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El pensamiento como objetivo educativo


Enseñar a pensar a los estudiantes es uno de los propósitos de la educación que se menciona más comúnmente, de modo general y referido casi a cualquier tema de estudio. Podríamos citar innumerables autoridades que definen el pensamiento como uno de los objetivos de la educación. Pero basta citar un estudio de la Universidad de Harvard: “La educación no consiste tan solo en impartir conocimientos, sino en cultivar ciertas aptitudes y actitudes mentales en la persona joven… Las facultades que deben perseguirse por sobre todo son en nuestra opinión: pensar eficazmente, comunicar el pensamiento, formular juicios atinados, discriminar valores”.

La palabra pensamiento se usa indiscriminadamente para referirse casi a cualquier operación mental, y todos creemos estar seguros de saber qué significa. Desde lo pedagógico, no podemos avanzar sin una definición. Todos los textos autorizados se inician con una definición, y aunque difieren en sus términos concuerdan en lo esencial. Expresiones de uso muy difundido son: pensamiento crítico, pensamiento reflexivo, resolución de problemas, pensamiento científico, pensamiento correcto, pensamiento claro, y otras más.

He aquí, una definición aceptable: “El pensamiento tiene lugar cuando existe un esfuerzo persistente para examinar las pruebas en que se apoya cualquier creencia, solución o conclusión”. El pensamiento tiene lugar, pues, cuando se reconoce la existencia de un problema, cuando hay una situación cualquiera que no está clara, y cuando es incierto el significado del problema o lo que debe hacerse. Se proponen respuestas hipotéticas que sirven de guía para el acopio y análisis de hechos y otros tipos de datos, tras lo cual se realizan valoraciones y se emiten juicios teniendo en cuenta las relaciones lógicas.

Finalmente se desarrollan conclusiones y se las pone a prueba en la acción. ¡Hay que mejorar el pensamiento! Lo justifican los ensayos y volúmenes debidos a los hombres y mujeres más distinguidos de nuestro tiempo que testimonian no solo el valor y la necesidad del esfuerzo, sino también las lamentables consecuencias de no mejorar el pensamiento. Porque el pensamiento incorrecto y/o deshonesto nos ha llevado muchas veces al desastre en nuestra historia económica, cultural, social, política y militar. En cambio, el pensamiento competente ha dado lugar a incomparables mejoras en el valor y la seguridad de la vida, tanto para el individuo como para el grupo comunitario y la nación. Todos los campos del esfuerzo humano son afectados por el pensamiento, desde la crianza de los niños hasta la conducción de las relaciones internacionales.

Pedagogo, escritor, diplomático.

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