El paro forzoso
Creo que una de las situaciones más desesperantes y humillantes a que puede ser sometido el ser humano es la imposibilidad de lograr una plaza de trabajo y las consecuencias de ello, no solo repercuten en quien lo padece sino en toda la familia. Es realmente una desgracia social que demanda urgente atención.
Toda clase de promesas se nos han formulado en cuanto a la solución de este enorme problema, sin embargo la situación antes que mejorar empeora. Se recortaron y decapitaron las conquistas laborales de muchos gremios con base a expectativas que no se han realizado ni se realizarán. La avalancha de empresas que vendrían a Panamá con la modificación del Código de Trabajo fue una falacia. Y lo peor es que a pesar de ser conscientes de ello nada hacemos para paliar esta desgracia nacional. Nos pasamos lamentándonos y todo lo dejamos a la retórica. Es necesario la adopción de medidas heroicas, si de veras deseamos ponerle coto a la situación que hoy vemos como un problema ajeno, pero que muy pronto, si las cosas continúan así, será la causa que dará al traste con el sistema y allí sí que todos seremos los perdedores.
¿Será tan difícil percibir esta realidad? ¿Pero es que quienes manejan y amasan grandes riquezas en este país no perciben la necesidad de dar empleo, sustento, a los miles de panameños que hoy no pueden conseguir un trabajo? ¿No se han percatado que la creación de nuevas plazas de trabajo, una mayor generación de empleo, repercute en más ventas y por lo tanto el incremento de sus ganancias? ¿No se han dado cuenta?
El gobierno ha querido deshacerse de esta papa caliente y ha dicho que la creación de nuevas fuentes de trabajo es responsabilidad de la empresa privada. ¿Cuál empresa privada? Si la empresa privada panameña vive del tetero del gobierno. Es una empresa privada aquejosa, no sabe caminar por sí sola. Para subsistir reclama el desmejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores. Si de ella depende, aciagos días nos deparan porque este problema del paro forzoso acabará con todos.
Para ilustración de los estimados lectores deseamos transmitir información que obtuvimos en el diario español El País y que da cuenta de las medidas heroicas adoptadas en otros litorales donde sí se ha tomado plena conciencia de la necesidad de la adopción de medidas urgentes para solucionar el problema. Y nos estamos refiriendo al caso de Francia.
El Consejo de Ministros francés aprobó el proyecto de ley que implantará la semana laboral de 35 horas desde enero del año 2,000 en las empresas de más de 20 trabajadores y dos años más tarde en el resto, sin tomar en cuenta la cantidad de trabajadores. Su aprobación, por parte del Parlamento, puede darse por segura aunque existen voces disidentes, como en toda medida de este tipo. Las encuestas llevadas a cabo por la Confederación de Patrones de Francias (CNPF) establece que el 85% de los empresarios son hostiles a la norma, frente a una mayoría de los trabajadores. Otras encuestas apuntan hacia una actitud favorable a la reducción laboral (67% de la población), siempre que la disminución de cuatro horas semanales se traduzca efectivamente en creación de nuevos empleos.
Igualmente las encuestas han revelado que el 58% de la población se muestra favorable a que se congele su sueldo hasta el año 2002 si con ello se logra conseguir reducir drásticamente el número de parados.
Las horas extras, por supuesto, se han propuesto reducirlas y a su vez gravarlas con el 25%, después de la hora de trabajo de treinta y cinco.
También se ha pensado en deducciones fiscales a todas aquellas empresas que aumenten su plantilla de trabajo y para ello se ha elaborado una escala en orden ascendente. Entre más nuevos empleos se crean mayor es el reconocimiento y deducción fiscal a la empresa. Igualmente se ha propuesto una rebaja en la cuota patronal de servicio social en los nuevos puestos que se vayan a crear.
Se trata pues, de propuestas para paliar la situación de desventuranza de tantos desempleados. Si el Estado no desea aumentar su plantilla laboral, por cualquiera razón, sí puede, al menos crear estímulos para que los empresarios contraten mayor mano de obra. Pero no en condiciones degradantes que desmejoren la calidad de vida de los trabajadores. En vez de sacrificar a los trabajadores que sea el Estado quien reduzca sus ingresos de igual forma como bajó los aranceles para beneficiar a los importadores y distribuidores de productos extranjeros.
Quedarnos con las manos cruzadas en espera de que vengan empresas taiwanesas, o de donde sea, a solucionarnos el problema no es sensato. Es igual al que sueña resolver sus problemas económicos encontrándose una huaca o bien ganándose la lotería. En igual situación están otros países, además que los que presuntamente vendrían en nuestro auxilio, hoy están para que los ayuden a ellos. Si no resolvemos el problema por nuestro medio, nadie lo va a hacer. Requerimos de medidas heroicas.
