El peligro y la solución
Los compromisos como el Protocolo de Kioto impulsan la reducción de las emisiones de gases contaminantes a la capa de ozono, pero también encontrar soluciones y alternativas a las energías que utilizamos en la actualidad. Para cumplir estos acuerdos es tan necesaria la investigación como prestar atención a los datos.
El modo de consumo de energía que más crece a nivel mundial es el transporte, éste, a través de automóviles. Los coches consumen el 30% de la energía y el 93% del petróleo que se consumen en todo el mundo. Si atendemos a los datos en función de los países, la cuarta parte de los automóviles del mundo están en Estados Unidos, donde vive sólo el 5% de la población mundial. Este país contamina, sólo por las emisiones de los vehículos, lo mismo que toda la economía japonesa.
En 2002 había en todo el mundo 531 millones de coches. Se espera que para 2020 circulen 700 millones. Gran parte de este incremento se debe a la demanda de automóviles por la población china. El gigante asiático utilizaba la bicicleta como medio de transporte principal en los años 80. Tres décadas después, en 2015, se espera que China cuente con 150 millones de autos. La misma cantidad que había en Estados Unidos en 2002.
Si la población china consume lo mismo que el americano medio, necesitará 90 millones de barriles de petróleo diarios. Esto supera en 11 millones de barriles la producción diaria a nivel mundial en 2001. Pero el crecimiento de la flota de vehículos en China no es la única amenaza para el medioambiente. Este incremento va acompañado de nuevas industrias y empleos. Los coches no sólo consumirán petróleo, sino también áreas agrícolas en las que se construirán carreteras conforme se expandan las comunicaciones.
Frente a la contaminación por las emisiones de carbono a la atmósfera y las consecuencias del desarrollo industrial, la ciencia y la regulación de las actividades nocivas para el medioambiente se convierten en las vías para encontrar una solución. Los científicos afirman que en 2035 contaremos con autos no contaminantes. Los combustibles serán más limpios y se reducirán las emisiones de carbono, plomo y azufre. Los motores queman el combustible cada vez de forma menos nociva y ya hay vehículos que funcionan con energías alternativas.
Por otro lado, el control de las actividades industriales más contaminantes también ayuda a reducir sus peores efectos. Y China también es un ejemplo válido para esto. El pasado mes de octubre estableció que los vehículos motorizados de más de una tonelada no deben gastar más de 8.9 litros de crudo cada 100 kilómetros. En 2008 la restricción bajará hasta los 8.1 litros.
El sector de la vivienda también presenta algunas restricciones en China. El desarrollo industrial en este país implica formas de consumo de energía como la calefacción de las nuevas construcciones. Todas las casas que se construyan después de 2005 deben aplicar nuevas tecnologías. Además, el gasto energético deberá reducirse al 50% del nivel actual.
Quizás no sepamos con exactitud cuáles serán los efectos concretos del cambio climático, pero sí sabemos cómo reducirlos, cómo prevenirlos. La investigación científica empieza a dar sus frutos y pone a nuestro alcance energías renovables que no resulten tan nocivas para el medio ambiente. Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos deben ir acompañados de normas que contribuyan a su implantación, así como a crear una conciencia colectiva. Conoceremos así nuestra responsabilidad y las aportaciones que podemos hacer para reducir los efectos del cambio climático.
(*) Del Centro de Colaboraciones Solidarias. ccs@solidariosorg.es
Panamá, siendo un centro tradicional de comunicación internacional no tiene porqué alinearse con ningún bloque ni inscribirse en ninguna parcela ideológica. Somos y continuaremos siendo amigos de todos los países, lo que nos está facilitando abrir puertas a nuestros sectores productivos hacia nuevos mercados.
Consolidamos nuestra relación en Centroamérica y tenemos vínculos estrechos con todas las naciones de América del Sur. No tenemos que distanciarnos ni de América Latina, ni de EU, ni de Europa ni de nadie.
Hacemos el esfuerzo para que Panamá continúe siendo un factor de concertación y consenso internacional.
Como lo ha señalado el viceministro de Relaciones Exteriores, Licdo. Ricardo Durán, ante la Asociación Bancaria de Panamá, "Ayudamos a desatar la controversia en el seno de la Organización de Estados Americanos con motivo de la elección del nuevo Secretario General y, por convicción propia, contribuimos a que la idea del ALCA no muera, sino que se perfile nuevamente como una gran posibilidad. Nos acercamos al MERCOSUR, al G-3 y a la Comunidad Andina, a nuestro vecinos Colombia y Costa Rica, a México y a Venezuela, a la Comunidad Europea y al Asia, al igual que a los Estados Unidos".Es decir, Panamá busca ampliar el abanico de sus amigos y promover sus intereses en la comunidad internacional.
En todas partes, al país se le respeta y aprecia mucho más que antes, siendo un polo de atracción de inversiones, como resultado, entre otros factores, de una política exterior sana, coherente y seria, cuya eficacia no se puede negar, salvo por los espíritus radicales y sectarios empeñados en negarle a la nación dicho reconocimiento. Es una política exterior dedicada a promover el desarrollo nacional.
