El pobre viejo Fuller y su triste realidad
Las calamidades tienen diversas formas de presentarse y para el viejo Serafín Fuller Abrego, le han llegado de todas las maneras posibles. El viejo Fuller como le llaman sus amigos, cuenta con 77 años de edad y reside desde hace 63 años en un terreno ubicado en la vía Domingo Díaz, en el carril que conduce hacia el centro de la ciudad, exactamente antes de llegar a Café Gilka.
El anciano hombre de tez morena, cabello canoso y de piel que refleja el paso del tiempo vive en un pequeño cuarto formado por hojas de zinc, las que quedaron luego que un incendio, según él, intencionado, consumiera lo poco que tenía en el caserón que se encontraba en el sitio donde hoy vive, en compañía de sus dos hijos menores, el Junier de 14 y la menor de 10 años.
Sus hijos actualmente estudian y con el poco dinero que percibe procura cumplirles para que tengan una educación que los prepare para ser gente de bien, como se lo ha enseñado en medio de la miseria en se encuentran.
Fuller, quien es jubilado, residía en un viejo caserón que estaba a punto de desplomarse junto a su señora y sus dos menores. Aseguró que su concubina quien era mucho menor que él, lo abandonó hace dos años por otra persona y desde esa vez optó por educar a sus hijos por su propia cuenta, aunque reconoce que la madre de éstos no los ha abandonado, sino que los menores prefieren estar con él, a pesar de que con su madre pudiesen estar un poco mejor.
La casa del infortunado, según nos contó, fue incendiada el pasado 23 de enero por personas inescrupulosas quienes antes de quemar la vivienda procedieron a robarle lo poco que tenía en el lugar, incluyendo un retrato de varios santos, entre estos a su amado Don Bosco.
Fuller no se encontraba en su casa, pues estaba en compañía de sus dos hijos cobrando su salario de jubilado, el que asciende a 45 balboas con seis centésimos quincenales, dinero éste que le debe alcanzar hasta la próxima fecha de cobro.
"Yo padezco de taquicardia, la que me afectó luego de presenciar la quema de mi casa que fue reducida a escombros, menos mal que conmigo estaban personas que me conocen y me auxiliaron en ese momento", explicó el anciano.
Sostuvo que más dura fue la realidad al saber que quedaba junto a mis hijos en la intemperie, sin embargo, la madre de éstos al saber lo que había ocurrido llegó a buscar a los menores para que se quedaran con ella por esos días. "Les di los últimos ocho balboas que tenía en el bolsillo para que tuvieran dinero", agregó el infortunado.
Dijo que entre las pérdidas materiales que tuvo en el fuego estaba una vitrina, dos televisores, un radio, dos camas y toda la ropa de él y de sus hijos.
"Pase la noche en vela, pues no pude dormir por el golpe que acababa de recibir y del que sabía era muy difícil levantarme", reconoció el hombre. Fuller hizo especial énfasis en que ninguna autoridad se le acercó para ver cómo lo podían ayudar salvo algunos funcionarios de la Junta Comunal del corregimiento José Domingo Espinar, quienes le ofrecieron ocho hojas de zinc con pequeños orificios y 12 tucos (2X4) que estaban podridos.
Resaltó que lo ofrecido por la Junta Comunal no le sirvió, por lo que tuvo que buscar entre los escombros del incendio las hojas de zinc que utilizaría de pared y techo para vivir. Sostuvo que ningún legislador, autoridad municipal o de algún ministerio se ha apersonado hasta la fecha, para conversar sobre su problema.
Al ser preguntado acerca de cómo es pasar las noches en este improvisado "hogar", nos miró fijamente a los ojos y esbozando una sonrisa sarcástica, respondió, "son como las peores noches que pasan los puercos en un chiquero".
El pobre hombre le hizo el reconocimiento a los vecinos del lugar, quienes según dijo se han comportado a la altura, apoyándolo con ropa, catres, colchón, madera y comida.
Igualmente señaló que hay dos empresarios que le solicitaron no revelar sus nombres quienes le han colaborado enormemente e inclusive le han ayudado con los útiles y uniformes para la escuela de sus hijos.
Agregó que una vez incendiada su vivienda tenía que realizar sus necesidades fisiológicas en cualquier lugar, pues hasta este sitio había sido presa de las llamas, actualmente cuenta con una improvisada letrina hecha de zinc. Añadió que el agua la obtiene de un grifo de una empresa aledaña al que le han dado acceso para suplir sus necesidades.
El anciano quién tiene problemas de la visión y en los huesos se desplaza por su vivienda apoyado de un improvisado bastón, que no es más que un pedazo de PVC. Un tanto apenado procedió a mostrarnos su humilde hogar, que está conformado por un colchón doble donde duerme junto a su hija, en el que revoloteaban gran cantidad de moscas, un pedazo de colcha donde duerme el Junior, dos mitades de bloques y una parrilla, los que hacen la función de estufa, y que muchas veces no utilizan porque no hay para comer.
Además de un televisor blanco y negro de 12 pulgadas que no tiene sonido, sólo imagen, un banco que hace la función de silla de comedor y un mueble viejo que sirve de mesa donde se come y se estudia, un bombillo eléctrico que alumbra todo el lugar, que mide alrededor de tres metros de ancho por cuatro de largo.
"Yo soy un hombre cristiano, soy de fe y todas las noches les doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado en el día y todas las mañanas agradezco por el nuevo día y no les miento, se me salen las lágrimas, pero mis hijos me dan las fuerzas necesarias para seguir", dijo con voz entrecortada.
