El poder de nuestras sociedades latinoamericanas
Como estudioso de la realidad de Latinoamérica, he procurado siempre ubicar la bibliografía científica que nos permita entender la cuestión relacionada con el Estado y el poder político y su relación con el derecho. Autores de extraordinario fuste académico, como Jurgen Habermas, Gramsci, Nicos Poutlanzas, Zavaleta Mercado, Agustín Cuevas, han abordado el tema, sin embargo el tema del poder y su relación con el derecho, por lo menos en nuestra región de Latinoamérica, sigue siendo una asignatura pendiente en el sentido de una mayor explicación histórica y orgánica del porque de la carencia de una adecuada relación de correspondencia de estos instancias de la superestructura.
En nuestra región sigue predominando esa rémora perniciosa del clientelismo político y el vicio recurrente de subalternalizar el estado de derecho a la política. Nuestros estados, que se definen como laicos, suelen apelar siempre a una cultural clerical y providencial. Nuestros pueblo, se desenvuelven con una cultura mesiánica y providencial, lo que concurre a debilitar la vida partidaria, como estructura fundamentales y necesaria de un estado que se denomine moderno. Las ideologías orgánicas o filosóficas, están ausentes, lo que hace del debate, más morbo que ideas.
Latinoamérica es historia de populismos recurrentes y de la manía constitucional. Se señala, con justa razón, que somos el continente, donde las constituciones, más que responder a necesidades objetivas y orgánicas de nuestras sociedades, han respondido a intereses de control y manipulación. ¡De donde nos viene toda esta patología, que desde el punto de vista de la política y del Estado, nos mantiene en las formas y procedimientos que corresponden a estadios de la sociedades que han precedido al capitalismo.
Con relación a estos temas, hay algunas hipótesis que tratan de explicarlas, como la que apunta a señalar, que fuimos colonizados por el país más atrasado de la Europa del siglo XIX y que la independencia, obra de caudillos, marcó la naturaleza de nuestros regímenes y estados. Lo avanzado del constitucionalismo europeo, lo mismo que de la política, se adecuó a nuestra sociedades, absorbiendo toda la patología de una región balcanizada por grupos de intereses o clanes, que convirtieron el presidencialismo en la palanca fundamental del proceso originario de capital en Latinoamérica.