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El peligro de no jubilarnos


A pocos meses de que inicie formalmente la campaña electoral, el tema de las finanzas en la Caja de Seguro Social (CSS) vuelve a caer en pausa, mientras continúa el debilitamiento de esta institución tan importante para miles de panameños. Esta es la segunda vez que veo este fenómeno; en el período presidencial anterior ocurrió lo mismo: se hizo un diagnóstico a cargo de la Organización Internacional de Trabajo, mucha gente se escandalizó por los resultados, se nombró una comisión de “contacto y seguimiento” y al final llegó la época electoral y todo murió.
La mesa del diálogo por la seguridad social panameña inició su gestión en julio de 2001 y todavía los integrantes de este foro no han podido ni siquiera acordar el uso de un estudio que sirva de base para evaluar lo que hay que hacer para salvar a la Caja. Según se ha informado en cientos de veces, la CSS refleja déficit operativo en tres de los cuatro programas que componen esa institución, siendo el más dramático el programa de Invalidez, Vejez y Muerte. Lamentablemente, en el proceso de buscar las alternativas al problema, la sociedad panameña ha tenido que enfrentar discusiones que no necesariamente ayudan a resolverlo. Las consignas ideológicas y las posiciones intransigentes han dominado la escena por todo este largo tiempo. Entre tanto, las encuestas de opinión señalan que al público panameño le gusta las cosas como están.
Como vivimos en Panamá y hemos sido criados de una forma especial, muy pocos están dispuestos a dar su cuota de sacrificio para aportar significativamente y conseguir que el sistema perdure en el tiempo. Casi nadie quiere dar más, todos quieres que alguien, no sé quién, llegue con un hechizo y diga: “Aquí tienen seguro social por los siglos de los siglos, sin que den nada”. Eso no va a pasar, por lo que ya va siendo hora de que los que aportan a la CSS vean que esto no aguanta más, de modo que tienen que dar más. Alguien tiene que hacerle ver al público menos informado que llegará el momento en que no habrá dinero para pagar jubilaciones, ni siquiera a los que ahora mismo gozan de este beneficio. Alguien tiene que decir, claramente, que el sistema de reparto del IVM no funciona más, porque cada vez son menos los cotizantes (menos dinero entra) y más los beneficiarios (más dinero sale).
A todo esto hay que agregar las condiciones demográficas del país, donde la esperanza de vida ha aumentado en los últimos años; por lo que los jubilados o pensionados terminan sacándole más dinero del que aportaron toda su vida a la institución.
Con este panorama hay sólo una solución: Todos por igual tenemos que aportar más.
Un informe del Banco Mundial asegura que en el año 1990 el 9% de los habitantes del mundo era de 60 años o más, sin embargo, se calcula que para el 2030 este grupo humano constituirá el 17%. En otras palabras, habrá más gente cobrando jubilaciones, y ¿de dónde saldrá la plata?
Si no tomamos una decisión efectiva ahora, no habrá plata para pagar las pensiones de esas personas, entre las cuales me encuentro yo. Es por eso que me preocupa el asunto, porque estoy aportando todos los meses a un sistema que no sé si me servirá en el futuro.
Las decisiones tienen que ser a largo plazo, no podemos salir del paso con paliativos que nos obliguen a volver a esta misma discusión en menos de ocho años. Debemos afrontar el problema y darle a los cotizantes no sólo la garantía de su pensión de vejez, sino también un ahorro o capitalización que se convierta en una garantía para sí mismo, un sistema que estimule el aporte de los trabajadores con rendimientos productivos, un sistema administrado eficientemente para evitar la evasión y mantener la morosidad en niveles manejables, un sistema fuera del clientelismo político.
Hay que hacer lo correcto y las decisiones deben llegar cuanto antes para despejar de una vez por todas el peligro de no podernos jubilar.
Según Jované, algunos hoy pensarán que con este hospital puede repetirse lo que le sucedió con el presidente Belisario Porras en el Hospital Santo Tomás, pero es posible que dentro de unos diez años se estime que el hospital se quede chico. Este es un hospital para las futuras generaciones, acotó Jované.
La CSS implementó los Centros de Atención Primarios que funcionan a nivel local con un equipo médico para brindar atención básica y en caso de que el paciente necesite de una atención más especializada, se remite a las policlínicas.
Otro de los puntos que destacó Jované de este hospital, es que se ha diseñado de tal forma que los pacientes que asisten en busca de atención médica a través de las consultas no tienen contacto con el área donde se atienden a los hospitalizados.
En la actualidad, a nivel nacional, funcionan 24 centros hospitalarios de este tipo, que en primera instancia acortan la distancia entre el asegurado y un centro de atención médica.

101 años de Panamá América

 
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