El potencial minero de Panamá
LOS QUE más dinero han devengado del negocio de minas en Panamá han sido los especuladores, quienes forman una compañía con un nombre extravagante, consiguen una concesión y luego en Estados Unidos (EU) o Canadá venden las acciones utilizando para su promoción los mitos que han existido sobre grandes depósitos de minerales.
El primero en exagerar la situación de Panamá fue Cristóbal Colón, cuando le informó al Rey que en cuatro días en Panamá había visto más oro que en cuatro años en la Española. La verdad es que en ningún momento abandonó el barco porque estaba con un fuerte ataque de gota. Todo lo que vio fue los ornamentos de oro de que llevaba Quibián, el jefe indio que lo visitó en el barco. Entusiasmado envió a su hermano Bartolomé y a su hijo Hernando a tierra firme para que averiguasen dónde estaban las minas. Los indios, quienes no eran unos tontos para quitárselos de encima, les dijeron que allá lejos estaban montañas de oro. De allí nació el mito de "Castilla del Oro" que tantos sufrimientos costaron a nuestros indios, torturados por los españoles para que les mostraran los cerros donde era más el oro que la tierra y los ríos que arrastraban las enormes pepitas de oro. En Veraguas, los indios trabajaban algunas minas de placer que luego fueron explotadas por los españoles entre los años 1559 y 1589, pero eran modestos depósitos. Posteriormente se descubrieron dos yacimientos pequeños de oro de veta: Alto de la Mina, Remance y los Hatillos.
Las minas de oro más ricas descubiertas fueron las del Espíritu Santo en Darién, trabajadas entre los años 1680 y 1727, pero cuyas operaciones fueron suspendidas por orden del Rey por los frecuentes ataques de los piratas. Casi 60 años más tarde, el Rey impartió instrucciones para que se evaluaran esas minas. El informe fue presentado en 1780 y, a pesar de que la recomendación era favorable, los trabajos no se reanudaron.
Curioso es observar en ese informe donde se señala que podrían tener dificultades con los indios que tenían la creencia de que si se retiraba el oro del suelo serían castigados por los dioses. La recomendación fue "erradicar a los indios y reemplazarlos por negros esclavos traídos del África". Por otro lado, era un documento exagerado, como pudo ser comprobado luego.
A fines de los años 1800, una compañía inglesa-francesa adquirió todas las minas antiguas y recientes de placer y veta en Darién, Veraguas y Capira. En 1899 puso en producción las minas de Cana y las de Veraguas. La producción fue mermando porque poco era el oro que quedaba y en 1910 cerraron operaciones, estando al borde de la quiebra. Otra empresa, la Panama Corporation (Canada) Ltd. asumió los trabajos. Dejándose llevar por el mito realizó una alta inversión en equipo nuevo y construyeron 146 viviendas. Pronto se dieron cuenta que se trataba de yacimientos prácticamente agotados. Los equipos nuevos ni siquiera llegaron a utilizarse. Esa misma experiencia la tuvo un consorcio local con la Texas Gulf. Invirtieron varios millones de dólares en exploración. Las minas quedaron abandonadas al confirmarse que estaban agotadas. Eso en cuanto al oro.
Desde los años 50, un húngaro, Joe Zarn, había descubierto la mina de cobre de Cerro Colorado, en la división continental cerca de la cabecera del río San Félix. Estudios posteriores confirmaron que es un depósito de importancia. El gobierno panameño de entonces se asoció con una empresa extranjera y después de gastar una cantidad indeterminada de millones de dólares cayó en cuenta que no podrían competir con las minas en Chile y Zambia, que la demanda mundial es decreciente, que el precio del cobre es muy fluctuante, que se producirían serios daños ecológicos y que además que la mayoría del empleo que generaría, no era de calidad. La mina fue abandonada.
A mediados de la década del 60, la Dirección de Minas, en ese tiempo parte del Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias, llevó a cabo un proyecto conjunto con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que se denominó Proyecto Minero de Azuero. Para 1965 concluyó y los únicos yacimientos de valor comercial que se habían encontrado eran los de cobre en Cerro Petaquilla y río Botija. Se trata de un depósito pequeño de cobre asociado con molibdeno.
Recientemente se organizó una empresa que consiguió la concesión de Petaquilla y anunció que el depósito era mayor que el de Cerro Colorado y que había una gran veta de oro. Se hizo una gran propaganda. No era cierto. Las minas están abandonadas.
Para determinar si existía o no un potencial minero en Panamá no explotado, logré interesar al PNUD que ampliásemos la investigación al resto del país.
Trabajando con excelentes geólogos panameños y el resultado fue desalentador. En Chiriquí hay un depósito de bauxita que se extiende hasta Costa Rica, pero habría que remover la ciudad de David. En Colón hay un depósito de manganeso, pero muy superficial.
En el caso de hidrocarburos, poderosas empresas han taladrado el istmo de un extremo al otro, incluyendo la plataforma continental, sin éxito.
Tampoco tenemos grandes yacimientos de minerales no-metálicos. Prueba de ello es la dificultad para conseguir piedra y arena, que no sea destruyendo ríos y playas.
