El papá
Podemos decir, sin temor de equivocarnos, de que padre y papá no tienen el mismo alcance, no significan lo mismo, pues no todo papá es padre, ni todo padre es papá.
Naturalmente que eso no nos exime que los buenos papás y los no tan buenos merezcan una felicitación, lo mismo que para todos los padres de familia panameños que hoy son recordados, los que aún viven y, sobre todo, los ya fallecidos, por sus hijos e hijas con agradecimiento por fungir como padres de familia.
Rehuso intentar hacer una tipología seria de la paternidad panameña; se lo dejo a los que conocen más que yo sobre el tema. El recordado padre jesuita panameño emérito y difunto santanero, Nicanor Ramos, con motivo del día del padre, me hablaba de que había que rogar mucho por los padres panameños de los cuales se habla con desdén y pedir a Dios que no haya tanta paternidad ni clandestina, ni fortuita, ni tan machista, ni egoísta, ni tan materialista, ni tan precoz, ni tan prolíficos e irresponsables fuera del vinculo matrimonial. De esto se habla y se han hecho estadísticas y encuestas y se sacan conclusiones bellísimas, pero poco prácticas, ya que las enmiendas se van viendo y sintiendo imperceptiblemente.
Ser papá y ser macho es un sinónimo en el argot popular panameño.
En ese sentido, no somos ni mejores ni peores que sus similares en otros países de nuestra América Latina.
Me decía hace algunos años, un técnico hablando de su casa, "yo en la casa soy el marido de mi mujer, pero en la calle soy el macho de todas". No sé si él estaba tratando de condensar la filosofía real de lo que sucede. Lo cual no ayuda mucho a mejorar la imagen de la paternidad del panameño. Sin embargo, como a todos Dios Padre les dio el poder de ser instrumento en la concreación, a El debemos recurrir.
En este día debemos reconocer y animar a los que sí han entendido su vocación de padres de familia. No podemos sólo señalar las deficiencias; hay buenos padres y magníficos, y como ésos en este día hay que presentarlos para ser imitados.
Y recordemos que el único Padre es Dios a quien invocamos con Jesucristo cuando le decimos Padre nuestro.