Fuller quien estuvo acompañado de su fiel amigo, el perro "Canelo", evidenció su preocupación ante la llegada de la estación lluviosa, pues lo poco que tiene se le mojará y lo que más le inquieta es que durante una lluvia con brisa se le vuelen las hojas de zinc que normalmente hacen la función de techo pero para este hombre y sus dos hijos además hace las veces de pared.
El anciano hombre de tez morena, cabello canoso y de piel que refleja el paso del tiempo vive en un pequeño cuarto formado por hojas de zinc, las que quedaron luego que un incendio, según él, intencionado, consumiera lo poco que tenía en el caserón que se encontraba en el sitio donde hoy vive, en compañía de sus dos hijos menores, el Junier de 14 y la menor de 10 años.
Sus hijos actualmente estudian y con el poco dinero que percibe procura cumplirles para que tengan una educación que los prepare para ser gente de bien, como se lo ha enseñado en medio de la miseria en se encuentran.
Fuller, quien es jubilado, residía en un viejo caserón que estaba a punto de desplomarse junto a su señora y sus dos menores. Aseguró que su concubina quien era mucho menor que él, lo abandonó hace dos años por otra persona y desde esa vez optó por educar a sus hijos por su propia cuenta, aunque reconoce que la madre de éstos no los ha abandonado, sino que los menores prefieren estar con él, a pesar de que con su madre pudiesen estar un poco mejor.
La casa del infortunado, según nos contó, fue incendiada el pasado 23 de enero por personas inescrupulosas quienes antes de quemar la vivienda procedieron a robarle lo poco que tenía en el lugar, incluyendo un retrato de varios santos, entre estos a su amado Don Bosco.
Fuller no se encontraba en su casa, pues estaba en compañía de sus dos hijos cobrando su salario de jubilado, el que asciende a 45 balboas con seis centésimos quincenales, dinero éste que le debe alcanzar hasta la próxima fecha de cobro.
"Yo padezco de taquicardia, la que me afectó luego de presenciar la quema de mi casa que fue reducida a escombros, menos mal que conmigo estaban personas que me conocen y me auxiliaron en ese momento", explicó el anciano.
Sostuvo que más dura fue la realidad al saber que quedaba junto a mis hijos en la intemperie, sin embargo, la madre de éstos al saber lo que había ocurrido llegó a buscar a los menores para que se quedaran con ella por esos días. "Les di los últimos ocho balboas que tenía en el bolsillo para que tuvieran dinero", agregó el infortunado.
Dijo que entre las pérdidas materiales que tuvo en el fuego estaba una vitrina, dos televisores, un radio, dos camas y toda la ropa de él y de sus hijos.
"Pase la noche en vela, pues no pude dormir por el golpe que acababa de recibir y del que sabía era muy difícil levantarme", reconoció el hombre. Fuller hizo especial énfasis en que ninguna autoridad se le acercó para ver cómo lo podían ayudar salvo algunos funcionarios de la Junta Comunal del corregimiento José Domingo Espinar, quienes le ofrecieron ocho hojas de zinc con pequeños orificios y 12 tucos (2X4) que estaban podridos.
Resaltó que lo ofrecido por la Junta Comunal no le sirvió, por lo que tuvo que buscar entre los escombros del incendio las hojas de zinc que utilizaría de pared y techo para vivir. Sostuvo que ningún legislador, autoridad municipal o de algún ministerio se ha apersonado hasta la fecha, para conversar sobre su problema.
Al ser preguntado acerca de cómo es pasar las noches en este improvisado "hogar", nos miró fijamente a los ojos y esbozando una sonrisa sarcástica, respondió, "son como las peores noches que pasan los puercos en un chiquero".
El pobre hombre le hizo el reconocimiento a los vecinos del lugar, quienes según dijo se han comportado a la altura, apoyándolo con ropa, catres, colchón, madera y comida.
Igualmente señaló que hay dos empresarios que le solicitaron no revelar sus nombres quienes le han colaborado enormemente e inclusive le han ayudado con los útiles y uniformes para la escuela de sus hijos.
Agregó que una vez incendiada su vivienda tenía que realizar sus necesidades fisiológicas en cualquier lugar, pues hasta este sitio había sido presa de las llamas, actualmente cuenta con una improvisada letrina hecha de zinc. Añadió que el agua la obtiene de un grifo de una empresa aledaña al que le han dado acceso para suplir sus necesidades.
El anciano quién tiene problemas de la visión y en los huesos se desplaza por su vivienda apoyado de un improvisado bastón, que no es más que un pedazo de PVC. Un tanto apenado procedió a mostrarnos su humilde hogar, que está conformado por un colchón doble donde duerme junto a su hija, en el que revoloteaban gran cantidad de moscas, un pedazo de colcha donde duerme el Junior, dos mitades de bloques y una parrilla, los que hacen la función de estufa, y que muchas veces no utilizan porque no hay para comer.
Además de un televisor blanco y negro de 12 pulgadas que no tiene sonido, sólo imagen, un banco que hace la función de silla de comedor y un mueble viejo que sirve de mesa donde se come y se estudia, un bombillo eléctrico que alumbra todo el lugar, que mide alrededor de tres metros de ancho por cuatro de largo.
"Yo soy un hombre cristiano, soy de fe y todas las noches les doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado en el día y todas las mañanas agradezco por el nuevo día y no les miento, se me salen las lágrimas, pero mis hijos me dan las fuerzas necesarias para seguir", dijo con voz entrecortada.
Fuller quien estuvo acompañado de su fiel amigo, el perro "Canelo", evidenció su preocupación ante la llegada de la estación lluviosa, pues lo poco que tiene se le mojará y lo que más le inquieta es que durante una lluvia con brisa se le vuelen las hojas de zinc que normalmente hacen la función de techo pero para este hombre y sus dos hijos además hace las veces de pared.