El periodismo y la democracia
No debería sorprendernos que un miembro del gabinete ministerial formule apreciaciones erróneas sobre el papel del periodismo en una democracia, si consideramos que el actual gobierno ha mantenido e instrumentado las leyes represivas contra la libertad de prensa engendradas por la dictadura militar y que, con propósitos ostensiblemente intimidatorios, ha instaurado procesos por supuestos delitos de calumnias e injuria contra diversos periodistas.
En el caso particular de la ministra de Gobierno, Mariela Sagel, colaboradora frecuente con artículos de opinión en diversos diarios, resulta desalentador que, a partir de su incorporación formal al gobierno, haya absorbido, por ósmosis política, las posiciones reñidas contra la libertad de expresión que caracterizan al régimen de Pérez Balladares. Los principios son permanentes, pero las posiciones políticas son pasajeras. Precisamente, en ceñimiento a los principios de la libertad de información es que se ha puesto al descubierto que se "pinchan" teléfonos y se viola el derecho a la privacidad de las personas, en un contubernio ilícito entre fiscales y policías. Antes al contrario de lo que piensan ministros y policías, las revelaciones periodísticas en esta materia defienden y preservan la democracia, en tanto que las intercepciones telefónicas y las grabaciones clandestinas corresponden al repertorio de acciones de los regímenes antidemocráticos.
Tal como dijo el novelista francés Stendhal, el periodismo libre es "un espejo en la mitad del camino". Un espejo que refleja todos los acontecimientos de un país, sean éstos constructivos o negativos, luminosos o sombríos, turbios o transparentes. El periodismo no crea los acontecimientos. Los recopila, organiza y transmite a la opinión pública a la que se debe y no a los gobiernos de turno. A menudo los acontecimientos irritan a las autoridades y provocan reacciones destempladas. No será la primera ni la última vez que esto suceda. Ni tampoco será la penúltima ocasión en que el periodismo independiente informe sobre esto o aquello, más allá de desmentidos falsos, críticas iracundas o juicios a los periodistas. Por lo demás, un sistema democrático se construye transmitiendo noticias para que las conozca e interpreten los lectores, como en los casos recientes de escuchas telefónicas que reciclan los peores capítulos de la dictadura militar.
En el caso particular de la ministra de Gobierno, Mariela Sagel, colaboradora frecuente con artículos de opinión en diversos diarios, resulta desalentador que, a partir de su incorporación formal al gobierno, haya absorbido, por ósmosis política, las posiciones reñidas contra la libertad de expresión que caracterizan al régimen de Pérez Balladares. Los principios son permanentes, pero las posiciones políticas son pasajeras. Precisamente, en ceñimiento a los principios de la libertad de información es que se ha puesto al descubierto que se "pinchan" teléfonos y se viola el derecho a la privacidad de las personas, en un contubernio ilícito entre fiscales y policías. Antes al contrario de lo que piensan ministros y policías, las revelaciones periodísticas en esta materia defienden y preservan la democracia, en tanto que las intercepciones telefónicas y las grabaciones clandestinas corresponden al repertorio de acciones de los regímenes antidemocráticos.
Tal como dijo el novelista francés Stendhal, el periodismo libre es "un espejo en la mitad del camino". Un espejo que refleja todos los acontecimientos de un país, sean éstos constructivos o negativos, luminosos o sombríos, turbios o transparentes. El periodismo no crea los acontecimientos. Los recopila, organiza y transmite a la opinión pública a la que se debe y no a los gobiernos de turno. A menudo los acontecimientos irritan a las autoridades y provocan reacciones destempladas. No será la primera ni la última vez que esto suceda. Ni tampoco será la penúltima ocasión en que el periodismo independiente informe sobre esto o aquello, más allá de desmentidos falsos, críticas iracundas o juicios a los periodistas. Por lo demás, un sistema democrático se construye transmitiendo noticias para que las conozca e interpreten los lectores, como en los casos recientes de escuchas telefónicas que reciclan los peores capítulos de la dictadura militar.