El papel rector de la Cancillería
La revolución tecnológica y la creciente apertura de mercados han cambiado las pautas de las relaciones entre los Estados, por lo cual los pequeños no pueden permanecer a la saga de esta dinámica internacional y deben adaptar su política exterior en el contexto de los profundos cambios que se están gestando en el ámbito mundial, como por ejemplo en temas como la cooperación judicial, el terrorismo, el narcotráfico, la apertura de mercado, el desarrollo humano sostenible y otros que condicionan el escenario inmediato de la proyección del país.
Las prioridades de la política exterior de Panamá en estos últimos diez años, han girado alrededor de las necesidades del cambio democrático y se adecuaron a las circunstancias prevalecientes: la reconciliación interna, la reactivación económica, la reversión del Canal, y sobre todo al perfeccionamiento de los procesos democráticos.
En la etapa actual, muchos coinciden en que se necesita una gestión encaminada a facilitar el acceso a los mercados, a la captación de inversiones para el desarrollo de la infraestructura revertidas, como para la ampliación del Canal y a la promoción estratégica de los servicios marítimos, el desarrollo educativo, y el ataque a la pobreza. Para esto es necesario promover adecuaciones en la política exterior panameña, pasando de una gestión externa dedicada a la reivindicación del canal a una diplomacia comercial y de desarrollo del nuevo siglo. Estoy seguro que los expertos en relaciones exteriores de Panamá, coinciden en estos puntos.
En la actualidad, existen esfuerzos dispersos que quizás diluyen la eficacia de las acciones exteriores del Estado, lo que es una desventaja para un país dependiente y de frágil economía como el nuestro, donde cada dependencia actúa en forma autónoma y a veces contradictorias: la Autoridad Marítima Nacional (AMN) promueve su política consulta de marina mercante, el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) tiene su propia agenda, el Viceministerio de Comercio Exterior en sus negociaciones bilaterales, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) que promueve sus servicios de tránsito y negocia acuerdos internacionales. Muchos panameños que vivimos en el exterior, y extranjeros deseosos de ayudar a Panamá, no logramos entender con claridad la forma de hacerlo.
Algunas de estas dependencias no cuentan con oficina o personal en el extranjero, con lo cual se dificultan y se hacen más costosas sus gestiones de promoción, ya que se realizan de forma desarticulada y sin coordinación con la Cancillería. La política exterior tiene que estar estrechamente vinculada con la política interna; ergo, la política exterior debe responder a la dinámica de las propuestas de cambios internos y debe caracterizarse por su continuidad y coherencia como por su formulación integral, ya que es necesario que las dependencias gubernamentales den una imagen de tener una posición del país y para ello, la forma más adecuada es la coordinación a través de nuestra cancillería con organismos internacionales especializados, con los países, con inversionistas y entidades no gubernamentales.
La Cancillería debe fortalecer su liderazgo como vínculo conductor de las acciones nacionales hacia el extranjero, y cualquiera que sea la fórmula de cambios constitucionales que adopte la sociedad panameña, debe tomar esto muy en cuenta.
La exigencia de vivir en un mundo globalizado y competitivo nos impone coordinar el manejo de la política exterior, a través de una adecuada relación entre las dependencias y los mecanismos bilaterales y multilaterales, consecuentes con el papel tradicional de gestión diplomática y política de la Cancillería.
Es posible que se requieran reformas a la Ley Orgánica del Ministerio de Relaciones Exteriores, redefiniendo las atribuciones del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores como órgano de permanente consulta (dado que ha tenido escasa convocatoria en los últimos años) integrando en el mismo a los responsables de la ACP, la AMN, el Viceministerio de Comercio Exterior, Comisión Bancaria, Zona Libre, el IPAT, INAC, a la ANAM y otros. Sin duda, el concurso de estos funcionarios contribuiría a darle coherencia a la formulación de una política exterior, a tal punto que con aportes del presupuesto de las diversas dependencias se aprovecharían las misiones diplomáticas y consulares en la instrumentación de una diplomacia comercial que promueva integralmente las ventajas competitivas del país en el turismo, áreas revertidas, servicios portuarios y la utilidad comercial del canal (Centro Bancario, Zona Libre).
