El presidente y la justicia
RAZÓN TIENE el presidente de la República, Martín Torrijos, cuando advierte que la democracia estaría en peligro si él, como mandatario, asume la facultad de ordenar detenciones y manipular investigaciones. Discrepamos con él, sin embargo, cuando agrega que el país andaría mal si el presidente opinara sobre los fallos de la Corte Suprema de Justicia, porque hay formas de hacerlo sin que implique una intromisión o amenaza a la separación de poderes.
La nuestra, como la mayoría de las democracias occidentales, opera bajo un sistema presidencialista, de clara preeminencia del Organo Ejecutivo, al punto que los mandatarios son conocidos y asumen efectivamente el papel de Jefes de Estado. Esta característica se acentúa en la práctica, en la que los presidentes ejercen un categórico liderazgo, trazando directrices y dictando pautas a seguir por los demás poderes, respetando, sin embargo, las formalidades y reglas constitucionales.
De ese modo, dentro de ese robusto presidencialismo, se espera del mandatario - por ejemplo - se impulse reformas constitucionales, propicie cambios positivos en el Legislativo y procure una Administración de Justicia sana y eficiente. Ese es parte de su deber como Jefe de Estado, aunque ha de hacerlo siempre dentro del marco constitucional.
Así las cosas, aspiramos a que el Presidente Torrijos cumpla su promesa de campaña, de adecentar y mejorar la Administración de Justicia. Y, en ese camino, puede observar dos ejemplos recientes, uno radical y otro moderado. El primero, fue el seguido por el presidente constitucional Alberto Fujimori, en Perú. Abrumado por un Organo Judicial corrupto, decidió derogarlo desde sus raíces, renovándolo íntegramente con resultados mixtos que no es propio juzgar bajo el prisma de sus errores ulteriores. El otro es del mandatario argentino, Néstor Kirshner, quien a fuerza de criticar la estructura, composición y fallos de la Corte Suprema de Justicia, forzó, expedientes en mano, - con estricto apego a la Constitución - la renuncia de tres de sus miembros y el juzgamiento de otros cuatro, contando para ello con el pleno apoyo ciudadano. El resultado es que Argentina ha vuelto a los cauces de la recuperación, el crecimiento económico y el fortalecimiento de sus instituciones; con la consiguiente paz y confianza.
Se le reinserta en la sociedad a una persona por haberla preparado para volverla a integrar en ella y que había estado acusado penalmente o desintegrado.
La palabra "empleomanía" sí existe, pero se usa erróneamente como fuente de empleo.
Empleomanía es, conforme al diccionario "Afán con que se codicia un empleo público retribuido". Tan solo eso.
En los días que vivimos en la actualidad y en que tanto se navega por Internet, escasísimas son las personas que lo hacen en un diccionario, lo cual les sería sumamente útil para hablar y escribir bien.
Conviene que quien no tiene uno, procure obtenerlo. Si lo tiene, que no lo mantenga cerrado durante mucho tiempo.
La nuestra, como la mayoría de las democracias occidentales, opera bajo un sistema presidencialista, de clara preeminencia del Organo Ejecutivo, al punto que los mandatarios son conocidos y asumen efectivamente el papel de Jefes de Estado. Esta característica se acentúa en la práctica, en la que los presidentes ejercen un categórico liderazgo, trazando directrices y dictando pautas a seguir por los demás poderes, respetando, sin embargo, las formalidades y reglas constitucionales.
De ese modo, dentro de ese robusto presidencialismo, se espera del mandatario - por ejemplo - se impulse reformas constitucionales, propicie cambios positivos en el Legislativo y procure una Administración de Justicia sana y eficiente. Ese es parte de su deber como Jefe de Estado, aunque ha de hacerlo siempre dentro del marco constitucional.
Así las cosas, aspiramos a que el Presidente Torrijos cumpla su promesa de campaña, de adecentar y mejorar la Administración de Justicia. Y, en ese camino, puede observar dos ejemplos recientes, uno radical y otro moderado. El primero, fue el seguido por el presidente constitucional Alberto Fujimori, en Perú. Abrumado por un Organo Judicial corrupto, decidió derogarlo desde sus raíces, renovándolo íntegramente con resultados mixtos que no es propio juzgar bajo el prisma de sus errores ulteriores. El otro es del mandatario argentino, Néstor Kirshner, quien a fuerza de criticar la estructura, composición y fallos de la Corte Suprema de Justicia, forzó, expedientes en mano, - con estricto apego a la Constitución - la renuncia de tres de sus miembros y el juzgamiento de otros cuatro, contando para ello con el pleno apoyo ciudadano. El resultado es que Argentina ha vuelto a los cauces de la recuperación, el crecimiento económico y el fortalecimiento de sus instituciones; con la consiguiente paz y confianza.
Se le reinserta en la sociedad a una persona por haberla preparado para volverla a integrar en ella y que había estado acusado penalmente o desintegrado.
La palabra "empleomanía" sí existe, pero se usa erróneamente como fuente de empleo.
Empleomanía es, conforme al diccionario "Afán con que se codicia un empleo público retribuido". Tan solo eso.
En los días que vivimos en la actualidad y en que tanto se navega por Internet, escasísimas son las personas que lo hacen en un diccionario, lo cual les sería sumamente útil para hablar y escribir bien.
Conviene que quien no tiene uno, procure obtenerlo. Si lo tiene, que no lo mantenga cerrado durante mucho tiempo.