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EL PRD no está dividido,sino mal dirigido


La ficción se hizo realidad, los sostenidos porcentajes de las encuestas fueron más que proféticos. Pero mas allá de las cavilaciones estadísticas, la mitología perrediana organizacional sólo fue suficiente para sí misma ya que, al final, su membrecía respaldó la candidatura presidencial, sin embargo, resultó deficiente para traspasar los límites de su propio entorno.

No puede argumentarse que el PRD está divido, dado que unos 540,543 electores mantuvieron su intención de voto, cifra que compara a sus adherentes. En estimación, más del 90% de sus miembros apoyó la propuesta presidencial de su partido, aunque es de pensar que un gran porcentaje no avaló la mancuerna.

Habría que concluir que la derrota electoral, que de por sí marca un hito en atención a las posibilidades reales de ganar por encima del contendor, ostentando ser el colectivo político más grande, estar en gobierno y tener todos los recursos económicos dado el crecimiento y sostenibilidad financiera del Estado; es el producto del descuido de su dirigencia, la falta de estrategias, el abandono de su institucionalidad partidista, el establecimiento de una burocracia interna hacia sus propios miembros; la envidia, egoísmo y sectarismo de unidades en el equipo de campaña que interpretaban la aportación de propuestas como competencias a sus estatus o intereses protagónicos.

En fin, un CEN que se percibió alejado y preocupado por cómo se mantenía en el poder de la cosa pública por encima de los cálculos estratégicos y tácticos pertinentes que contrarrestaran a los oponentes y convencieran a los no inscritos, falencia que pagaron también en sus propios intereses y circuitos electorales.

La gran incógnita es cuál ha de ser el principio con el que se quieran acercar de nuevo a sus bases; una desgastada moral de militancia o la dignidad de una derrota previsible militante.

101 años de Panamá América

 
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