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El perro


Este prehistórico y universal canino de diversos tipos, dentro de su especie tiene un ejemplar del cual se conocen maravillosas y conmovedoras pruebas de fidelidad y abnegación. Tal es el llamado doméstico. Se le considera, acertadamente, como el mejor amigo del hombre.
En nuestra columna de hoy, a título de introducción, nos referimos al caso de un perro excepcional al que presentaremos el jueves 27.
No se sabe de él cuándo ni dónde nació. Jamás tuvo amo ni fue domesticado, paradójicamente. Vagabundo, independiente y sociable, probo, psicólogo, juez, aficionado al teatro asiduo concurrente a las corridas de toros, en las postrimerías del siglo XIX, en Madrid.
Para entonces no había logrado aún Alexander Graham Bell perfeccionar su invento del teléfono, porque en el año 1800 el alcance de la voz era apenas de unos kilómetros. No se conocía aún en España el aparato, pero las acciones de ese perro fueron de tanta repercusión, que se sabían de ellas hasta en las aldeas más remotas del país, sin que traspasaran sus fronteras.
Gracias a un libro intitulado Anecdotario Histórico, escrito por Natalio Rivas Santiago y prolongado por Gregorio Marañón (M. Aguilar, Editor-Madrid, 1946) hemos tenido la suerte de conocer rasgos de la vida del Perro Paco, que así se llamaba.
El autor del libro mencionado fue un varón muy respetable y lo que dice en su libro sobre Paco es porque lo vio. Afirma que no menciona otras cosas, porque las supo de oídas y por el temor de que resultaran increíbles.

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