El pesimismo, desfachatez y cinismo
La sociedad panameña se encuentra hoy día sumida peligrosamente en gran pesimismo frente a la corrupción, la falta de sanciones y a la carencia de ética en casi todos los sectores que la componen. Existe una corrupción muy generalizada en la mayoría de los sectores de la comunidad y hay una carencia absoluta de sanción. (Aquí los delitos quedan siempre sin castigo, pareciera que el crimen sí paga). En la Asamblea Legislativa se ha dado toda clase de escándalos y de actos de corrupción que en cualquier otro país muchos de sus miembros estarían en la cárcel. En la empresa privada se han cometido también casos de probada corrupción, en los cuales tampoco se han dado -y parece que no se van a dar- las sanciones que sus delitos merecen. La Iglesia Católica también ha sido afectada con escándalos y parece haber disminuido su influencia. El gobierno, por su parte, ha sido acusado de falta de transparencia y su credibilidad es puesta en duda.
El pesimismo, según el diccionario significa: derrotismo, melancolía, desilusión, acobardamiento, apatía, etc. Hay que agregarle ahora el cinismo, que quiere decir desvergüenza y descaro con que vienen comportándose la mayoría de los que han transgredido la ley y que, con una desfachatez inaudita, actúan como si fuera un dechado de virtudes. Han colocado al panameño libre de complicidades delictivas en un estado de, hasta ahora, callada represión. A la falta de moral colectiva existente me he referido en varios artículos: "Aquí no pasa nada", "Mi sexto sentido" y "Se abrió la caja de pandora", llamando la atención de que un país no puede seguir soportando la inmunidad de quienes se sienten por encima de la ley. Ellos serán los responsables de que nuestro pueblo, en su desesperación, busque cambios radicales que podrían ser muy peligrosos para la institucionalidad del país. Si bien es cierto que se hace necesaria la recuperación económica: darle más trabajo y oportunidades al panameño; es imprescindible, también, que comencemos desde la propia familia y desde las escuelas a inculcarle a todos la necesidad de conducirse en las distintas actividades en que se mueven en sociedad la moralidad pública y personal.
Panamá se aboca a un caos si no desterramos el pesimismo, la desfachatez y el cinismo con que hoy muchos de saco y corbata, de guayaberas o aún en camisetas dan los ejemplos más tristes que nos llevará, si no cambiamos de actitud; a que impere en nuestra sociedad el delito sobre la ley y la ética personal y colectiva. Es así como una sociedad va poco a poco degenerándose y en ese camino pareciera que nos estamos encaminando.
Si alguna esperanza aún tenemos los panameños, es que vuelva la sensatez, que el Ejecutivo, deje la politiquería y se oriente a dejar algo que los ciudadanos podamos evaluar. Hay que dejar promover inversiones y eso requiere planes, controles, seguridad jurídica y orientación oportuna.
(yesimaria@hotmail.com)
El pesimismo, según el diccionario significa: derrotismo, melancolía, desilusión, acobardamiento, apatía, etc. Hay que agregarle ahora el cinismo, que quiere decir desvergüenza y descaro con que vienen comportándose la mayoría de los que han transgredido la ley y que, con una desfachatez inaudita, actúan como si fuera un dechado de virtudes. Han colocado al panameño libre de complicidades delictivas en un estado de, hasta ahora, callada represión. A la falta de moral colectiva existente me he referido en varios artículos: "Aquí no pasa nada", "Mi sexto sentido" y "Se abrió la caja de pandora", llamando la atención de que un país no puede seguir soportando la inmunidad de quienes se sienten por encima de la ley. Ellos serán los responsables de que nuestro pueblo, en su desesperación, busque cambios radicales que podrían ser muy peligrosos para la institucionalidad del país. Si bien es cierto que se hace necesaria la recuperación económica: darle más trabajo y oportunidades al panameño; es imprescindible, también, que comencemos desde la propia familia y desde las escuelas a inculcarle a todos la necesidad de conducirse en las distintas actividades en que se mueven en sociedad la moralidad pública y personal.
Panamá se aboca a un caos si no desterramos el pesimismo, la desfachatez y el cinismo con que hoy muchos de saco y corbata, de guayaberas o aún en camisetas dan los ejemplos más tristes que nos llevará, si no cambiamos de actitud; a que impere en nuestra sociedad el delito sobre la ley y la ética personal y colectiva. Es así como una sociedad va poco a poco degenerándose y en ese camino pareciera que nos estamos encaminando.
Si alguna esperanza aún tenemos los panameños, es que vuelva la sensatez, que el Ejecutivo, deje la politiquería y se oriente a dejar algo que los ciudadanos podamos evaluar. Hay que dejar promover inversiones y eso requiere planes, controles, seguridad jurídica y orientación oportuna.
(yesimaria@hotmail.com)