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El Partido no tiene quien le escriba


DE LAS PRÁCTICAS más arraigadas en nuestra política criolla, hay dos que en humilde opinión son las mayores generadoras de la desconfianza y la falta de credibilidad que existe en la población sobre los propios partidos políticos.
La primera es que los integrantes de los colectivos o alianza que ganan una elección se dedican, en especial el primer año de su gestión, a criticar todo lo que hizo su antecesor, perdiendo valioso tiempo en diatribas e ingentes esfuerzos en denuncias que al final de cuentas terminan sin ningún resultado positivo para el país.
La segunda es que los miembros de los colectivos que pierden la elección se pasan los cinco años de la gestión de gobierno criticando todo lo que se hace y creando mayor antagonismo con las autoridades, creyendo que así van a tener mayor posibilidad de ganar en los próximos comicios.
El resultado de estas dos absurdas costumbres es que le estamos vendiendo al pueblo que todo lo se hizo fue malo y que todo lo que se está haciendo es malo. En la matemática que estudié en sexto grado, malo por malo es "malo al cuadrado". Después pretendemos que la imagen de las instituciones públicas sean buenas y que nuestra población crea que los partidos políticos pueden ser la solución a los problemas nacionales.
Quienes hemos ocupado posiciones en el engranaje gubernamental sabemos que con el cambio de gobierno todos las gestiones o planes en ejecución serán cambiados o declarados incompetentes por los nuevos jefes y que la consigna errada es mantener a la mayor distancia posible a quienes ocuparon en otro momento esos cargos.
La pérdida de talentos y de experiencias es astronómica; toma más de dos años comenzar a entender los complicados sistemas de contratación y utilización de los presupuestos de las instituciones. En mi caso, siento que puedo hablar con autoridad y satisfacción sobre el tema, pues tanto la ministra de Comercio del ex presidente Pérez-Balladares quien me sustituyó, como el actual ministro del presidente Torrijos fueron mis colaboradores y ambos han hecho una gran labor en sus respectivos gobiernos.
Cuando escucho a diario al Presidente y sus ministros criticar a sus opositores, porque a su vez éstos critican lo que ellos no hicieron cuando eran gobierno, resulta un claro ejemplo de lo que estoy planteando. Todos los gobierno y todos los partidos tienen obras buenas que aplaudir, especialmente cuando le dan continuidad (temas de Estado).
Por mi parte, voy a recordar algunas de las que participé en los gobiernos panameñistas y que la Patria Nueva no ha dejado de capitalizar casi como de autoría propia, ejemplo: el éxito de la creación de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) y la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), el éxito de la privatización de los puertos (Manzanillo), la excelente negociación con la OMC, la negociación bilateral del TLC con los EE.UU., los incentivos (Ley Nº 8) de promoción al turismo, por mencionar unas cuantas.
Como los partidos en oposición o en gobierno no tienen quien le escriba las cosas buenas que en su momento han hecho (únicamente propaganda pagada), seguimos dando la muy mala impresión que los políticos sólo nos dedicamos a criticar por criticar.
A su juicio, las leyes que impone el Gobierno se debe a que las autoridades nunca han tenido un bus y no saben cuántas personas dependen de este medio de transporte: pintores, mecánicos, talleres. Cuando los conductores aumentan el pasaje todos protestan, pero no ocurre igual cuando aumenta la gasolina, dice.
  • El sociólogo Raúl Leis considera que algunas de las decoraciones impresas en los "diablos rojos" deben ser rescatadas cuando ocurra la supuesta renovación del transporte vehicular colectivo.

  • Leis reconoce que el graffiti que se observa en los buses que circulan por la ciudad de Panamá son verdaderas obras de arte.


Miguel Martínez, de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), reconoció que la decoración en los buses es algo característico y pintoresco de nuestro país.
No existe norma, decreto o ley que lo establezca, ni tampoco que lo prohíba.
El funcionario recordó que cuando se hizo la campaña "My name is Panama", los turistas llegaban por lo llamativo de los buses.
"Esa decoración nos identifica mundialmente. Es igual que las molas. Es quizás la parte positiva del diablo rojo", señaló.
Martínez alegó que con el nuevo sistema de transporte, las decoraciones dependerán de la empresa que se gane la licitación, pues las compañías deberán escoger qué los identificará.
No sólo se trata de buses articulados, sino que habrá rutas alimentadoras de buses de poca capacidad de pasajeros. En la ciudad de Panamá y San Miguelito hay 1, 800 buses.
En el 2002, los transportistas acordaron adjudicar un color para cada ruta.
En Alcalde Díaz y Ciudad Bolívar el color es el celeste; en la ruta de Chepo, verde; las rutas de SICOTRAC (20 rutas), rojo, azul y amarillo; en el sector Oeste, el color de la mayoría es amarillo.
La iniciativa de los colores es de los propios transportistas.
Los consumidores tienen derecho a la libre elección del bien que van a adquirir o del servicio que van a contratar, indicó la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia.
Para esto, se requiere contar con una variedad de bienes y servicios en el mercado a precios competitivos, de lo contrario, se tendría un solo bien o servicio que adquirir y el consumidor no tendría opciones para elegir, señaló la entidad.
El derecho a elegir es uno de los 8 básicos de los consumidores, reconocidos internacionalmente.

101 años de Panamá América

 
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