El peregrino y los patriarcas
Nuestro actual Pontífice, Juan Pablo II, de origen eslavo, en uno de sus grandes y anhelados deseos visitó Ucrania con una previsible respuesta positiva de parte de la cristiandad creyente. Animó, confortó, orientó con sus discursos, con su ejemplo de perdón, con su afecto a aquellas multitudes que en números aproximados llegaron hasta cien mil en algunas de las concentraciones.
De parte del gobierno civil recibió un cortés respaldo e incluso, compartió con sus mentores los grandes momentos de su visita. No así de parte del líder religioso representativo de la Religión Ortodoxa Greco Rusa que, de acuerdo con el vocabulario de algún editorialista, descortésmente huyó a otra región a buscar un saludable descanso declinando la invitación de Juan Pablo a un encuentro de oración y de diálogo, gesto que llaman "el Plantón de Vladimir"... Dejó plantado a Su Santidad Juan Pablo II, y en él a todo lo que él representa, la cristiandad occidental. Afortunadamente, otros representantes de esta gran cristiandad oriental, pese a las persistentes diferencias que aún se mantienen, respondieron al mismo gesto papal de la visita a las comunidades católicas leales a Roma en esas regiones, con la altura que se esperaba de sus investiduras, no así el Patriarca de marras.
Los patriarcas Alexei II (Alejo II), del Patriarcado de Moscú, el Patriarca Vladimir de Kiev, Milaret, vicario de Vladimir leales a Moscú, aunque mantenían un diálogo con Roma, sin embargo, se oponían a la visita del Papa.
Por otro lado, Filaret del Patriarcado independiente de Ucrania, separada de la de Moscú y la minoría de la Iglesia Autecéfala de Ucrania sí se reunieron con el Sumo Pontífice. No conocemos cuál es la patriarca propia de la Iglesia Autocéfala.
La objeción de que el viaje del Papa era con fines proselitista quedó desecha al comprobarse que la razón era otra y era el temor que tal visita aupase la credibilidad de los disidentes de Moscú. Proselitismo es más bien la reanimación de las comunidades católicas perseguidas por Stalin y sus sucesores. El Patriarcado de Moscú disfrutó durante cuarenta años de los templos y otros bienes que las autoridades de Moscú confiscaron a la Iglesia uniata al declararla ilegal en 1946 y obligaría a la clandestinidad como única vía de supervivencia.
La Iglesia greco-católica recuperó oficialmente su derecho a existir en 1989 con Garbachov. Ese mismo año, unas 2000 parroquias decidieron desligarse de la Iglesia Ortodoxa de Patriarcado de Moscú a la que habían sido anexionadas por la fuerza por los comunistas, para volver con Roma. Hoy día ambas iglesias se disputan judicialmente un millar de templos.
En mayo, los dos nuevos cardenales ucranianos hablamos en Roma del viaje papal. El arzobispo mayor de Lviv de los ucranianos Lubomyr Husar, afirmó que "el futuro de nuestra Iglesia greco-católica es el de ser puente, o mejor aún, mediadora entre el occidente latino y oriente bizantino" por otro lado, el arzobispo de Lviv de los latinos, cardenal Marian Jaworski indica que uno de los más grandes problemas en el diálogo con los ortodoxos es precisamente su división.
Dado que el pueblo ucraniano aún no ha superado el trama y la grave consecuencia derivada de la explosión de la central nuclear de Chernobyl, el Papa ha donado al Hospital Pediátrico de Kiev, capital ucraniana, un equipo de operaciones para niños, y una planta de reanimación para los recién nacidos, con destino al mismo hospital. Ambas instalaciones ya estaban operando el 11 de junio, día en que se entregó oficialmente esta aportación de la Santa Sede a las autoridades ucranianas.
A todo esto, otro Patriarca Bartholomew de Constantinopla de la Iglesia Ecuménica Ortodoxa que se le conoce por su orientación Pro Católica, aparentemente, figura como el árbitro de la legitimidad de las iglesias rebeldes de Ucrania.
