El precio de una sociedad civilizada
Tal vez usted opine que los impuestos son excesivos, injustos e insoportables. ¿De verdad éstos sirven para algo? ¿Por qué son tan complejos y cuál es su incidencia en algunos países del orbe? En los países en desarrollo, los pobres soportan una carga tributaria desproporcionada y no son los únicos que se resisten a pagar. Una encuesta realizada en Sudáfrica reveló que muchos contribuyentes acomodados "no quieren pagar más, aunque esto suponga que las autoridades mejoren los servicios necesarios y se cree más empleos". El escritor Jayali Ghosh señaló en la revista Frontline, de la India, "con toda probabilidad, los más pobres asumen una mayor carga tributaria que los ricos y es evidente que las tasas elevadas sobre los artículos básicos crean esta desigualdad".
El OECD Observer, boletín de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, destaca que "algunos trabajadores deben entregar parte de sus ingresos al municipio, provincia, región o Estado donde residen, además de al gobierno central del país. Este es el caso de Bélgica, Canadá, Corea, España, Estados Unidos, Islandia, Japón, los países escandinavos y Suiza".
Ahora bien, ¿qué hacen los gobiernos con lo que recaudan? Hay que admitir que los mismos hacen grandes desembolsos económicos a fin de suministrar y mantener los servicios necesarios. En Francia, por ejemplo, uno de cada cuatro habitantes trabaja en el sector público, que incluye entre otros a maestros, policías, funcionarios de correos y personal de hospitales y museos. Los impuestos se utilizan para pagar sus sueldos y proporcionar carreteras, escuelas, hospitales y servicios postales y de recolección de basura, de forma satisfactoria.
En los gobiernos con maquinaria militar sus gastos son otra razón para la creación de tasas. El impuesto sobre la renta se aplicó por vez primera a los británicos ricos en 1799 para financiar la guerra contra Francia. No obstante, durante la II Guerra Mundial, también dicha tasa se le gravó a la clase obrera. Hoy día, engrasar la maquinaria militar de un país es una tarea muy costosa, incluso en tiempos de paz. El Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz, en Estocolmo, cifró el gasto militar mundial del 2000 en 798,000 millones de dólares.
Los impuestos también sirven de práctica para desincentivar determinadas conductas. Por ejemplo, se supone que las tasas sobre las bebidas alcohólicas reducen su consumo excesivo, razón por la cual en muchos países hasta el 35% del precio de venta al público de la cerveza va a parar al Estado. El tabaco también está sujeto a un fuerte gravamen. En Sudáfrica asciende del 45 al 50% del precio del paquete de cigarrillos.
Otro ejemplo de estrategia social se observó a principios del siglo XX, cuando los legisladores norteamericanos buscaban cómo evitar la formación de dinastías millonarias. Para ello crearon un impuesto sobre sucesiones, con el cual, cuando muere alguien rico, el gobierno se queda con buena parte de su patrimonio. Los defensores alegan así que "los recursos no permanecen en el entorno familiar, aristocrático, sino que reciben un uso más cívico y democrático". Tal vez sea cierto, pero los contribuyentes adinerados recurren a un sinnúmero de estrategias para pagar menos.
Lo mismo sucede con las reformas fiscales en nuestro país. Aunque, el dinero de los impuestos se emplee para sufragar diversos programas sociales, el empresario dista mucho de querer reducir "la brecha entre ricos y pobres", aunque esta frase le caiga de mal gusto a muchos de ellos y pretendan con sus arengas propagandísticas capitalistas hacernos ver lo contrario. Lamentablemente, los empresarios panameños están acostumbrados a resaltar la división entre ellos y los demás, y difieren de ser ejemplos que motiven a los ciudadanos comunes a obedecer las leyes fiscales.
