El petróleo y la guerra
Cada quien habla de la fiesta conforme le fue en ella, reza el conocido refrán. Lo que para el mundo es motivo de preocupación, para las empresas y países petroleros puede ser de regocijo. Los precios del crudo se dispararon batiendo nuevamente su récord histórico al tocar casi los 80 dólares por barril.
En Panamá los precios podrían llegar a elevarse a cerca de 4 balboas el galón de gasolina de 95 octanos, si se atiende a la relación aritmética entre el valor del crudo y el precio del combustible de los últimos años, que es casi siempre de 5% aproximadamente. Según esta fórmula, si el precio del barril llega a 100 dólares -tal como muchos anticipan- el galón en nuestro país tendría un precio de alrededor de 5 balboas.
Las perspectivas de los precios son pésimas. La guerra de Israel con Hamas, Hezbola, Palestina y Líbano, ha venido a agravar las cosas, lo cual nos llega a recordar otro dicho popular: "Tras que el niño es llorón, encima de eso, lo pellizcan". Ya los precios del crudo estaban demasiado altos antes de la guerra, por un cúmulo de factores, siendo la insuficiente cantidad de refinerías uno de los principales, para venir ahora a prenderse la mecha del conflicto en un área geográfica que tiene las mayores reservas petroleras del planeta.
Lo peor es que no hay voluntad de las partes en guerra, ni de las potencias occidentales, incluyendo a Estados Unidos, ni de Rusia, para pararla. Por el contrario, parecen mirar hacia un lado, como si no fuera asunto de ellos. Y posiblemente tengan razón. Rusia y Estados Unidos tienen petróleo de sobra o el dinero suficiente para pagarlo al precio que sea. Los países pobres y dependientes del crudo como el nuestro no.
¿Qué nos queda? Arreciar el desarrollo de alternativas energéticas que disminuyan la dependencia del país de la situación internacional. Es hora de hundir el acelerador con el gas natural colombiano y venezolano, la refinería - quien quiera la construya y pague- la alcoholina y la energía eólica del viento. Y mientras tanto, ahorrar combustible, apagando más y rodando menos.
En Panamá los precios podrían llegar a elevarse a cerca de 4 balboas el galón de gasolina de 95 octanos, si se atiende a la relación aritmética entre el valor del crudo y el precio del combustible de los últimos años, que es casi siempre de 5% aproximadamente. Según esta fórmula, si el precio del barril llega a 100 dólares -tal como muchos anticipan- el galón en nuestro país tendría un precio de alrededor de 5 balboas.
Las perspectivas de los precios son pésimas. La guerra de Israel con Hamas, Hezbola, Palestina y Líbano, ha venido a agravar las cosas, lo cual nos llega a recordar otro dicho popular: "Tras que el niño es llorón, encima de eso, lo pellizcan". Ya los precios del crudo estaban demasiado altos antes de la guerra, por un cúmulo de factores, siendo la insuficiente cantidad de refinerías uno de los principales, para venir ahora a prenderse la mecha del conflicto en un área geográfica que tiene las mayores reservas petroleras del planeta.
Lo peor es que no hay voluntad de las partes en guerra, ni de las potencias occidentales, incluyendo a Estados Unidos, ni de Rusia, para pararla. Por el contrario, parecen mirar hacia un lado, como si no fuera asunto de ellos. Y posiblemente tengan razón. Rusia y Estados Unidos tienen petróleo de sobra o el dinero suficiente para pagarlo al precio que sea. Los países pobres y dependientes del crudo como el nuestro no.
¿Qué nos queda? Arreciar el desarrollo de alternativas energéticas que disminuyan la dependencia del país de la situación internacional. Es hora de hundir el acelerador con el gas natural colombiano y venezolano, la refinería - quien quiera la construya y pague- la alcoholina y la energía eólica del viento. Y mientras tanto, ahorrar combustible, apagando más y rodando menos.