Si todo esto subyacía en la visita del Papa a Ucrania, lo mismo hay que repetir respecto a otro proyectado viaje a la Bielorrusia donde también aguardan su animación grupos católicos.
De parte del gobierno civil recibió un cortés respaldo e incluso, compartió con sus mentores los grandes momentos de su visita. No así de parte del líder religioso representativo de la Religión Ortodoxa Greco Rusa que, de acuerdo con el vocabulario de algún editorialista, descortésmente huyó a otra región a buscar un saludable descanso declinando la invitación de Juan Pablo a un encuentro de oración y de diálogo, gesto que llaman "el Plantón de Vladimir"... Dejó plantado a Su Santidad Juan Pablo II, y en él a todo lo que él representa, la cristiandad occidental. Afortunadamente, otros representantes de esta gran cristiandad oriental, pese a las persistentes diferencias que aún se mantienen, respondieron al mismo gesto papal de la visita a las comunidades católicas leales a Roma en esas regiones, con la altura que se esperaba de sus investiduras, no así el Patriarca de marras.
Los patriarcas Alexei II (Alejo II), del Patriarcado de Moscú, el Patriarca Vladimir de Kiev, Milaret, vicario de Vladimir leales a Moscú, aunque mantenían un diálogo con Roma, sin embargo, se oponían a la visita del Papa.
Por otro lado, Filaret del Patriarcado independiente de Ucrania, separada de la de Moscú y la minoría de la Iglesia Autecéfala de Ucrania sí se reunieron con el Sumo Pontífice. No conocemos cuál es la patriarca propia de la Iglesia Autocéfala.
La objeción de que el viaje del Papa era con fines proselitista quedó desecha al comprobarse que la razón era otra y era el temor que tal visita aupase la credibilidad de los disidentes de Moscú. Proselitismo es más bien la reanimación de las comunidades católicas perseguidas por Stalin y sus sucesores. El Patriarcado de Moscú disfrutó durante cuarenta años de los templos y otros bienes que las autoridades de Moscú confiscaron a la Iglesia uniata al declararla ilegal en 1946 y obligaría a la clandestinidad como única vía de supervivencia.
La Iglesia greco-católica recuperó oficialmente su derecho a existir en 1989 con Garbachov. Ese mismo año, unas 2000 parroquias decidieron desligarse de la Iglesia Ortodoxa de Patriarcado de Moscú a la que habían sido anexionadas por la fuerza por los comunistas, para volver con Roma. Hoy día ambas iglesias se disputan judicialmente un millar de templos.
En mayo, los dos nuevos cardenales ucranianos hablamos en Roma del viaje papal. El arzobispo mayor de Lviv de los ucranianos Lubomyr Husar, afirmó que "el futuro de nuestra Iglesia greco-católica es el de ser puente, o mejor aún, mediadora entre el occidente latino y oriente bizantino" por otro lado, el arzobispo de Lviv de los latinos, cardenal Marian Jaworski indica que uno de los más grandes problemas en el diálogo con los ortodoxos es precisamente su división.
Dado que el pueblo ucraniano aún no ha superado el trama y la grave consecuencia derivada de la explosión de la central nuclear de Chernobyl, el Papa ha donado al Hospital Pediátrico de Kiev, capital ucraniana, un equipo de operaciones para niños, y una planta de reanimación para los recién nacidos, con destino al mismo hospital. Ambas instalaciones ya estaban operando el 11 de junio, día en que se entregó oficialmente esta aportación de la Santa Sede a las autoridades ucranianas.
A todo esto, otro Patriarca Bartholomew de Constantinopla de la Iglesia Ecuménica Ortodoxa que se le conoce por su orientación Pro Católica, aparentemente, figura como el árbitro de la legitimidad de las iglesias rebeldes de Ucrania.
Si todo esto subyacía en la visita del Papa a Ucrania, lo mismo hay que repetir respecto a otro proyectado viaje a la Bielorrusia donde también aguardan su animación grupos católicos.