidatos, decía la gente, pues esta vez no nos engañaron con promesas vacías. La lección era clara: si se hace una elección bien pensada, las cosas mejorarán. Es por ello que para la campaña que se avecinaba, todos(as) los(as) candidatos(as) hacían más propuestas, pues ya los panameños habíamos aprendido la lección.

De repente desperté, pues alguien encendió la televisión y apareció una de esas cuñas cargadas de demagogia y que apelan a la ingenuidad de un pueblo que le dedica más tiempo al análisis del fútbol y de la pirámide de la suerte, que a las propuestas y características de los/las aspirantes presidenciales.

La mayoría de los/las ciudadanos(as) soñamos con que nuestro país sea un lugar más próspero y justo, lleno de oportunidades para todos(as); soñamos con un Panamá libre, democrático, en donde se practique la justicia social y se respete a la libre empresa. Para que este sueño de un mejor Panamá se convierta en una hermosa realidad, tenemos que jugar nuestro papel de ciudadanos responsables.

Basta ya de seguir votando por filiación política sin importar si el candidato tiene un pasado limpio del cual se pueda sentir orgulloso y no deba maquillar ese pasado con costosas campañas publicitarias que sólo buscan dar una imagen equivocada al electorado. ¿Usted está dispuesto a hacer su parte?

101 años de Panamá América

 
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