La evidencia hasta ahora es que Panamá, por su geología, no es un país con potencial minero, contrario a lo que se ha anunciado oficialmente en fecha reciente. Eso abre las puertas a los especuladores.
El primero en exagerar la situación de Panamá fue Cristóbal Colón, cuando le informó al Rey que en cuatro días en Panamá había visto más oro que en cuatro años en la Española. La verdad es que en ningún momento abandonó el barco porque estaba con un fuerte ataque de gota. Todo lo que vio fue los ornamentos de oro de que llevaba Quibián, el jefe indio que lo visitó en el barco. Entusiasmado envió a su hermano Bartolomé y a su hijo Hernando a tierra firme para que averiguasen dónde estaban las minas. Los indios, quienes no eran unos tontos para quitárselos de encima, les dijeron que allá lejos estaban montañas de oro. De allí nació el mito de "Castilla del Oro" que tantos sufrimientos costaron a nuestros indios, torturados por los españoles para que les mostraran los cerros donde era más el oro que la tierra y los ríos que arrastraban las enormes pepitas de oro. En Veraguas, los indios trabajaban algunas minas de placer que luego fueron explotadas por los españoles entre los años 1559 y 1589, pero eran modestos depósitos. Posteriormente se descubrieron dos yacimientos pequeños de oro de veta: Alto de la Mina, Remance y los Hatillos.
Las minas de oro más ricas descubiertas fueron las del Espíritu Santo en Darién, trabajadas entre los años 1680 y 1727, pero cuyas operaciones fueron suspendidas por orden del Rey por los frecuentes ataques de los piratas. Casi 60 años más tarde, el Rey impartió instrucciones para que se evaluaran esas minas. El informe fue presentado en 1780 y, a pesar de que la recomendación era favorable, los trabajos no se reanudaron.
Curioso es observar en ese informe donde se señala que podrían tener dificultades con los indios que tenían la creencia de que si se retiraba el oro del suelo serían castigados por los dioses. La recomendación fue "erradicar a los indios y reemplazarlos por negros esclavos traídos del África". Por otro lado, era un documento exagerado, como pudo ser comprobado luego.
A fines de los años 1800, una compañía inglesa-francesa adquirió todas las minas antiguas y recientes de placer y veta en Darién, Veraguas y Capira. En 1899 puso en producción las minas de Cana y las de Veraguas. La producción fue mermando porque poco era el oro que quedaba y en 1910 cerraron operaciones, estando al borde de la quiebra. Otra empresa, la Panama Corporation (Canada) Ltd. asumió los trabajos. Dejándose llevar por el mito realizó una alta inversión en equipo nuevo y construyeron 146 viviendas. Pronto se dieron cuenta que se trataba de yacimientos prácticamente agotados. Los equipos nuevos ni siquiera llegaron a utilizarse. Esa misma experiencia la tuvo un consorcio local con la Texas Gulf. Invirtieron varios millones de dólares en exploración. Las minas quedaron abandonadas al confirmarse que estaban agotadas. Eso en cuanto al oro.
Desde los años 50, un húngaro, Joe Zarn, había descubierto la mina de cobre de Cerro Colorado, en la división continental cerca de la cabecera del río San Félix. Estudios posteriores confirmaron que es un depósito de importancia. El gobierno panameño de entonces se asoció con una empresa extranjera y después de gastar una cantidad indeterminada de millones de dólares cayó en cuenta que no podrían competir con las minas en Chile y Zambia, que la demanda mundial es decreciente, que el precio del cobre es muy fluctuante, que se producirían serios daños ecológicos y que además que la mayoría del empleo que generaría, no era de calidad. La mina fue abandonada.
A mediados de la década del 60, la Dirección de Minas, en ese tiempo parte del Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias, llevó a cabo un proyecto conjunto con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que se denominó Proyecto Minero de Azuero. Para 1965 concluyó y los únicos yacimientos de valor comercial que se habían encontrado eran los de cobre en Cerro Petaquilla y río Botija. Se trata de un depósito pequeño de cobre asociado con molibdeno.
Recientemente se organizó una empresa que consiguió la concesión de Petaquilla y anunció que el depósito era mayor que el de Cerro Colorado y que había una gran veta de oro. Se hizo una gran propaganda. No era cierto. Las minas están abandonadas.
Para determinar si existía o no un potencial minero en Panamá no explotado, logré interesar al PNUD que ampliásemos la investigación al resto del país.
Trabajando con excelentes geólogos panameños y el resultado fue desalentador. En Chiriquí hay un depósito de bauxita que se extiende hasta Costa Rica, pero habría que remover la ciudad de David. En Colón hay un depósito de manganeso, pero muy superficial.
En el caso de hidrocarburos, poderosas empresas han taladrado el istmo de un extremo al otro, incluyendo la plataforma continental, sin éxito.
Tampoco tenemos grandes yacimientos de minerales no-metálicos. Prueba de ello es la dificultad para conseguir piedra y arena, que no sea destruyendo ríos y playas.
La evidencia hasta ahora es que Panamá, por su geología, no es un país con potencial minero, contrario a lo que se ha anunciado oficialmente en fecha reciente. Eso abre las puertas a los especuladores.