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El peor gobierno de nuestra historia


"El peor gobierno de nuestra historia republicana lo es el de la presidenta Moscoso". Esto es lo que, palabras más o palabras menos, ha dicho el expresidente Ernesto Pérez Balladares. Siempre he pensado que no podemos establecer acertadamente las bondades de un determinado gobierno, sino cuando han transcurrido varios años de su fenecimiento. Esto nos permite compararlo con el anterior y con el posterior y analizarlo dentro del mayor clima de objetividad y con los mejores elementos de juicio. Será, por tanto, muy prematuro y aventurado analizar las bondades de un gobierno que apenas está en su primer año, teniendo cuatro años más de gestión.
Por otro lado, nos suena de partida injusta tal calificación, si comparamos ese primer año de gobierno de la presidenta Moscoso con aquel período que no olvido y que ningún panameño debe olvidar. Me refiero al que se inició en 1984 y terminó en diciembre de 1989. No fueron más de seis años; ¡pero esos sí que fueron los peores años de nuestra historia republicana!.
Se había obligado a renunciar al presidente Ricardo De la Espriella, porque no garantizaba "el triunfo electoral" del candidato oficialista. Se burló así la voluntad popular expresada en las urnas y se le privó al pueblo panameño y al doctor Arnulfo Arias Madrid de su legítimo triunfo. Se obligó a renunciar al presidente "elegido" en esas circunstancias, luego del vil asesinato del doctor Hugo Spadafora Franco a manos de los militares en el poder; luego también vinieron las "renuncias" de sus vicepresidentes. Se llevó a cabo la consulta popular el 7 de mayo de 1989; y porque ganó ampliamente el candidato oposicionista Guillermo Endara Galimany, el Tribunal Electoral dictó el decreto número 58, de 10 de mayo de 1989, aquel "viernes negro", mediante el cual se declaró la nulidad de tales elecciones sin convocar a nuevas, las que, indudablemente, habría ganado el candidato de oposición Endara Galimany. El Movimiento de Abogados Gremialistas (MAG), publicó, sin pie de imprenta, porque constituía para entonces una publicación ilícita, en una sociedad sin libertad de expresión, la obra "Validez de las elecciones populares efectuadas el 7 de mayo de 1989". En la introducción de dicha publicación, decíamos lo siguiente: "La sorpresiva demanda de inconstitucionalidad interpuesta contra dicho Decreto por un recién graduado abogado y la inusual celeridad con que la Corte Suprema de Justicia la resolvió declarando la constitucionalidad del acto, ha complicado la confusión reinante. Pues, muchos han llegado a creer que el fallo de la Corte impide al Tribunal Electoral reconsiderar su Decreto y concluir el presente proceso electoral reconociendo la autenticidad de las elecciones populares más concurridas que ha habido en la historia de nuestra República". Se inició así un periódico político verdaderamente incierto y peligroso, agudizándose la crisis, cuando en junio de ese año renunció a su alto cargo en las Fuerzas de Defensa, el Coronel Eduardo Herrera Díaz convirtiendo al país en un absoluto caos político, económico y social.
Sin vislumbrar una solución interna al grave problema que vivíamos, ocurrió, con todas sus graves consecuencias, la invasión norteamericana del 20 de diciembre de 1989, encargándose de la Presidencia el candidato ganador en las pasadas elecciones, el Licenciado Endara Galimany. Así se enrumbó el país por senderos democráticos y de progreso, terminando, de muy mala manera, el peor período de nuestra historia republicana.
De allí que no podamos estar de acuerdo con tan insólito dislate del expresidente Pérez Balladares. Tan disparatada tesis no la entendemos en boca de un hombre que muy recientemente ha dirigido los destinos del país por cinco años.
Llegará primero el momento de analizar las bondades del gobierno del presidente Pérez Balladares, para luego hacer lo mismo, a su debido tiempo, con el recién iniciado gobierno de la presidente Moscoso. Tales afirmaciones pueden llegar a tener memoria política muy precaria, o que, teniéndola, algunos malos políticos no resultan sinceros cuando de desacreditar y menospreciar a sus opositores se trata. En fin de cuentas, tan criticables expresiones sólo nos demuestran la vigencia de aquel viejo adagio según el cual, "todas las comparaciones son odiosas". Esta lo es, pero por lo absurda y mentirosa.

101 años de Panamá América

 
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