default

El Panameñismo, en la disyuntiva


El 15 de agosto, en un acto de justicia poética, el Ing. Alberto Vallarino C. dictará la conferencia "El Panameñismo en el Tercer Milenio", convocada por prestantes figuras de la dirección del Partido Panameñista. Creo que con este acto de inédita reivindicación pública, quedará evidenciado un hecho muy simple y cuyo reconocimiento tardío ha sido la causa última de muchas tribulaciones actuales del Panameñismo y del pensamiento democrático decente en este país: el Ing. Vallarino siempre tuvo la razón, igual que la han tenido el ex presidente Endara y muchos otros panameñistas honestos, denostados y extirpados injustamente de este instituto político, sumido hoy en una severa parálisis.
Evidentemente, la antropofagia panameñista (promovida por dirigencias autoritarias, degeneradas e incapaces) ya llegó a su límite y ahora se busca regenerar la carne y la sustancia que, en actos progresivos de automutilación suicida, fue siendo poco a poco arrancada, de manera muy dolorosa e insensata, desgarrándose no solo la médula del Partido Panameñista en sí, sino al país mismo.
La oposición panameña actual se debate ante una inevitable búsqueda de liderazgo, a la vez que pugna por definir su sentido e identidad y recuperar el protagonismo que ha perdido, debido al enorme peso de sus propios vicios y limitaciones. Muchos creemos que, en las condiciones actuales, una oposición fuerte es inconcebible sin un Partido Panameñista organizativamente reestructurado, moralmente reconstituído e ideológicamente fortalecido.
Si se quiere ser serio y coherente en este llamado a la Unidad Panameñista, entonces, los que propugnan por este agenda deben tomar ciertos pasos críticos, para comenzar a reescribir las reglas de juego a lo interno del partido, saneándole y transformándole en un partido de nuevo tipo, realmente democrático, participativo e innovador (tanto en términos de participación efectiva de su membresía, de vinculación real del partido con el conjunto de la sociedad, como en la estructura interna de fiscalización y toma de decisiones). Esto hay que hacerlo ya, sin más dilación ni pretextos.
Un primer paso en la dirección correcta sería el convocar a todos los panameñistas, activos o inactivos (y en especial a los expulsados), a que retornen al partido, sin condiciones de ningún tipo, y a que tomen parte beligerante en el proceso de dilucidación de la estrategia frente a la situación actual o sea, en la redefinición de la agenda partidaria para la reconstrucción nacional, junto a la actualización y puesta en vigencia del auténtico ideario arnulfista. Este último aspecto es crucial y el interés de dirigentes como Alberto Vallarino, en tocar el tema de la naturaleza y la vigencia axiológica de la ideología del Panameñismo, sienta la base correcta desde la cual se deben asumir la esencia y la singularidad de esta histórica tendencia política, así como la manera de encarar la validez y el futuro de este colectivo.
Otro paso importante, en este mismo sentido, sería el demostrar la ruptura definitiva con aquellos copartidarios que sí han incurrido en incidentes vergonzosos y hasta en vulgares ilícitos. Sus acciones deshonestas no solo son una afrenta al legado histórico y una negación a los postulados panameñistas sino que representan hechos que descalifican la credibilidad de cualquier esfuerzo por crear una fuerza nacional opositora, que sirva para enfrentar y frenar al PRD.
Igualmente importante es que se dé una reforma radical de los estatutos actuales, los cuales no se corresponden a los de un partido moderno. De su lectura se desprende rápidamente que estas regulaciones están hechas a la medida de los intereses de grupos de poder interno. Más que preocuparse por sentar las bases ideológicas y de acción en una estructura que busca acceder al poder para transformar la sociedad, estos estatutos resumen un sistema de artilugios pseudolegales instituidos para perpetuar la influencia de ciertos dinosaurios y cacicazgos perniciosos, que representan un pesadísimo lastre, para los esfuerzos de revigorizar intelectual y moralmente al Panameñismo.
Así mismo, no hay fuerza humana más contundente que la de la determinación honesta y la del ejemplo. Los legisladores panameñistas deberían ser los primeros en dar muestra viva de este proceso renovador, mediante un cambio radical de actitud, demostrando su militancia arnulfista con una renovada combatividad en la Asamblea de Diputados y renunciando voluntariamente a todos esos indebidos e inmorales privilegios de los que usan y abusan y a cualquier componenda de esas que tanto nos han llenado de rabia y de deshonra. Poner a la bancada "en cintura" es un requerimiento necesario para lograr restituir la cohesión ideológica y moral del Panameñismo.
Lo que suceda después del 15 de agosto, respecto al papel que jugará el Ing. Vallarino en el Panameñismo y de la oposición decidirá, en gran medida, el futuro, mediato e inmediato, de una fuerza política cuya impronta en la definición de la idiosincrasia de este país es innegable y que ha sabido superar peores crisis, con renacida y sorprendente fortaleza.
Según la variedad, hay algunas que necesitan ser tratadas mucho menos tiempo que el pensado.
Otro factor que es de importancia mencionar es la utilización de abonos o fertilizantes apropiados, que ayuden a crecer de manera sana las plantas que se quieren conservar para una poda caprichosa en un futuro. Las restantes también deben recibir el mismo cariño, sin olvidar la constante limpieza en los alrededores donde están sembradas; igualmente la vigilancia para que tengan una vida más larga y poder disfrutar de su belleza por mucho más tiempo.
Los expertos prefieren el podado de fiscus, bouquet de novia y algunas especies de pinos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América