El péndulo electoral francés
Hasta el día de la segunda vuelta para elegir el nuevo presidente de Francia, el electorado de ese país oscilará como un péndulo: suspendido por un delgado hilo de un extremo a otro; es decir, entre la izquierda y la derecha francesa. Los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Francia permiten vaticinar que los electores galos se han cansado de ambigüedades y han decidido medir fuerzas entre estos dos extremos.
Lo curioso es que a pesar de que quieren cambios, como lo demostró el alto índice de participación electoral durante la primera vuelta, el pueblo francés sacrificó la alternativa del centro representada por el liberal Francois Bayrou, líder de la Unión Democrática francesa (UDF), quien ofertaba una línea novedosa, centrista y abierta y con una base electoral de seis millones de votos que se disputarán ahora Sarkozy y Royal el próximo 6 de mayo.
Más allá de quien resulte triunfante en la segunda vuelta en Francia, sea éste el conservador Nicolás Sarkozy o la socialista Ségolène Royal, el ganador tendrá que enfrentarse a un complicado panorama: el hartazgo de los ciudadanos ante los acuciantes problemas no resueltos, como son el alto índice del desempleo juvenil, situado en un increíble 22%, que generó explosivas reacciones en los suburbios de París; el limitado crecimiento económico; la incontenible cuestión migratoria, además de su indefinición europea tras el NO del 2005, que le generó tantas contradicciones e imprecisiones.
El elector de Francia, cansado de las ambigüedades típicas de los políticos tradicionales, se ha quedado en la segunda vuelta sin alternativa de centro, pues incluso los indecisos han decido votar por la izquierda o por la derecha. Las bases se crisparon tanto que terminaron anulando las posibilidades de Bayrou. La paradoja es que Royal y Sarkosy representan a los políticos tradicionales de la izquierda y de la derecha francesa.
Lo curioso es que a pesar de que quieren cambios, como lo demostró el alto índice de participación electoral durante la primera vuelta, el pueblo francés sacrificó la alternativa del centro representada por el liberal Francois Bayrou, líder de la Unión Democrática francesa (UDF), quien ofertaba una línea novedosa, centrista y abierta y con una base electoral de seis millones de votos que se disputarán ahora Sarkozy y Royal el próximo 6 de mayo.
Más allá de quien resulte triunfante en la segunda vuelta en Francia, sea éste el conservador Nicolás Sarkozy o la socialista Ségolène Royal, el ganador tendrá que enfrentarse a un complicado panorama: el hartazgo de los ciudadanos ante los acuciantes problemas no resueltos, como son el alto índice del desempleo juvenil, situado en un increíble 22%, que generó explosivas reacciones en los suburbios de París; el limitado crecimiento económico; la incontenible cuestión migratoria, además de su indefinición europea tras el NO del 2005, que le generó tantas contradicciones e imprecisiones.
El elector de Francia, cansado de las ambigüedades típicas de los políticos tradicionales, se ha quedado en la segunda vuelta sin alternativa de centro, pues incluso los indecisos han decido votar por la izquierda o por la derecha. Las bases se crisparon tanto que terminaron anulando las posibilidades de Bayrou. La paradoja es que Royal y Sarkosy representan a los políticos tradicionales de la izquierda y de la derecha francesa.