Casi un tercio del sueldo que tanto cuesta ganar tiene por destino el pago de impuestos; pero con tantos recortes presupuestarios, ¿en Panamá estos impuestos sirven para algo? Nos guste o no, los impuestos forman parte de la vida y desde el inicio de la civilización los gobiernos han creado todo tipo de tributos e incluso ha desatado revueltas. Lo importante es la participación de todos pacíficamente, sin amenazas de parte de los funcionarios como lo hizo el presidente de la Asamblea de Diputados en el programa televisivo Debate Abierto.
(gemiliani@cwpanama.net)
El OECD Observer, boletín de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, destaca que "algunos trabajadores deben entregar parte de sus ingresos al municipio, provincia, región o Estado donde residen, además de al gobierno central del país. Este es el caso de Bélgica, Canadá, Corea, España, Estados Unidos, Islandia, Japón, los países escandinavos y Suiza".
Ahora bien, ¿qué hacen los gobiernos con lo que recaudan? Hay que admitir que los mismos hacen grandes desembolsos económicos a fin de suministrar y mantener los servicios necesarios. En Francia, por ejemplo, uno de cada cuatro habitantes trabaja en el sector público, que incluye entre otros a maestros, policías, funcionarios de correos y personal de hospitales y museos. Los impuestos se utilizan para pagar sus sueldos y proporcionar carreteras, escuelas, hospitales y servicios postales y de recolección de basura, de forma satisfactoria.
En los gobiernos con maquinaria militar sus gastos son otra razón para la creación de tasas. El impuesto sobre la renta se aplicó por vez primera a los británicos ricos en 1799 para financiar la guerra contra Francia. No obstante, durante la II Guerra Mundial, también dicha tasa se le gravó a la clase obrera. Hoy día, engrasar la maquinaria militar de un país es una tarea muy costosa, incluso en tiempos de paz. El Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz, en Estocolmo, cifró el gasto militar mundial del 2000 en 798,000 millones de dólares.
Los impuestos también sirven de práctica para desincentivar determinadas conductas. Por ejemplo, se supone que las tasas sobre las bebidas alcohólicas reducen su consumo excesivo, razón por la cual en muchos países hasta el 35% del precio de venta al público de la cerveza va a parar al Estado. El tabaco también está sujeto a un fuerte gravamen. En Sudáfrica asciende del 45 al 50% del precio del paquete de cigarrillos.
Otro ejemplo de estrategia social se observó a principios del siglo XX, cuando los legisladores norteamericanos buscaban cómo evitar la formación de dinastías millonarias. Para ello crearon un impuesto sobre sucesiones, con el cual, cuando muere alguien rico, el gobierno se queda con buena parte de su patrimonio. Los defensores alegan así que "los recursos no permanecen en el entorno familiar, aristocrático, sino que reciben un uso más cívico y democrático". Tal vez sea cierto, pero los contribuyentes adinerados recurren a un sinnúmero de estrategias para pagar menos.
Lo mismo sucede con las reformas fiscales en nuestro país. Aunque, el dinero de los impuestos se emplee para sufragar diversos programas sociales, el empresario dista mucho de querer reducir "la brecha entre ricos y pobres", aunque esta frase le caiga de mal gusto a muchos de ellos y pretendan con sus arengas propagandísticas capitalistas hacernos ver lo contrario. Lamentablemente, los empresarios panameños están acostumbrados a resaltar la división entre ellos y los demás, y difieren de ser ejemplos que motiven a los ciudadanos comunes a obedecer las leyes fiscales.
Casi un tercio del sueldo que tanto cuesta ganar tiene por destino el pago de impuestos; pero con tantos recortes presupuestarios, ¿en Panamá estos impuestos sirven para algo? Nos guste o no, los impuestos forman parte de la vida y desde el inicio de la civilización los gobiernos han creado todo tipo de tributos e incluso ha desatado revueltas. Lo importante es la participación de todos pacíficamente, sin amenazas de parte de los funcionarios como lo hizo el presidente de la Asamblea de Diputados en el programa televisivo Debate Abierto.
(gemiliani@cwpanama.net)