El pesimismo en Panamá
Gallup Internacional sostiene que el 37% de los panameños dijo que el 2008 será peor que el 2007, y que Panamá es el país más pesimista de América Latina y el décimo a nivel mundial. (Panamá América, 22 de diciembre 2007). Quiero ligar esta nota periodística con otra que hace alusión al aumento en el consumo de cerveza de los panameños.
Igualmente, me he de referir al crecimiento en la actividad de los casinos que tendrán ingresos por 840 millones de dólares al finalizar el 2007.
Cuando una persona adquiere responsabilidades y encuentra obstáculos habrá de enfrentarse con acierto, responsabilidad y tolerancia. Si la persona no consigue el éxito puede considerarse a sí mismo un fracasado. Y si no tolera el fracaso, puede caer fácil en situaciones de complicidad como el evadir sus compromisos y hundirse en el alcohol, los juegos de azar, etc., en que la inestabilidad emocional y mental hace que la desesperación lo atormente hasta llevarlo a la violencia o al suicidio. Y si las empresas fabricantes de alcohol aumentan su producción y los casinos logren atraer más adeptos, es porque realmente sus dueños no les importa en lo más mínimo con la salud mental del panameño. Podrán existir asociaciones anónimas de adictos y esto jamás va a lograr que miles de panameños logren su estabilidad emocional, porque lo que se vende es basura que no tiene nada que ver con el entretenimiento sano del panameño.
Ser pesimista es un estado mental negativo, una especie de contaminación y daltonismo psíquico. Una persona triste, depresiva y pesimista afecta psíquicamente no sólo su cuerpo, también afecta su entorno. El pesimista vive con temor y de ideas prometedoras que no se llegan a cristalizar por su falta de confianza y perseverancia en la búsqueda de soluciones efectivas. La ambición y el poder nos pueden llevar a la extinción de una gran civilización y nosotros estamos a punto de eso por nuestra cultura de la anarquía y la guerra por la codicia que nos está llevando a un punto de no retorno.
Que el panameño es alegre de por sí, a veces he de dudarlo. Me parece más bien que "la procesión la lleva por dentro" y la alegría es su apariencia. Cada persona lleva una cubeta de estados afectivos invisible y cuando las cosas andan mal, cae fácilmente en el pesimismo, sobre todo, cuando no se humaniza a la persona.
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