El modo de consumo de energía que más crece a nivel mundial es el transporte, éste, a través de automóviles. Los coches consumen el 30% de la energía y el 93% del petróleo que se consumen en todo el mundo. Si atendemos a los datos en función de los países, la cuarta parte de los automóviles del mundo están en Estados Unidos, donde vive sólo el 5% de la población mundial. Este país contamina, sólo por las emisiones de los vehículos, lo mismo que toda la economía japonesa.
En 2002 había en todo el mundo 531 millones de coches. Se espera que para 2020 circulen 700 millones. Gran parte de este incremento se debe a la demanda de automóviles por la población china. El gigante asiático utilizaba la bicicleta como medio de transporte principal en los años 80. Tres décadas después, en 2015, se espera que China cuente con 150 millones de autos. La misma cantidad que había en Estados Unidos en 2002.
Si la población china consume lo mismo que el americano medio, necesitará 90 millones de barriles de petróleo diarios. Esto supera en 11 millones de barriles la producción diaria a nivel mundial en 2001. Pero el crecimiento de la flota de vehículos en China no es la única amenaza para el medioambiente. Este incremento va acompañado de nuevas industrias y empleos. Los coches no sólo consumirán petróleo, sino también áreas agrícolas en las que se construirán carreteras conforme se expandan las comunicaciones.
Frente a la contaminación por las emisiones de carbono a la atmósfera y las consecuencias del desarrollo industrial, la ciencia y la regulación de las actividades nocivas para el medioambiente se convierten en las vías para encontrar una solución. Los científicos afirman que en 2035 contaremos con autos no contaminantes. Los combustibles serán más limpios y se reducirán las emisiones de carbono, plomo y azufre. Los motores queman el combustible cada vez de forma menos nociva y ya hay vehículos que funcionan con energías alternativas.
Por otro lado, el control de las actividades industriales más contaminantes también ayuda a reducir sus peores efectos. Y China también es un ejemplo válido para esto. El pasado mes de octubre estableció que los vehículos motorizados de más de una tonelada no deben gastar más de 8.9 litros de crudo cada 100 kilómetros. En 2008 la restricción bajará hasta los 8.1 litros.
El sector de la vivienda también presenta algunas restricciones en China. El desarrollo industrial en este país implica formas de consumo de energía como la calefacción de las nuevas construcciones. Todas las casas que se construyan después de 2005 deben aplicar nuevas tecnologías. Además, el gasto energético deberá reducirse al 50% del nivel actual.
Quizás no sepamos con exactitud cuáles serán los efectos concretos del cambio climático, pero sí sabemos cómo reducirlos, cómo prevenirlos. La investigación científica empieza a dar sus frutos y pone a nuestro alcance energías renovables que no resulten tan nocivas para el medio ambiente. Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos deben ir acompañados de normas que contribuyan a su implantación, así como a crear una conciencia colectiva. Conoceremos así nuestra responsabilidad y las aportaciones que podemos hacer para reducir los efectos del cambio climático.
(*) Del Centro de Colaboraciones Solidarias. ccs@solidariosorg.es
Panamá, siendo un centro tradicional de comunicación internacional no tiene porqué alinearse con ningún bloque ni inscribirse en ninguna parcela ideológica. Somos y continuaremos siendo amigos de todos los países, lo que nos está facilitando abrir puertas a nuestros sectores productivos hacia nuevos mercados.
Consolidamos nuestra relación en Centroamérica y tenemos vínculos estrechos con todas las naciones de América del Sur. No tenemos que distanciarnos ni de América Latina, ni de EU, ni de Europa ni de nadie.
Hacemos el esfuerzo para que Panamá continúe siendo un factor de concertación y consenso internacional.
Como lo ha señalado el viceministro de Relaciones Exteriores, Licdo. Ricardo Durán, ante la Asociación Bancaria de Panamá, "Ayudamos a desatar la controversia en el seno de la Organización de Estados Americanos con motivo de la elección del nuevo Secretario General y, por convicción propia, contribuimos a que la idea del ALCA no muera, sino que se perfile nuevamente como una gran posibilidad. Nos acercamos al MERCOSUR, al G-3 y a la Comunidad Andina, a nuestro vecinos Colombia y Costa Rica, a México y a Venezuela, a la Comunidad Europea y al Asia, al igual que a los Estados Unidos".Es decir, Panamá busca ampliar el abanico de sus amigos y promover sus intereses en la comunidad internacional.
En todas partes, al país se le respeta y aprecia mucho más que antes, siendo un polo de atracción de inversiones, como resultado, entre otros factores, de una política exterior sana, coherente y seria, cuya eficacia no se puede negar, salvo por los espíritus radicales y sectarios empeñados en negarle a la nación dicho reconocimiento. Es una política exterior dedicada a promover el desarrollo nacional.