Otro elemento que no podemos soslayas en la dinámica de política exterior, es el requisito de excelencia en la calidad del personal de este servicio. Es indispensable contar con personal de calificación profesional con dominio de idiomas en nuestros consulados, misiones diplomáticas y organismos internacionales. El tipo de cambio propuesto facilitaría el desarrollo de los recursos humanos del servicio exterior y obtener mejor provecho de los diplomáticos expertos y de valiosos recursos humanos que tiene el país.
Dadas las crecientes proyecciones de la diplomacia comercial, no debe subestimarse la conveniencia de incorporar los aspectos comerciales y económicos a la Cancillería junto a temas más tradicionales.
Para dinamizar los cambios que demanda la atención de los asuntos multilaterales y bilaterales, deben fortalecerse las relaciones económicas internacionales para ser más eficaces al nivel de los organismos económicos internacionales, tanto en aspectos generales como sectoriales.
Estoy seguro que del elevado criterio del señor Presidente no escapan estas necesidades que seguramente son motivo de sus reflexiones, así como de las del resto del nuevo gobierno y del personal de la Cancillería.
Esta nueva administración tiene como objetivo promover el desarrollo interno del país acorde con la nueva realidad económica y geoestratégica de la región, estableciendo entre sus prioridades el apoyo sostenido de la competitividad de los puertos, los proyectos de las áreas revertidas y la captación de recursos financieros de los usuarios para la ampliación del canal, que tendrá un extraordinario impacto en la economía nacional, y por consiguiente en el empleo y la reducción de la pobreza.
Todo esto demanda el fortalecimiento y readecuación de las misiones diplomáticas en los países de América, Europa y Asia.
De esta forma, los objetivos y prioridades de una política exterior podrán hacerse realidad, afianzando y facilitando la inserción ventajosa de Panamá en los mercados internacionales, consecuentes con la imperiosa responsabilidad que tiene el país de diversificar sus relaciones, para lo cual resulta imperativo hacer de la Cancillería un verdadero organismos rector de las acciones internacionales, con capacidad para enfrentar los nuevos desafíos que presenta hoy el mundo globalizado.
Estas son sólo ideas sueltas, que comparto con otros, eruditos en la materia, y que espero puedan servir para la reflexión.
Las prioridades de la política exterior de Panamá en estos últimos diez años, han girado alrededor de las necesidades del cambio democrático y se adecuaron a las circunstancias prevalecientes: la reconciliación interna, la reactivación económica, la reversión del Canal, y sobre todo al perfeccionamiento de los procesos democráticos.
En la etapa actual, muchos coinciden en que se necesita una gestión encaminada a facilitar el acceso a los mercados, a la captación de inversiones para el desarrollo de la infraestructura revertidas, como para la ampliación del Canal y a la promoción estratégica de los servicios marítimos, el desarrollo educativo, y el ataque a la pobreza. Para esto es necesario promover adecuaciones en la política exterior panameña, pasando de una gestión externa dedicada a la reivindicación del canal a una diplomacia comercial y de desarrollo del nuevo siglo. Estoy seguro que los expertos en relaciones exteriores de Panamá, coinciden en estos puntos.
En la actualidad, existen esfuerzos dispersos que quizás diluyen la eficacia de las acciones exteriores del Estado, lo que es una desventaja para un país dependiente y de frágil economía como el nuestro, donde cada dependencia actúa en forma autónoma y a veces contradictorias: la Autoridad Marítima Nacional (AMN) promueve su política consulta de marina mercante, el Instituto Panameño de Turismo (IPAT) tiene su propia agenda, el Viceministerio de Comercio Exterior en sus negociaciones bilaterales, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) que promueve sus servicios de tránsito y negocia acuerdos internacionales. Muchos panameños que vivimos en el exterior, y extranjeros deseosos de ayudar a Panamá, no logramos entender con claridad la forma de hacerlo.
