El Parlamento Centroamericano
El que Panamá formase parte del Parlamento Centroamericano (PARLACEN) sin pertenecer a la comunidad centroamericana fue una mala decisión que los partidos políticos han perpetuado por representar una oportunidad para sus miembros de lograr una posición bien remunerada con muy poco esfuerzo que realizar porque no se trata sólo de reformar la institución, se necesita una decisión política que corresponde al Ejecutivo, el que no parece dispuesto a tomarla.
La comunidad centroamericana se creó siguiendo el modelo de la Comunidad Europea sin considerar las diferencias en las motivaciones y en otros aspectos. En Europa fueron las reflexiones surgidas de los movimientos de resistencia al totalitarismo, durante la II Guerra Mundial, los que hicieron aparecer el concepto de una organización del continente capaz de superar los antagonismos nacionales. Altiero Spinelli, federalista italiano, y Jean Monnet, inspirador del Plan Suman, por el que se creaba la primera Comunidad Europea del Carbón y el Acero en 1950, dieron origen a las dos principales corrientes de pensamiento que formaron el proceso de integración comunitaria: el proyecto federalista, basado en el diálogo y en una relación complementaria entre los poderes locales, regionales, nacionales y europeos, y el proyecto funcionalista, basado en una progresiva delegación de parcelas de soberanía desde el ámbito nacional al comunitario. Ambas tesis confluyen hoy en la convicción de que, junto a los poderes nacionales y regionales, debe existir un poder europeo asentado en unas instituciones democráticas e independientes, capaz de regir aquellos sectores en los que la acción común resulta más eficaz que la de los Estados por separado: el mercado interior, la moneda, la cohesión económica y social; la política exterior, y la seguridad.
Limitada en su primera realización a la apertura del mercando común del carbón y el acero entre los Estados fundadores, la Comunidad ha sido ante todo una empresa de paz, puesto que consiguió asociar en un conjunto institucional regido por los principios de igualdad a los vencedores y a los vencidos de la ultima guerra intraeuropea.
La Comunidad Europea se caracteriza por un sistema institucional original, que la distingue de las organizaciones internacionales clásicas donde sus miembros delegan soberanía a favor órganos independientes que representan al mismo tiempo los intereses nacionales y el interés comunitario, y que están vinculados entre sí por relaciones de complementariedad de los que se deriva el proceso decisorio. Yo no veo a Panamá ni a los países centroamericanos delegando esas parcelas de soberanía.
Desconozco si nuestro país forma parte del Consejo de Ministros, principal institución decisoria de la Comunidad Centroamericana; tampoco sé si participa en el Consejo Centroamericano que está supuesto a ser el centro impulsor de las principales políticas de la Comunidad Centroamérica y es el órgano de arbitraje, o en la Comisión de Comunidades Centroamericanas que es la clave del sistema institucional comunitario, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Centroamericanas que se encarga de verificar la compatibilidad con los Tratados de los actos de las instituciones de las instituciones centroamericanas y de los gobiernos; el Tribunal de Cuentas que verifica la legalidad y la regularidad de los ingresos y los gastos de la Comunidad, así como la correcta gestión financiera. ¿Si no pertenecemos a esas instituciones, qué papel jugamos en una de ellas, el PARLACEN, órgano de expresión democrática y de control político de las Comunidades Centroamericanas, sin la decisión, hasta el momento, de formar parte de la organización y sin que existan manifestaciones del Ejecutivo de marchar en esa dirección?
Insistir en el camino vigente sin introducir innovaciones y renovaciones conceptuales, metodológicas, operativas es ir directamente hacia el despeñadero. La historia reciente (30 años) así lo ha demostrado.
La comunidad centroamericana se creó siguiendo el modelo de la Comunidad Europea sin considerar las diferencias en las motivaciones y en otros aspectos. En Europa fueron las reflexiones surgidas de los movimientos de resistencia al totalitarismo, durante la II Guerra Mundial, los que hicieron aparecer el concepto de una organización del continente capaz de superar los antagonismos nacionales. Altiero Spinelli, federalista italiano, y Jean Monnet, inspirador del Plan Suman, por el que se creaba la primera Comunidad Europea del Carbón y el Acero en 1950, dieron origen a las dos principales corrientes de pensamiento que formaron el proceso de integración comunitaria: el proyecto federalista, basado en el diálogo y en una relación complementaria entre los poderes locales, regionales, nacionales y europeos, y el proyecto funcionalista, basado en una progresiva delegación de parcelas de soberanía desde el ámbito nacional al comunitario. Ambas tesis confluyen hoy en la convicción de que, junto a los poderes nacionales y regionales, debe existir un poder europeo asentado en unas instituciones democráticas e independientes, capaz de regir aquellos sectores en los que la acción común resulta más eficaz que la de los Estados por separado: el mercado interior, la moneda, la cohesión económica y social; la política exterior, y la seguridad.
Limitada en su primera realización a la apertura del mercando común del carbón y el acero entre los Estados fundadores, la Comunidad ha sido ante todo una empresa de paz, puesto que consiguió asociar en un conjunto institucional regido por los principios de igualdad a los vencedores y a los vencidos de la ultima guerra intraeuropea.
La Comunidad Europea se caracteriza por un sistema institucional original, que la distingue de las organizaciones internacionales clásicas donde sus miembros delegan soberanía a favor órganos independientes que representan al mismo tiempo los intereses nacionales y el interés comunitario, y que están vinculados entre sí por relaciones de complementariedad de los que se deriva el proceso decisorio. Yo no veo a Panamá ni a los países centroamericanos delegando esas parcelas de soberanía.
Desconozco si nuestro país forma parte del Consejo de Ministros, principal institución decisoria de la Comunidad Centroamericana; tampoco sé si participa en el Consejo Centroamericano que está supuesto a ser el centro impulsor de las principales políticas de la Comunidad Centroamérica y es el órgano de arbitraje, o en la Comisión de Comunidades Centroamericanas que es la clave del sistema institucional comunitario, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Centroamericanas que se encarga de verificar la compatibilidad con los Tratados de los actos de las instituciones de las instituciones centroamericanas y de los gobiernos; el Tribunal de Cuentas que verifica la legalidad y la regularidad de los ingresos y los gastos de la Comunidad, así como la correcta gestión financiera. ¿Si no pertenecemos a esas instituciones, qué papel jugamos en una de ellas, el PARLACEN, órgano de expresión democrática y de control político de las Comunidades Centroamericanas, sin la decisión, hasta el momento, de formar parte de la organización y sin que existan manifestaciones del Ejecutivo de marchar en esa dirección?
Insistir en el camino vigente sin introducir innovaciones y renovaciones conceptuales, metodológicas, operativas es ir directamente hacia el despeñadero. La historia reciente (30 años) así lo ha demostrado.