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El peso de la Ley para todos



Una de las manifestaciones más claras del deterioro que se viene dando paulatinamente en nuestro país es el irrespeto consuetudinario a las señales que, apostadas sobre las vías, pretenden poner algo de orden en el caótico flujo vehicular.
Todos los días se producen violaciones gravísimas al reglamento de tránsito, y por obra y gracia de la Divina Providencia, es que no tenemos un mayor número de víctimas fatales en accidentes en nuestras calles y carreteras.
Muchos conductores irrespetan los cambios de luz en los semáforos, sin que ningún agente del tránsito atine a detener y multar a los infractores. Entre otras cosas, porque no hay agentes de tránsito en los semáforos, salvo para dirigir el tráfico en las cada vez mayores "horas pico".
Tampoco las señales de no girar a la izquierda en ciertos cruces, ni de solo seguir hacia la derecha o la izquierda en las bocacalles que salen a la Calle 50, son respetadas casi nunca.
Pero como en muchas otras de las actividades que se desarrollan en el país, el peso de la Ley suele sólo caerle a aquellos que son los ciudadanos más dispuestos a cumplirla. Esa es una terrible contradicción, pero es así como lamentablemente sucede en nuestras latitudes tercermundistas.
El día en que, a manera de ejemplo, la Autoridad Nacional del Ambiente haga sancionar ejemplarmente a las verdaderas empresas depredadoras, en lugar de sólo multar al ciudadano que podó un árbol en su casa sin solicitar el respectivo permiso, se mandaría un tremendo y positivo mensaje: el peso de la Ley para todos.

101 años de Panamá América

 
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