El petróleo y el silencio del Gobierno
Durante dos años el gobierno ha negociado con la Refinería Panamá una agenda de temas que buscaba acuerdos en torno a la conclusión del contrato ley y las características del nuevo mercado de suministro de combustibles. De pronto, cuando las negociaciones parecían haber concluido con acuerdos importantes y satisfactorios para las partes, el Gobierno se ha encerrado en un mutismo desconcertante.
La empresa Chevron-Texaco ha confirmado unilateralmente que se ha llegado a conclusiones satisfactorias para finalizar el contrato que le concedió por varias décadas el monopolio de la refinación. Al mismo tiempo, Chevron-Texaco habría concordado en dejar sin efecto la reclamación económica llevada al terreno del arbitraje internacional por incumplimiento de la exclusividad de la refinación e importación de combustible, y el Gobierno habría aceptado igualmente cancelar el reclamo de la indemnización por el derrame de hidrocarburos en las aguas de Bahía Las Minas.
¿Cuál es la causa del silencio oficial? El hermetismo fomenta especulaciones de todo tipo. Entre las versiones que circulan en los medios políticos hay una que afirma que cuando se iba a informar en sesión de gabinete los resultados de las negociaciones petroleras, por iniciativa del más alto nivel del Organo Ejecutivo, se habría postergado la difusión del acuerdo con Refinería Panamá por temor que las protestas callejeras derivadas del contrato del CEMIS se exacerbaran en la ciudad de Colón.
Obviamente, el mutismo gubernamental no pudo impedir que se conociera la opción de liquidar la Refinería para dar paso a un mercado libre de importación de combustible y que los trabajadores de Chevron-Texaco propusieran puntos contradictorios, como la continuidad de su fuente de ocupación y salarios, es decir la permanencia de la Refinería Panamá. ¿ Qué dice al respecto el gobierno? La opinión pública desconoce la posición gubernamental en un tema de tanta incidencia en el desarrollo económico. Pero el temor a las protestas callejeras no es un argumento justificatorio del silencio. La responsabilidad de gobernar exige la adopción de decisiones y el abandono de estrategias de postergaciones miedosas. Ello es más imperativo si se toma en cuenta que resulta inexplicable que el mutismo sobrevenga cuando por fin se ha logrado un acuerdo largamente anhelado en torno a la apertura del mercado petrolero.
La empresa Chevron-Texaco ha confirmado unilateralmente que se ha llegado a conclusiones satisfactorias para finalizar el contrato que le concedió por varias décadas el monopolio de la refinación. Al mismo tiempo, Chevron-Texaco habría concordado en dejar sin efecto la reclamación económica llevada al terreno del arbitraje internacional por incumplimiento de la exclusividad de la refinación e importación de combustible, y el Gobierno habría aceptado igualmente cancelar el reclamo de la indemnización por el derrame de hidrocarburos en las aguas de Bahía Las Minas.
¿Cuál es la causa del silencio oficial? El hermetismo fomenta especulaciones de todo tipo. Entre las versiones que circulan en los medios políticos hay una que afirma que cuando se iba a informar en sesión de gabinete los resultados de las negociaciones petroleras, por iniciativa del más alto nivel del Organo Ejecutivo, se habría postergado la difusión del acuerdo con Refinería Panamá por temor que las protestas callejeras derivadas del contrato del CEMIS se exacerbaran en la ciudad de Colón.
Obviamente, el mutismo gubernamental no pudo impedir que se conociera la opción de liquidar la Refinería para dar paso a un mercado libre de importación de combustible y que los trabajadores de Chevron-Texaco propusieran puntos contradictorios, como la continuidad de su fuente de ocupación y salarios, es decir la permanencia de la Refinería Panamá. ¿ Qué dice al respecto el gobierno? La opinión pública desconoce la posición gubernamental en un tema de tanta incidencia en el desarrollo económico. Pero el temor a las protestas callejeras no es un argumento justificatorio del silencio. La responsabilidad de gobernar exige la adopción de decisiones y el abandono de estrategias de postergaciones miedosas. Ello es más imperativo si se toma en cuenta que resulta inexplicable que el mutismo sobrevenga cuando por fin se ha logrado un acuerdo largamente anhelado en torno a la apertura del mercado petrolero.