El paraíso queda en Pereira
Hace unos días, fuimos invitados por la Embajadora de Colombia, la incansable Gina Bennedetti de Vélez, al eje cafetero, concretamente a la ciudad de Pereira.
Esta ciudad, con un poco más de 500 mil habitantes, fue habitada durante los años de 1300 por el grupo indígena Quimbaya, cuyo interés principal fue la sal; se radicaron en el Quindío y Risaralda, tierra fértil en donde llueve todo el año con una temperatura promedio de 18 grados por la noche y de 25 en el día.
Con una diversidad de cultivos que lidera el café, el plátano, la caña de azúcar y los hermosos guaduales, llamados también "el acero vegetal", debido a que la construcción con este bambú resiste los fuertes sismos que comúnmente azotan esta zona. Este es un destino poco conocido por los panameños, debido a que la cercanía con Cartagena y los negocios con Bogotá y Medellín, han permitido que conozcamos mejor esas tres ciudades.
Gracias a la facilidad de la nueva línea aérea Aires, en una hora y 40 minutos ya estamos en ese paraíso.
El capital de Pereira no es precisamente el café y la belleza de sus mujeres; esto sinceramente y con observación turística, representa un 10%, porque el 90% es el capital humano, las gentes; y no es porque el resto de los colombianos no sea así, pero este sitio es especial. Los pereiranos no te reciben, te adoptan, duermes en sus casas, pero con las puertas sin llaves, porque aún no han perdido la inocencia y siguen pensando que todos los seres humanos somos como ellos. No hay forma de resistirse a este afecto, que no nos da tregua para pensar en aceptar o no, una invitación de esta gente cálida.
Nos queda el asombro de escuchar de la voz de un pereirano la historia completita de Panamá y quedarnos sin habla (la conocen mejor que nosotros). Sus valores no están el carro nuevo 4x4, no lo necesitan; ellos prefieren andar en moto, así no sepan conducir muy bien; pero igual andan de dos en dos en un transporte más barato, más ecológico y menos rimbombante, así que se inmunizaron ante las lluvias diarias. Aquí, en Panamá, nosotros "necesitamos" un 4x4 para protegernos de la agresividad de los "diablos rojos".
Su afán no es mostrar lo que tienen, sino compartirlo con el visitante, al cual convierten en parte de su historia. Esta forma de hacer turismo es nueva, es el turismo de las gentes, de los afectos, de la calidez, en donde a nosotros nos falta mucho por aprender.
Cuando cualquier ciudadano nos cuente la historia de Nele Kantule, así como lo hizo un pereirano, estaremos entrando a verdadero turismo, el turismo que se queda, el de la personas que quieren verdaderamente la tierra en que habitan.