El perfeccionamiento del Estado
Ha culminado una etapa importante en la formación del Estado panameño con la transferencia de la propiedad y administración de nuestro Canal, áreas aledañas e instalaciones, y sobre todo, con el desmantelamiento de la presencia militar extranjera en nuestro territorio. Eramos hasta ahora un Estado incompleto, pues uno de los elementos consustanciales, el territorio, no estaba de manera absoluta bajo su control, ya que no se ejercía soberanía sobre él.
Desde el siglo antepasado, cuando se iniciaron los brotes independentistas por toda la América Hispana, Panamá dio sus primeros pasos en la formación de la nacionalidad al proclamar su independencia de España, pero no fue hasta 82 años después, cuando al tenor de un acto volitivo, que en ese entonces respondió más a la satisfacción de los intereses hegemónicos del imperialismo norteamericano que a la capacidad efectiva de los panameños de esa época para decidir su propio destino, cuando se configura la tentativa de constituirnos en Estado soberano e incursionar así en el concierto de nacionales con Estado propio. Pero esa tentativa no podía dar paso a la constitución real del Estado hasta que no se cumpliera con todos los presupuestos de la teoría política moderna que exige la concurrencia inexcusable de todos los elementos que conforman un Estado soberano. Hemos pues, alcanzado por fin la victoria, honrando así una estrofa de nuestro himno patrio, al lograr la consolidación de ese ideal nacional con la integración de todo nuestro territorio bajo control soberano.
Pero la lucha continúa. Si bien es cierto que durante casi un siglo todas las generaciones tuvieron en la aspiración de alcanzar la soberanía sobre nuestro territorio, su más claro objetivo nacional, y en torno al cual se concitaron todos los sectores que conforman la estructura social del Estado panameño, dibujando los primeros trazos de una insoslayable conciencia colectiva sobre tal necesidad; se hace preciso en estos momentos en que la puerilidad de la patria abre paso a la pubertad de ésta, que nos comportemos de acuerdo a esta condición cronológica, conservando la gloria de ese esfuerzo nacional, abandonando cualquier manifestación de conformismo y recordando que para llegar a una edad adulta el Estado debe pasar por otras etapas que nos toca cumplir o hacer cumplir a los que podemos hoy vivir la hermosa experiencia de ser testigos del legado histórico de quienes nos precedieron en el patriótico encomio de completar los elementos que definen el Estado Nacional.
Pero para lograr el mantenimiento de esa conciencia nacional dirigida a dotar al Estado de la madurez que requiere la más importante institución política moderna, se hace imperativo forjar un claro sentimiento de panameñeidad en su población, lo cual no se logra si hay una carencia colectiva de los siguientes elementos:
Confianza. La falta de confianza en la propia capacidad es uno de los más censurables vicios del panameño, cuya voz de alarma más notoria lo constituyen las encuestas, que revelan la preferencia del panameño porque se extienda, mantenga o continúe la presencia militar norteamericana en nuestro territorio, en abierto desafío a la lucha librada por nuestros antecesores.
Iniciativa. La orfandad de ideas y acciones propias nos niegan individualidad, nos restan independencia, desdibujan la personalidad del Estado y atentan contra la conciencia nacional.
Responsabilidad: El correcto cumplimiento de los deberes que le son inherentes a la persona humana que convive en una sociedad civilizada, fomenta el adecuado desarrollo del sentido de responsabilidad ciudadana, tanto individual como colectiva, elemento indispensable para distinguirnos en el concierto de la comunidad internacional.
Estos aspectos deben ser tomados en cuenta por quienes pretendemos sentirnos orgullosos de llamarnos panameños, ahora que se ha cumplido aquel capítulo de nuestra historia que nos ha permitido entrar al umbral del nuevo milenio, siendo completamente soberanos.
Desde el siglo antepasado, cuando se iniciaron los brotes independentistas por toda la América Hispana, Panamá dio sus primeros pasos en la formación de la nacionalidad al proclamar su independencia de España, pero no fue hasta 82 años después, cuando al tenor de un acto volitivo, que en ese entonces respondió más a la satisfacción de los intereses hegemónicos del imperialismo norteamericano que a la capacidad efectiva de los panameños de esa época para decidir su propio destino, cuando se configura la tentativa de constituirnos en Estado soberano e incursionar así en el concierto de nacionales con Estado propio. Pero esa tentativa no podía dar paso a la constitución real del Estado hasta que no se cumpliera con todos los presupuestos de la teoría política moderna que exige la concurrencia inexcusable de todos los elementos que conforman un Estado soberano. Hemos pues, alcanzado por fin la victoria, honrando así una estrofa de nuestro himno patrio, al lograr la consolidación de ese ideal nacional con la integración de todo nuestro territorio bajo control soberano.
Pero la lucha continúa. Si bien es cierto que durante casi un siglo todas las generaciones tuvieron en la aspiración de alcanzar la soberanía sobre nuestro territorio, su más claro objetivo nacional, y en torno al cual se concitaron todos los sectores que conforman la estructura social del Estado panameño, dibujando los primeros trazos de una insoslayable conciencia colectiva sobre tal necesidad; se hace preciso en estos momentos en que la puerilidad de la patria abre paso a la pubertad de ésta, que nos comportemos de acuerdo a esta condición cronológica, conservando la gloria de ese esfuerzo nacional, abandonando cualquier manifestación de conformismo y recordando que para llegar a una edad adulta el Estado debe pasar por otras etapas que nos toca cumplir o hacer cumplir a los que podemos hoy vivir la hermosa experiencia de ser testigos del legado histórico de quienes nos precedieron en el patriótico encomio de completar los elementos que definen el Estado Nacional.
Pero para lograr el mantenimiento de esa conciencia nacional dirigida a dotar al Estado de la madurez que requiere la más importante institución política moderna, se hace imperativo forjar un claro sentimiento de panameñeidad en su población, lo cual no se logra si hay una carencia colectiva de los siguientes elementos:
Confianza. La falta de confianza en la propia capacidad es uno de los más censurables vicios del panameño, cuya voz de alarma más notoria lo constituyen las encuestas, que revelan la preferencia del panameño porque se extienda, mantenga o continúe la presencia militar norteamericana en nuestro territorio, en abierto desafío a la lucha librada por nuestros antecesores.
Iniciativa. La orfandad de ideas y acciones propias nos niegan individualidad, nos restan independencia, desdibujan la personalidad del Estado y atentan contra la conciencia nacional.
Responsabilidad: El correcto cumplimiento de los deberes que le son inherentes a la persona humana que convive en una sociedad civilizada, fomenta el adecuado desarrollo del sentido de responsabilidad ciudadana, tanto individual como colectiva, elemento indispensable para distinguirnos en el concierto de la comunidad internacional.
Estos aspectos deben ser tomados en cuenta por quienes pretendemos sentirnos orgullosos de llamarnos panameños, ahora que se ha cumplido aquel capítulo de nuestra historia que nos ha permitido entrar al umbral del nuevo milenio, siendo completamente soberanos.