Toda clase de promesas se nos han formulado en cuanto a la solución de este enorme problema, sin embargo la situación antes que mejorar empeora. Se recortaron y decapitaron las conquistas laborales de muchos gremios con base a expectativas que no se han realizado ni se realizarán. La avalancha de empresas que vendrían a Panamá con la modificación del Código de Trabajo fue una falacia. Y lo peor es que a pesar de ser conscientes de ello nada hacemos para paliar esta desgracia nacional. Nos pasamos lamentándonos y todo lo dejamos a la retórica. Es necesario la adopción de medidas heroicas, si de veras deseamos ponerle coto a la situación que hoy vemos como un problema ajeno, pero que muy pronto, si las cosas continúan así, será la causa que dará al traste con el sistema y allí sí que todos seremos los perdedores.
¿Será tan difícil percibir esta realidad? ¿Pero es que quienes manejan y amasan grandes riquezas en este país no perciben la necesidad de dar empleo, sustento, a los miles de panameños que hoy no pueden conseguir un trabajo? ¿No se han percatado que la creación de nuevas plazas de trabajo, una mayor generación de empleo, repercute en más ventas y por lo tanto el incremento de sus ganancias? ¿No se han dado cuenta?
El gobierno ha querido deshacerse de esta papa caliente y ha dicho que la creación de nuevas fuentes de trabajo es responsabilidad de la empresa privada. ¿Cuál empresa privada? Si la empresa privada panameña vive del tetero del gobierno. Es una empresa privada aquejosa, no sabe caminar por sí sola. Para subsistir reclama el desmejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores. Si de ella depende, aciagos días nos deparan porque este problema del paro forzoso acabará con todos.
Para ilustración de los estimados lectores deseamos transmitir información que obtuvimos en el diario español El País y que da cuenta de las medidas heroicas adoptadas en otros litorales donde sí se ha tomado plena conciencia de la necesidad de la adopción de medidas urgentes para solucionar el problema. Y nos estamos refiriendo al caso de Francia.
El Consejo de Ministros francés aprobó el proyecto de ley que implantará la semana laboral de 35 horas desde enero del año 2,000 en las empresas de más de 20 trabajadores y dos años más tarde en el resto, sin tomar en cuenta la cantidad de trabajadores. Su aprobación, por parte del Parlamento, puede darse por segura aunque existen voces disidentes, como en toda medida de este tipo. Las encuestas llevadas a cabo por la Confederación de Patrones de Francias (CNPF) establece que el 85% de los empresarios son hostiles a la norma, frente a una mayoría de los trabajadores. Otras encuestas apuntan hacia una actitud favorable a la reducción laboral (67% de la población), siempre que la disminución de cuatro horas semanales se traduzca efectivamente en creación de nuevos empleos.
Igualmente las encuestas han revelado que el 58% de la población se muestra favorable a que se congele su sueldo hasta el año 2002 si con ello se logra conseguir reducir drásticamente el número de parados.
Las horas extras, por supuesto, se han propuesto reducirlas y a su vez gravarlas con el 25%, después de la hora de trabajo de treinta y cinco.
También se ha pensado en deducciones fiscales a todas aquellas empresas que aumenten su plantilla de trabajo y para ello se ha elaborado una escala en orden ascendente. Entre más nuevos empleos se crean mayor es el reconocimiento y deducción fiscal a la empresa. Igualmente se ha propuesto una rebaja en la cuota patronal de servicio social en los nuevos puestos que se vayan a crear.
Se trata pues, de propuestas para paliar la situación de desventuranza de tantos desempleados. Si el Estado no desea aumentar su plantilla laboral, por cualquiera razón, sí puede, al menos crear estímulos para que los empresarios contraten mayor mano de obra. Pero no en condiciones degradantes que desmejoren la calidad de vida de los trabajadores. En vez de sacrificar a los trabajadores que sea el Estado quien reduzca sus ingresos de igual forma como bajó los aranceles para beneficiar a los importadores y distribuidores de productos extranjeros.
Quedarnos con las manos cruzadas en espera de que vengan empresas taiwanesas, o de donde sea, a solucionarnos el problema no es sensato. Es igual al que sueña resolver sus problemas económicos encontrándose una huaca o bien ganándose la lotería. En igual situación están otros países, además que los que presuntamente vendrían en nuestro auxilio, hoy están para que los ayuden a ellos. Si no resolvemos el problema por nuestro medio, nadie lo va a hacer. Requerimos de medidas heroicas.