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El paro y las reformas


Diversas organizaciones populares han hecho un llamado a un paro nacional indefinido de labores contra las reformas al Seguro Social, cuya discusión en la Asamblea Nacional juzgan apresuradas y las decisiones adoptadas, inconvenientes. Extrañamente, en ambos puntos coinciden con las asociaciones empresariales que deploran que sus elaborados planteamientos caen en el vacío y no se les da la debida consideración técnica por quienes impulsan el proyecto dentro del gobierno.
Millones de balboas se perderán en este paro, no importa su extensión y grado de éxito. El capital es tímido y los compradores igual. Las tiendas y restaurantes están semidesiertos y la economía sufrirá un frenazo inevitable en el preciso momento en que celebramos su renovado impulso. Podemos deplorar sus efectos, sus riesgos e inconvenientes, pero no podemos negar su carácter de instrumento de lucha legítimo en democracia, siempre que se desarrolle pacíficamente y se respeten los derechos y bienes de terceros, incluso el que asiste a quienes no apoyan el llamado.
Insistimos en que nos habría gustado ver al presidente Torrijos más personalmente involucrado en el desarrollo de los acontecimientos. Al respecto, no podemos olvidar a su padre, cuando el proponer la derogación de la estabilidad laboral y la imposición del arbitraje obligatorio en las convenciones colectivas, para flexibilizar los despidos y evitar costosas huelgas, se reunió por un día con todos los dirigentes sindicales y, al final de una agotadora jornada, las reformas pasaron sin obstáculo.
El mayor problema del proyecto de reforma al Seguro Social, es la falta de credibilidad de la gente y el deficiente manejo dispensado a su discusión.

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