El peligro de las encuestas
Como la política es uno de mis entretenimientos favoritos, cuando alguien dice que la política es sucia, la defiendo diciendo que lo que sucede es que los políticos hacen de ella un foco de infección. Igualmente sucede con las encuestas; no son malas sino que muchas veces son tergiversadas, abultadas o transformadas. Lo peor es cuando ese abultamiento es tan burdo que cae en lo ridículo.
Así vemos que para los triunfadores, se puede convertir en triunfalismo, perjudicial para su objetivo; para los perdedores, en una influencia nefasta en los electores que pueden cambiar equivocadamente el rumbo de una elección. Son diferentes los factores que influyen en los resultados de las encuestas y que los medios de comunicación no debieran aupar con tanto empeño. El último resultado ya dio muchos comentarios negativos y no ha encontrado la credibilidad que quisiéramos. Escuché comentarios como que "algo hay detrás", "esto tiene su objetivo".
En 1994, cuando por primera vez las encuestas tuvieron gran preponderancia e influencia, se cambió el rumbo de la elección por sus resultados. Si utilizamos la lógica podríamos comprender cuándo son o no correctas las encuestas. Pero pareciera que hoy la lógica no existe. Cuando creemos que tenemos una verdad de a puño, basada en lo que nos dicen los hechos reales y las deducciones emanadas de los mismos, las frías cifras de una encuesta tiran por tierra esa verdad objetiva que todos pretenden prever.
Quisiera sugerir a quienes encuestan, que lo hagan desapasionadamente, que no es obligación encaminarlas por donde quieren quienes pagan el trabajo; que no debemos permitir que prevalezca ese resultado en la mente y la decisión de los votantes.
Sabemos que esta elección no será ortodoxa; que la decisión de un pueblo no se basará en suéteres, gorras, afiches en los postes y paredes; el voto será depositado luego de que un pueblo maduro analice y sopese el valor de cada candidato. Y no me refiero sólo a los presidenciales sino también a todos. Es necesario estudiar lo que han hecho por su comunidad aquellos que deseen reelegirse y sopesar lo que harán, sin demagogia, las nuevas caras. Es hora de que los panameños cambiemos la consigna de votar en contra de que nos ha caracterizado en las últimas décadas; al contrario, depositemos el voto por quienes consideremos los mejores. Votemos en positivo por los o las candidatas que más nos agraden. Pensemos en positivo para votar a favor de . No permitamos que unas cifras frías influyan en nuestras decisiones. Más vale el trato directo con los candidatos, el ver lo que ofrece cada uno, su capacidad para gobernarnos y la conveniencia para el país.
También decimos que el panameño vota a ganador. Esa es una mala práctica ya que no elegimos al más valioso o al más conveniente para el país, sino que, sencillamente, nos agregamos al barco de los demás y nos vamos con la frase: dónde va Vicente, donde va la gente.
Por favor, si es posible que quienes me lean puedan multiplicar este concepto y mi recomendación de votar por lo que creen que sea lo más conveniente, se los agradecería porque esto haría madurar al votante panameño no permitiendo vender ni desperdiciar su voto.
¡Qué así sea!
Así vemos que para los triunfadores, se puede convertir en triunfalismo, perjudicial para su objetivo; para los perdedores, en una influencia nefasta en los electores que pueden cambiar equivocadamente el rumbo de una elección. Son diferentes los factores que influyen en los resultados de las encuestas y que los medios de comunicación no debieran aupar con tanto empeño. El último resultado ya dio muchos comentarios negativos y no ha encontrado la credibilidad que quisiéramos. Escuché comentarios como que "algo hay detrás", "esto tiene su objetivo".
En 1994, cuando por primera vez las encuestas tuvieron gran preponderancia e influencia, se cambió el rumbo de la elección por sus resultados. Si utilizamos la lógica podríamos comprender cuándo son o no correctas las encuestas. Pero pareciera que hoy la lógica no existe. Cuando creemos que tenemos una verdad de a puño, basada en lo que nos dicen los hechos reales y las deducciones emanadas de los mismos, las frías cifras de una encuesta tiran por tierra esa verdad objetiva que todos pretenden prever.
Quisiera sugerir a quienes encuestan, que lo hagan desapasionadamente, que no es obligación encaminarlas por donde quieren quienes pagan el trabajo; que no debemos permitir que prevalezca ese resultado en la mente y la decisión de los votantes.
Sabemos que esta elección no será ortodoxa; que la decisión de un pueblo no se basará en suéteres, gorras, afiches en los postes y paredes; el voto será depositado luego de que un pueblo maduro analice y sopese el valor de cada candidato. Y no me refiero sólo a los presidenciales sino también a todos. Es necesario estudiar lo que han hecho por su comunidad aquellos que deseen reelegirse y sopesar lo que harán, sin demagogia, las nuevas caras. Es hora de que los panameños cambiemos la consigna de votar en contra de que nos ha caracterizado en las últimas décadas; al contrario, depositemos el voto por quienes consideremos los mejores. Votemos en positivo por los o las candidatas que más nos agraden. Pensemos en positivo para votar a favor de . No permitamos que unas cifras frías influyan en nuestras decisiones. Más vale el trato directo con los candidatos, el ver lo que ofrece cada uno, su capacidad para gobernarnos y la conveniencia para el país.
También decimos que el panameño vota a ganador. Esa es una mala práctica ya que no elegimos al más valioso o al más conveniente para el país, sino que, sencillamente, nos agregamos al barco de los demás y nos vamos con la frase: dónde va Vicente, donde va la gente.
Por favor, si es posible que quienes me lean puedan multiplicar este concepto y mi recomendación de votar por lo que creen que sea lo más conveniente, se los agradecería porque esto haría madurar al votante panameño no permitiendo vender ni desperdiciar su voto.
¡Qué así sea!