Algunas de estas dependencias no cuentan con oficina o personal en el extranjero, con lo cual se dificultan y se hacen más costosas sus gestiones de promoción, ya que se realizan de forma desarticulada y sin coordinación con la Cancillería. La política exterior tiene que estar estrechamente vinculada con la política interna; ergo, la política exterior debe responder a la dinámica de las propuestas de cambios internos y debe caracterizarse por su continuidad y coherencia como por su formulación integral, ya que es necesario que las dependencias gubernamentales den una imagen de tener una posición del país y para ello, la forma más adecuada es la coordinación a través de nuestra cancillería con organismos internacionales especializados, con los países, con inversionistas y entidades no gubernamentales.
La Cancillería debe fortalecer su liderazgo como vínculo conductor de las acciones nacionales hacia el extranjero, y cualquiera que sea la fórmula de cambios constitucionales que adopte la sociedad panameña, debe tomar esto muy en cuenta.
La exigencia de vivir en un mundo globalizado y competitivo nos impone coordinar el manejo de la política exterior, a través de una adecuada relación entre las dependencias y los mecanismos bilaterales y multilaterales, consecuentes con el papel tradicional de gestión diplomática y política de la Cancillería.
Es posible que se requieran reformas a la Ley Orgánica del Ministerio de Relaciones Exteriores, redefiniendo las atribuciones del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores como órgano de permanente consulta (dado que ha tenido escasa convocatoria en los últimos años) integrando en el mismo a los responsables de la ACP, la AMN, el Viceministerio de Comercio Exterior, Comisión Bancaria, Zona Libre, el IPAT, INAC, a la ANAM y otros. Sin duda, el concurso de estos funcionarios contribuiría a darle coherencia a la formulación de una política exterior, a tal punto que con aportes del presupuesto de las diversas dependencias se aprovecharían las misiones diplomáticas y consulares en la instrumentación de una diplomacia comercial que promueva integralmente las ventajas competitivas del país en el turismo, áreas revertidas, servicios portuarios y la utilidad comercial del canal (Centro Bancario, Zona Libre).
Otro elemento que no podemos soslayas en la dinámica de política exterior, es el requisito de excelencia en la calidad del personal de este servicio. Es indispensable contar con personal de calificación profesional con dominio de idiomas en nuestros consulados, misiones diplomáticas y organismos internacionales. El tipo de cambio propuesto facilitaría el desarrollo de los recursos humanos del servicio exterior y obtener mejor provecho de los diplomáticos expertos y de valiosos recursos humanos que tiene el país.
Dadas las crecientes proyecciones de la diplomacia comercial, no debe subestimarse la conveniencia de incorporar los aspectos comerciales y económicos a la Cancillería junto a temas más tradicionales.
Para dinamizar los cambios que demanda la atención de los asuntos multilaterales y bilaterales, deben fortalecerse las relaciones económicas internacionales para ser más eficaces al nivel de los organismos económicos internacionales, tanto en aspectos generales como sectoriales.
Estoy seguro que del elevado criterio del señor Presidente no escapan estas necesidades que seguramente son motivo de sus reflexiones, así como de las del resto del nuevo gobierno y del personal de la Cancillería.
Esta nueva administración tiene como objetivo promover el desarrollo interno del país acorde con la nueva realidad económica y geoestratégica de la región, estableciendo entre sus prioridades el apoyo sostenido de la competitividad de los puertos, los proyectos de las áreas revertidas y la captación de recursos financieros de los usuarios para la ampliación del canal, que tendrá un extraordinario impacto en la economía nacional, y por consiguiente en el empleo y la reducción de la pobreza.
Todo esto demanda el fortalecimiento y readecuación de las misiones diplomáticas en los países de América, Europa y Asia.
De esta forma, los objetivos y prioridades de una política exterior podrán hacerse realidad, afianzando y facilitando la inserción ventajosa de Panamá en los mercados internacionales, consecuentes con la imperiosa responsabilidad que tiene el país de diversificar sus relaciones, para lo cual resulta imperativo hacer de la Cancillería un verdadero organismos rector de las acciones internacionales, con capacidad para enfrentar los nuevos desafíos que presenta hoy el mundo globalizado.
Estas son sólo ideas sueltas, que comparto con otros, eruditos en la materia, y que espero puedan servir para la reflexión.