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El Plan Washington


Miami (AIPE)- Bill Clinton estuvo unas horas en Nigeria -resolviendo el problema de los altos precios del petróleo-, en Egipto -resolviendo el problema entre palestinos e israelíes- y en Cartagena de Indias -resolviendo el problema del narcotráfico. Si usted cree en todo esto, déjeme que le cuente el cuento de la Caperucita Roja.
El Plan Colombia diseñado por el presidente Andrés Pastrana le va a dar algunas semanas de oxígeno a un gobierno bastante bien intencionado, pero que claramente ha fracasado en avanzar hacia una solución en los horribles problemas que enfrenta la nación colombiana. Los políticos y unos cuantos empresarios colombianos están salivando ante esa entrada de 1.300 millones de dólares, pero en su ser interior saben perfectamente que eso no representa ni lejanamente una salida para Colombia. Gracias a la política de Estados Unidos, la cual ha hecho todo lo posible por aumentar las ganancias de las mafias de narcotraficantes, 1.300 millones de dólares podrá ser mucha plata para los políticos colombianos, pero no asusta a quienes lavan varias veces esa cantidad de dinero cada año.
Las fotos de Clinton con Darling, el perro colombiano entrenado para olfatear la cocaína, y con el sombrero igualito al de Pastrana salieron muy bonitas. Forman parte del Plan Washington de aparentar mano dura contra las drogas y ganar votos en las elecciones de noviembre. La guerra en Colombia tiene también el firme apoyo de los fabricantes de los 60 helicópteros que Estados Unidos está aportando. ¿Quién dijo que sólo los republicanos son amigos de los fabricantes de armamentos? Estos la estarían pasando muy, pero muy mal si la guerra en Kosovo no se hubiera presentado en el momento adecuado para distraer la atención del público norteamericano de las andanzas de Bill con Mónica. Ahora la cosa es más seria. No es cuestión de faldas y de mentirillas bajo juramento. Se trata de que Al Gore extienda la era clintonista al menos por cuatro años más.
El Plan Washington también confirma la decisión política de hacer todo lo posible para que el jolgorio de las drogas lo sigan disfrutando los residentes de Estados Unidos, mientras que los muertos y las batallas campales sigan en aumento en América Latina. La llamada guerra contra las drogas, que no ha sido otra cosa que una guerra contra los países andinos y contra los negros de los barrios más pobres de las ciudades de Estados Unidos (las prisiones están repletas de un altísimo porcentaje de jóvenes negros acusados de usar o vender drogas), ya no sólo corrompe a nuestros funcionarios, a nuestras policías, a nuestros militares y a nuestros sistemas judiciales, sino que ahora procede a devastar con fumigaciones los campos y las selvas de la cordillera de Los Andes. Y ¿qué dice Al Gore, el gran defensor de la ecología? Chitón, candado.
Pero quizá la cúspide de la hipocresía la alcanzamos con eso del programa de sustitución de cosechas. ¿Quién va a creer que los campesinos colombianos que cosechan coca van a ser convencidos de que más les conviene sembrar lechugas? Eso sólo sería posible si Washington prohíbe terminantemente el tráfico de lechugas y establece una agencia paralela a la DEA para combatir el consumo y la inhalación del humo de lechugas.
Si nos fijamos bien en lo que está sucediendo y logramos apartar por unos minutos la propaganda
masiva, nos damos cuenta que Hugo Chávez no es el único payaso en las Américas hoy en día. (c)
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Director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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