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El policía de tránsito


Es un servidor público cuestionable por su desempeño irregular, no exento de contumacia. Parece no tener un conocimiento cabal de sus atribuciones, ni del reglamento, ni de las relaciones humanas. La percepción, muy engañosa, parece ser su ley fundamental. Aunque los malos agentes son minoría, dañan la imagen de todo el cuerpo. En en una sociedad en declive el mal agente no va a ser la garza del pantano.

Antes de ser autoridad debe ser un conocedor del reglamento. Siendo autoridad, el solo desconocimiento de la ley implica una violación de la misma.

Es incoherente. Ve sólo lo que quiere ver. Con ínfulas de emperador romano se acerca a la víctima para pedir la licencia. Infunde miedo, no respeto. No escucha. No admite atenuantes. Poner la boleta es su obsesión como si eso fuera su principal misión. En estos días andan desatados.

Un jurista dijo ante una sentencia injusta, al que hay que ahorcar es al juez, no al condenado.

En ocasiones una amonestación sería lo indicado, máxime si se tiene en cuenta que las infracciones son producidas por la conducta de personas con taras, o antecedentes penales, o impericia, o desconocimiento de la ley; personas con ese perfil podrían poseer la licencia que expide el sistema caótico al que el propio policía pertenece. La boleta es infame.

La administración del tránsito debe ser un servicio, no una fuente de lucro. Desde ese punto de vista la boleta es un tributo ilícito. No tiene efecto correctivo, pues la multa no educa. Pueden recaudar uno, dos, tres millones y no disminuirá el número de muertos, mutilados y daños materiales. En vez de la multa procede aplicar seminarios de capacitación, e imponer suspensiones progresivas de la licencia hasta su cancelación.

Chiriquí. 6-Sep-9. Saliendo de Paso Canoas hacia Bugaba hay una pendiente que hace que el vehículo desarrolle más velocidad que la que se le imprime. Al pie de la pendiente está estratégicamente situado el policía, libreta en mano. B/ 75.00. En todo el trayecto no hay otro agente. Otra trampa son los letreritos que dicen "Reduzca la velocidad”, sin especificar si es a 20-30--40-50-60.

La estadística de los infortunios del tránsito tolerados por sucesivos gobiernos insensibles, es aterradora. Año 2008: Más de 1,700 atropellos, más de 430 víctimas fatales, más 27,700 casos de colisiones, más de 36,700 personas involucradas en accidentes, más de 6,800 conductores detectados bajo el efecto de bebidas alcohólicas. “Ver cometer un crimen y no hacer nada por impedirlo es lo mismo que cometerlo”. José Martí.

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