El Papa otra vez visita América
En circunstancias que la Iglesia Católica atraviesa por un delicado problema de imagen, el Papa Juan Pablo II ha tenido la acertada iniciativa de iniciar un nuevo recorrido por los caminos del continente americano, aprovechando la realización de la Jornada Mundial de la Juventud de Toronto, Canadá. El acierto se consolida al apreciar el encaramiento valiente y realista del Papa al escabroso tema de los escándalos sexuales perpetrados por sacerdotes contra menores de edad.
Juan Pablo II admitió que esos escándalos provocan una profunda sensación de tristeza y vergüenza, pero instó a los jóvenes a pensar que los actos de los descarriados no deben arrojar sombras sobre los sacerdotes entregados en forma ejemplar al servicio de Dios.
No se conocen oficialmente las medidas de la Iglesia para sancionar la deplorable pedofilia de ciertos clérigos. Pero no se logrará el desarraigo de tales desviaciones sexuales hasta que no se trate a fondo el asunto del celibato y sus consecuencias.
Sin embargo, el reconocimiento público de las faltas podría ser el preámbulo de decisiones de la Iglesia para poner atajo al problema hasta donde sea humanamente posible.
Por otro lado, al concluir su visita a Canadá, donde fue aclamado por multitudes de jóvenes, Juan Pablo II inicia otra peregrinación por Guatemala y México. En Guatemala aprovecha su visita para canonizar al hermano Pedro de San José Betancourt, milagroso clérigo que llevó a cabo obras humanitarias en hospitales de caridad.
Asimismo visitará México para reencontrarse con el pueblo azteca, alejado un tiempo de la Iglesia, pero ahora plenamente reconciliado, bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe. Allí canonizará a Juan Diego, el indiecito al que la leyenda atribuye haber conversado con la Virgen de Guadalupe para que el pueblo perseverara en la fe cristiana.
Indudablemente, la presencia del Sumo Pontífice en tierra americana fortalece la fe cristiana y de manera especial lleva consuelo y esperanza a los millones de latinoamericanos que viven en la pobreza extrema a causa de muchos factores, entre los que se cuenta en primer lugar la quiebra del orden moral suscitada por la corrupción.
Las palabras de aliento del Papa a las nuevas generaciones propiciarán, entre otras cosas, la superior capacidad de discernimiento a la hora de la escogencia de conductores políticos de probada integridad moral que no se llenen los bolsillos con dinero mal habido, mientras los pueblos sufren los estragos de privaciones materiales que a veces se agravan por la deshonestidad de los gobernantes.
Juan Pablo II admitió que esos escándalos provocan una profunda sensación de tristeza y vergüenza, pero instó a los jóvenes a pensar que los actos de los descarriados no deben arrojar sombras sobre los sacerdotes entregados en forma ejemplar al servicio de Dios.
No se conocen oficialmente las medidas de la Iglesia para sancionar la deplorable pedofilia de ciertos clérigos. Pero no se logrará el desarraigo de tales desviaciones sexuales hasta que no se trate a fondo el asunto del celibato y sus consecuencias.
Sin embargo, el reconocimiento público de las faltas podría ser el preámbulo de decisiones de la Iglesia para poner atajo al problema hasta donde sea humanamente posible.
Por otro lado, al concluir su visita a Canadá, donde fue aclamado por multitudes de jóvenes, Juan Pablo II inicia otra peregrinación por Guatemala y México. En Guatemala aprovecha su visita para canonizar al hermano Pedro de San José Betancourt, milagroso clérigo que llevó a cabo obras humanitarias en hospitales de caridad.
Asimismo visitará México para reencontrarse con el pueblo azteca, alejado un tiempo de la Iglesia, pero ahora plenamente reconciliado, bajo la advocación de la Virgen de Guadalupe. Allí canonizará a Juan Diego, el indiecito al que la leyenda atribuye haber conversado con la Virgen de Guadalupe para que el pueblo perseverara en la fe cristiana.
Indudablemente, la presencia del Sumo Pontífice en tierra americana fortalece la fe cristiana y de manera especial lleva consuelo y esperanza a los millones de latinoamericanos que viven en la pobreza extrema a causa de muchos factores, entre los que se cuenta en primer lugar la quiebra del orden moral suscitada por la corrupción.
Las palabras de aliento del Papa a las nuevas generaciones propiciarán, entre otras cosas, la superior capacidad de discernimiento a la hora de la escogencia de conductores políticos de probada integridad moral que no se llenen los bolsillos con dinero mal habido, mientras los pueblos sufren los estragos de privaciones materiales que a veces se agravan por la deshonestidad de los gobernantes.