El PRD
El Partido Revolucionario Democrático (PRD), con más de medio millón de adherentes y que en las pasadas elecciones obtuvo otros tantos de miles de votos, tiene todo el derecho y más la obligación de activarse con fuerza en la vida política del país. Debemos recordar que los partidos políticos constituyen la esencia del sistema democrático de Panamá o de cualquiera otra nación.
Con motivos de sus luchas internas, producto de distintas razones, este partido que debía ser un factor de balance frente al Gobierno, no está haciendo eso. El interés de algunos de “lavar los platos en casa” no ha tenido éxito, pues la disputa interna ha traspasado a la opinión pública.
El equilibrio, en un país que cree en el sistema político democrático, requiere de una oposición seria y responsable, lamentablemente esto no sucede.
Este es un país increíble, ningún funcionario público, en muchos años, aquellos que el léxico popular llama “cocotudo”, han cometido un delito. Esto constituye un récord mundial. Esa impunidad existente colmó la paciencia del pueblo que, con sus votos y presiones, ha llevado al gobierno nacional a iniciar investigaciones para determinar los delitos que se hayan podido cometer. Por supuesto, que no debe tratarse de una “cacería de brujas”, sino actos de clara corrupción y que se den a todos los sindicados plenas garantías de un proceso judicial justo. No debe quedar la menor duda, en esas acusaciones, de que se trata de una persecución política, sino de un combate directo a la corrupción. Nada indica hasta ahora que ese sea el caso. La separación de los poderes se ha respetado. Las informaciones periodísticas sobre algunos escándalos no pueden, ni deben interpretarse como acciones del gobierno. Aquí, afortunadamente, tenemos plena libertad de expresión y estamos seguros ningún medio serio permitirá intervenciones en sus políticas.
No se puede, en el caso específico del PRD, culpar a ese partido, como institución, de los actos indebidos que pudiera cometer algunos de sus miembros abusando de la confianza y oportunidad que el partido les dio para trabajar por el país y no para delinquir. En el PRD hay muchos miembros honorables y dignos del respeto colectivo; por supuesto que también las hay “ovejas negras” y no son pocas. Es saludable que el PRD supere sus profundas diferencias internas y pueda jugar el papel que le corresponde en una sociedad con profundas convicciones democráticas.
El país y el propio gobierno ganarían mucho si existe una oposición que controle cualquier exceso que él cometa ahora y en el futuro cualquier otro gobierno.